FICHA TÉCNICA



Título obra La caprichosa vida

Autoría Emilio Carballido

Dirección Ricardo Ramírez Carnero

Elenco Zaide Silvia Gutiérrez, Tere Valenzuela, Manuel Villalpando

Escenografía Jorge Reyna

Iluminación Jorge Reyna

Vestuario Jorge Reyna

Espacios teatrales Teatro Wilberto Cantón

Referencia Bruno Bert, “Caprichosa la vida”, en Tiempo Libre, 4 julio 1991, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Caprichosa la vida

Bruno Bert

Emilio Carballido es uno de nuestros autores más prolíficos, pero hacía tiempo que no veía nada suyo en los escenarios. Ahora, en el teatro Wilberto Cantón, acaba de estrenar La caprichosa vida, bajo la dirección de Ricardo Ramírez Carnero, que si mal no recuerdo también está preparando otro material de igual procedencia a presentarse próximamente en el Festival de la Ciudad. Al parecer se trata de una obra de encargo; no de las que los productores pagan por anticipado, sino la que los amigos, alumnos o admiradores piden en iguales condiciones. En este caso la solicitud partió de Zaide Silvia Gutiérrez, "brillante alumna (de Carballido, claro) en un taller de composición dramática de la UNAM", y está estructurada justamente para el lucimiento de la actriz en una composición que vendría a ser un cuasi monólogo con objetos y muñecos.

Temáticamente narra las desventuras de una muchacha que luego de variadas alternativas emocionales y sociales termina como mucama y niñera de un matrimonio burgués con siete hijos. Ella es la narradora de su propia historia, a la que utiliza, con algunos toques "galácticos", para distraer una noche a los niños a su cargo mientras se empina un par de botellas de los patrones y se disfraza con la ropa de la señora.

Jorge Reyna, encargado de la escenografía, el vestuario y la iluminación, comparte el espacio con estructuras móviles, eliminando cualquier intención naturalista, poniendo en evidencia el juego escénico como lo haría, por ejemplo Franca Rame (la esposa de Dario Fo) en algunos de sus monólogos, que bordean instrucciones y formas artísticas similares.

Aunque sin embargo, la vertiente de denuncia queda amortiguada en la prioritarización de las distintas posibilidades histriónicas de la actriz, lo que en algunos casos agiliza el material y en otros en cambio, lo superficializa volviéndolo demasiado epidérmico y un tantín complaciente. El trabajo de Zaide Silvia Gutiérrez (actriz recientemente premiada por su desempeño en Los negros pájaros del adiós) es fluido, dinámico, con claros ribetes fársicos que maneja muy bien; pero, en definitiva, nada emerge de un tono medio que vuelve a todo el trabajo algo poco memorable en la carrera de cada uno de sus responsables. Sólo un eslabón decoroso y nada más.

En lo que hace a Carballido porque la obra muestra más una inversión de oficio que de talento. Y no porque esto último le falte en muchos otros de sus trabajos, sino justamente por lo contrario: lo que se tiene se confronta advirtiéndose fácilmente los lugares donde se halla ausente. Aquí hay una cierta destreza, un algo de habilidad y el oficio antes mencionado... tal vez haya que esperar a Los esclavos de Estambul para reencontrar la garra del escritor con ambición e ingenio. Y tal vez pase lo mismo con el director, ya que siguió en forma simultánea y paralela la línea de los dos montajes.

Creo que las inversiones de tiempo y materia gris, fueron proporcionales tanto en el autor como en el director, y lo dicho para uno tal vez valga también para el otro. Y digo sólo tal vez porque sería obvio marcar diferencias de historial entre ambos y aquí sí que no tengo parámetros a la mano, pero sí resultados a la vista, con algunas aportaciones ingeniosas y un trazo correcto que sin embargo no termina de elevar el espectáculo por sobre un medio bastante modesto. Los muñecos intervinientes, de Tere Valenzuela y Manuel Villalpando (que además de manipularlos asumen otros dos pequeños personajes como actores) se vuelven una presencia interesante que quizás habría podido explotarse más si no hubiera como un temor de competencia con la actriz narradora. Así como están quedan en ese simpático gris de fondo que no daña ni premia, similar a todo el resto. Bueno, a veces salimos arrepentidos de habernos acercado a un espectáculo, no es el caso de La caprichosa vida todo es ir, ver, tal vez reír y muy pronto olvidar.

Zaide Silvia Gutiérrez en La caprichosa vida, de Emilio Carballido, dirección Ricardo Ramírez Carnero, Teatro Wilberto Cantón (José María Velasco 59, San José Insurgentes); jueves y viernes (20:30); sábado (19:00 y 21:00); domingo (18:00 y 20:00 horas) Fotografías de Luis Fernando Moguel.