FICHA TÉCNICA



Título obra Yepeto

Autoría Roberto Cossa

Dirección Omar Grasso

Elenco Ulises Dumont, Gustavo Luppi

Espacios teatrales Teatro Ciudadela

Referencia Bruno Bert, “Pan y circo. Yepeto”, en Tiempo Libre, 25 julio 1991, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Pan y circo
Yepeto

Bruno Bert

Los nombres del autor —Roberto Cossa— el director Omar Grasso— y del principal de los actores —Ulises Dumont—, son ampliamente conocidos en la escena rioplatense por una actividad continuada y de calidad casi siempre sostenida en los últimos treinta años. Tiempo nada desdeñable teatralmente hablando. Estos artistas constituyen el núcleo de la representación argentina al Tercer Gran Festival de la Ciudad, vinculados alrededor de la obra Yepeto que ya hubiera sido invitada al Festival Internacional Cervantino de hace un par de años y cancelada a último momento. Efectivamente, la obra fue montada en el 87 y desde entonces no sólo ha sido premiada en Buenos Aires, sino que ha recorrido varios países siempre con buena fortuna tanto de público como de crítica.

Podríamos decir que se trata de un producto típico del teatro porteño porque contiene todos los elementos que le son característicos y que le han dado fama internacional: el naturalismo en el manejo de los actores, un realismo un tanto mágico en la construcción escénica, el gusto hacia lo intimista con toques alternados de ironía y melodramatismo, el placer por el debate intelectual confrontado y relacionado íntimamente con una posición espontaneista y directa; la evocación de un cierto machismo aunque en este caso muy soslayado y, en última instancia, un triángulo amoroso que puede dibujar en un esfumado de fondo las reiteraciones temáticas de algunas músicas populares, como el tango.

La anécdota es muy simple: la aparente competencia amorosa de un cincuentón profesor de literatura y un veinteañero deportista por una misma muchacha de 17 años, alumna del primero y pareja del segundo. Es el encuentro reiterado de estos dos hombres —la mujer es sólo una evocación sin palabras que deambula en el escenario trenzando escenas— que nace en la agresión y termina en la ternura, permite sobrevolar en una doble visión generacional los temas de la creación, del valor de las edades, de la competencia, de los miedos a la muerte y a la esterilidad con un algo que recuerda así sea someramente algunos núcleos de Visconti desarrollara en una película como Muerte en Venecia, sin homosexualidad de por medio y con preocupaciones y lenguajes que naturalmente corresponden a la Argentina de hoy.

Como obra literaria creo que le corresponde el adjetivo que el profesor admite no muy gustosamente para sí de una crítica del periódico, algo como un "interesante estratega del lenguaje". Porque posee todos los recursos capaces de mantener la atención y el interés empático del público, una buena dosis de humor y más de una frase inteligente sobre temas que a todos nos importan pero que han sido especialmente captados para la idiosincrasia argentina que se reconoce de inmediato a partir de infinitas señales que le son propias y se hallan plenamente incorporadas al trabajo. Tiene todo esto pero no supera, y si nos atenemos a los parámetros del profesor —que tal vez parcialmente sean los del mismo Cossa— haría falta un plus para hallarnos dentro de una materia artísticamente valiosa y no sólo interesante por el nivel de agudeza utilizado. Claro que esto no sólo no descalifica a la obra sino que incluso habla bien de ella, sobre todo en su innegable capacidad de transmisión con cualidades empáticas. Simplemente la separa de algunos elogios excesivos y desmedidos que estuvieron circulando en los momentos anteriores a la llegada.

Un punto muy a favor es el montaje y la actuación. El primero propone un espacio fluido donde no sólo coexisten escenográficamente elementos de distintos ámbitos (un par de bares y el dormitorio del profesor) sino que se los cruza y utiliza en forma simultánea no permitiendo de esta forma la fijación en ninguno aunque se intuya donde se hallan en cada momento. Esto permite un juego de tiempo-espacio sutil y simple simultáneamente, que se aferra a un ritmo que para nosotros puede incluso resultar excesivo pero que es el soporte de toda la puesta. Siento que el director juega con sus elementos de lenguaje, las problemáticas que el autor hace debatir en escena en relación a la creación, probando el valor de la imágenes y recreando constantemente alternativas para una proposición autora) que de ser tomada con menor vuelo seguramente se volvería estática.

En cuanto a los actores, es claro que Ulises Dumont se lleva las palmas, pero Gustavo Luppi construye con mucha eficacia a su deportista y el duelo es de buena ley, con pequeñas caídas para ambos (los llantos alrededor de la cama) en un combate actoral por lo demás sumamente disfrutable. Es posible que para el escucha local algunas palabras resulten contradictorias o incomprensibles porque el lenguaje es sumamente localista, pero esto no quita el interés global que la obra despierta como representación de un país y de un tipo de teatro que aquí está hecho con los mejores niveles de calidad, sin llegar sin embargo a las alturas de otros trabajos que hemos visto dentro de la misma línea.

Escena de Yepeto, autor y director Omar Grasso, Teatro Ciudadela (Plaza Tresguerras 9, Centro); jueves 25 y viernes 26 (20:30); sábado 27 (19:00) y domingo 28 de julio (18:X horas) Fotografía de Luis Fernando Moguel.