FICHA TÉCNICA



Título obra Cartas de amor

Autoría Albert Ramsdell Gurney

Dirección Susana Alexander

Elenco Angélica Aragón, Héctor Bonilla, Diana Bracho, Fernando Balzaretti, Susana Alexander, Frank Moro

Espacios teatrales Teatro Helénico

Referencia Bruno Bert, “Amor correspondido”, en Tiempo Libre, 11 julio 1991, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Amor correspondido

Bruno Bert

Bajo la dirección de Susana Alexander, acaba de estrenarse en el teatro Helénico la obra Cartas de amor de A. R. Gurney. Inmediatamente me recordó una vieja puesta que viera en otro país hacia mediados de los sesenta. Me refiero a Mi querido mentiroso, la teatralización de las cartas de Patrice Cambell con J. Bernard Shaw. Aquella correspondencia era real (de hecho tenía en mi biblioteca el grueso tomo que las compendiaba), producto de cuarenta años de amistad, camaradería y también un particular tipo de amor. Había sido montada simplemente diseñando dos espacios con dos sillones y dos mesitas ratonas que eran ocupados por los interlocutores epistolares que jamás concordaban en escena en un verdadero encuentro.

Sólo dos voces, réplicas cargadas de emociones, ironía, recuerdos y por supuesto todo el talento de aquellas personas que uno aprendía a querer a través de las cartas, si no había tenido antes oportunidad de leer sobre la vida de la actriz o las obras mismas del prolífico escritor inglés. Es casi imposible pensar que en esta puesta no haya ninguna influencia de aquella, aunque todo puede ser ya que no he visto la versión mexicana. Pero de hecho las soluciones escénicas son prácticamente las mismas, con igual efectividad a partir de un similar tipo de actores. Tengo que admitir, sin embargo, que la calidad del material literario no se me hace homologable. De hecho esto es una obra de teatro, mientras que aquello era un trozo mismo de la vida de dos grandes que además sabían escribir como los dioses. Aquí se construye una relación a partir de las cartas. Allá las cartas dan cuenta de una relación que existe más allá de la literatura. No, no quiero decir que la vida es más interesante que la literatura. Muchas veces es lo contrario, porque ésta es arte y por ende una reflexión, en este caso en palabras, pero palabras que contienen una estética además de una ética de planteo, sobre la vida; mientras que esta última suele ser un devenir no necesariamente interesante si no sabemos presentarla o vivirla como tal. No, lo que intento expresar es que la vida de B.S y P.C. tal como ellos supieron compartirla a través de sus cartas, era mucho más interesante y rica que esta relación ficticia entre dos personajes imaginarios creados para ser reflejados en estas cartas de amor. Y no es que Cartas de amor sea mala, sino simplemente que la estoy confrontando, por su similitud temática y escénica, con un material imponderablemente más rico en sugerencias.

Tal vez lo justo sería tomarla en sí misma, con sus valores, sin comparaciones de esta índole. En ese caso resultaría bastante amena, con una cotidianidad bien manejada, sin excesos de repeticiones, tratando de huir de los lugares comunes aunque frecuentando los que son normales a una correspondencia entre un hombre y una mujer. Narra además una historia escueta, sin demasiadas melosidades, descartando asimismo el melodrama e incluso el recurso del final feliz, aunque tenga su toque emocional de cierre a la altura de aquello que el espectador puede esperar a nivel de clima o tiempo emotivo. Lo que aquí se echa de menos es la riqueza, no la falta de amenidad; el vuelo poético y la profundidad de pensamiento, y no la ausencia de ritmo y un cierto oficio en la narración "espontánea".

En realidad, lo más interesante y valioso se halla en manos de los actores y la dirección, y no necesariamente del texto. Para comprobar esto basta pensar que tenemos frente a nosotros a dos actores inmovilizados en sendos sillones durante dos horas. Y son los únicos focos de atención. Susana Alexander, como directora, ha pensado que esta experiencia de dos sea rotativa durante la temporada. Así, comienzan Angélica Aragón con Héctor Bonilla, les seguirán, desde mediados de julio Diana Bracho con Fernando Balzaretti para cerrar finalmente con la misma Susana Alexander acompañada por Frank Moro. Tal vez haya espectadores que deseen repetir el plato en condiciones tan particulares. De todas maneras, los dos primeros han manejado con mucha soltura y su estilo habitual esas dos peligrosas horas de quietud llevando de la mano nuestra atención sin peligros de sobresalto. Quienes gustan de los recursos de estos conocidos actores se encontrarán en su salsa con una buena participación de la dirección dentro de la misma línea. La virtud de una convención sin sobresaltos.

Angélica Aragón protagoniza Cartas de amor, de A.R. Gurney, dirección Susana Alexander, Teatro Helénico (Avenida Revolución 15W, San Angel, 550-2722); jueves y viernes (20:30); sábado (19:00 y 21:00); domingo (18:00 horas).