FICHA TÉCNICA



Título obra Sexo, pudor y lágrimas

Autoría Antonio Serrano

Dirección Antonio Serrano

Elenco Luis Miguel Lombana, Cristina Michaus, Álvaro Guerrero, Claudia Lobo, Daniel Giménez Cacho, Monserrat Ontiveros

Escenografía Carlos Trejo

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Bruno Bert, “Sexo, pudor y lágrimas”, en Tiempo Libre, 20 junio 1991, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Sexo, pudor y lágrimas

Bruno Bert

Decíamos no hace mucho tiempo que no son los géneros ni los temas abordados los que pueden determinar la calidad de un espectáculo, sino más bien el talento y la seriedad de los que los asumen. Nos estábamos refiriendo al montaje de una comedia sobre la pareja y la sexualidad, que había avanzado sobre caminos notoriamente trillados. Hoy viene a cuento en relación con otro material que, compartiendo el tema, se muestra sin embargo dentro de un campo expresivo infinitamente más rico. Me refiero a Sexo, pudor y lágrimas, de Antonio Serrano, que se está dando en El Galeón, bajo la dirección de él mismo.

De este autor y director podemos recrear una puesta muy interesante, que sucediera hace dos o tres años en los espacios comerciales del Hotel de México: Doble cara, que tuvo una interesante repercusión tanto de prensa como de público. Su estilo, absolutamente heterodoxo, pero con una gran carga de creatividad, se mantiene en esta puesta, aunque espacio y estructuras hayan cambiado. Aquí trabaja sobre un escenario a la italiana, aunque haya entradas y salidas de actores por platea, pero conserva el gusto por la división muy neta de planos y la velocidad de un ritmo que pareciera tener que ver con cierta música de jazz.

Temáticamente encara los problemas relacionales de dos parejas cuyas contradicciones entran en crisis a partir de la llegada de un tercero, formando dos triángulos que sufren distintas recombinaciones durante el transcurso del espectáculo.

Como vemos, argumentalmente elige lo que ya se ha planteado mil veces: los conflictos sexuales y vivenciales de la clase media. Pero allí está en este caso el talento de Serrano para hallar variables que vuelven interesante y atrayente lo que tal vez otra mano no habría podido elevar de lo rutinario y convencional. Y en esto es sumamente importante la labor combinada del autor y director. Quiero decir que a un texto ágil y desenfadado corresponde un manejo de espacio y actores con iguales características.

El planteo escenográfico, de Carlos Trejo, colabora muy eficazmente: un espacio blanco, uniforme y desnudo que, utilizado simultáneamente, marca sin embargo dos lugares distintos y contiguos, como son los dos departamentos de los protagonistas. Las líneas de este dibujo parecen simples, pero son manejadas con extrema habilidad y con un complejo trazado que pone paralelismo u oposiciones constantes entre el espacio, los cuerpos y el texto, según se van dando las circunstancias. No hay más elementos de utilería que cuatro valijas iguales y dos grandes colchones matrimoniales. Todo en blanco. Este blanco sobre blanco cubre aquí una doble función estética y conceptual que resulta sumamente interesante por la unidad que logra, la ironía que destila y los resultados que obtiene. Y en esto no podemos, obviamente, dejar de lado la importancia de los actores Luis Miguel Lombana, Cristina Michaus, Álvaro Guerrero, Claudia Lobo, Daniel Giménez Cacho y Monserrat Ontiveros que, con algunas diferencias, asumen el trabajo en forma muy sólida, con un manejo de los lugares comunes del cuerpo y los textos capaces de renovarlos con una frescura que vuelve atrayentes momentos —como en el caso de los desnudos— sumamente vulnerables, teatralmente hablando.

Ahora bien, hay como dos partes muy claras que constituyen cada uno de los actos de la obra. Si el sexo está sobre todo en la primera y el pudor nunca, o en ambas (según como se lo mire), a las lágrimas les corresponde el segundo acto. Y en esto hay una caída. El cierre de la primera parte es brillante y deja una imagen de renovación, de agilidad, de mucho oxígeno para la vista y el pensamiento. En el segundo tramo, en cambio, hay un exceso de teorización que traba la movilidad del desenvolvimiento. Claro que no llega a destruir lo ya logrado ni carece de partes muy ricas —como la danza de los derviches, por ejemplo—, que se ensamblan como lo veníamos viendo, pero está como lastrado por la necesidad de generar distintas alternativas de cierre con sus fundamentaciones correspondientes. Creo que aquí, el director tuvo que cargar con un autor no demasiado seguro con lo que estaba haciendo, con una sobresaturación de situaciones éticas de las que está libre lo mejor del material.

De todas maneras, Sexo, pudor y lágrimas, aun con un cierto dejo de complacencia decadentista en relación con la clase media, muestra a un equipo talentoso, capaz de unir humor y reflexión tanto sobre el tema abordado, como sobre las herramientas teatrales que utiliza. No son pocos logros para una sola obra.

Claudia Lobo, Monserrat Ontiveros y Cristina Michaus en Sexo, pudor y lágrimas, autor y director Antonio Serrano, Teatro El Galeón (Unidad Artística y Cultural del Bosque); jueves y viernes (20:30); sábado (19:00) y domingo (18.-00 horas).