FICHA TÉCNICA



Título obra Breve sueño

Autoría Cecilia Lemus

Dirección Nina Serratos

Elenco Arturo Reyes, Claudia Rios

Espacios teatrales Hospital de Jesús

Referencia Bruno Bert, “¡Qué el sueño es vida!”, en Tiempo Libre, 13 junio 1991, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¡Qué el sueño es vida!

Bruno Bert

En el Hospital de Jesús, lugar según parece donde se encontraron por primera vez Hernán Cortés y Moctezuma, acaba de estrenarse un espectáculo teatral que recibe por nombre Breve sueño, con textos de Cecilia Lemus y puesta en escena de Nina Serratos. Me interesa especialmente porque comparte puntos con ciertas concepciones personales que he trabajado reiteradamente en teatro: es para lugares abiertos, exige desplazamientos por parte del público, utiliza las estructuras y espacios arquitectónicos resignificándolos, es esencialmente visual, se utilizan música y canciones que los actores interpretan en vivo, tiene una cierta semblanza medioeval... en fin, toda una serie de elementos que me son particularmente afines y que tengo pocas oportunidades, dentro de nuestro medio, de confrontar con otros directores en forma, digamos, tan globalizadora.

Dentro de la gama de lo que considero aciertos está el clima logrado, la belleza de ciertas imágenes, la forma de utilizar los espacios arquitectónicos, el uso de maquillajes, algunos de los trajes, el valor de la música, algunos efectos, la brevedad del trabajo y la capacidad de captación de la atención del público. Como podemos ver, no son pocas las partes que resultan atractivas de este Breve sueño dedicado por su autora a Esther Seligson. Lo demás son elementos para la reflexión. Por ejemplo: viendo el trabajo de los cuerpos más que nunca se apetece la precisión. Naturalmente las acciones y movimientos están marcados, pero lo preciso del gesto no es sólo la limpieza en el dibujo, sino también una determinada retención de energía que prolonga la línea de las acciones así cuando se detengan en el espacio y genera el asombro o la sorpresa en el momento de realizarse. Cada uno de los fragmentos es como un ideograma que transporta limpiamente mi atención y genera una posibilidad de lectura paralela a la que intelectualmente pueda realizar por encadenamiento de conceptos. A mayor imprecisión le corresponde también una pérdida considerable de acotaciones a la mirada del espectador y una baja notoria de temperatura en el proceso que se observa.

Esto es válido sobre todo en los personajes de la princesa y el bufón, mientras que en los demás tal vez enriquecería su trabajo una mayor presencia física en el caso de los cantantes (su estar en este momento pasa sobre todo por la voz y los trajes) y una mayor profundización en los gestos de ritualización tanto en éstos como en los restantes roles para que no queden como simple ornato dentro de la puesta.

Otro factor llamativo es el maltrato de las ropas en algunas escenas: bellos zapatos de punta al estilo siglo XIV y XV raspados y doblados, trajes de terciopelo arrastrados sobre cemento u otros despeñados por las escaleras con las consecuencias lógicas del caso. En lo personal siempre he sentido que el vestuario, además de su función estética y expresiva, es el nexo entre el actor y el espacio: su maltrato resulta como una incapacidad de comunicación fluida entre ese interno-externo que son las acciones del actor. Por supuesto que puede existir la destrucción de un determinado elemento, pero porque se elige el quiebre deliberado y absolutamente limpio, como una fina copa de cristal estrellada adrede luego de su valorización con el mejor vino. El cómo resolver que el vestuario no quede en andrajos a la décima función es no sólo encontrar soluciones prácticas de producción sino esencialmente explorar carriles técnicos expresivos que se conectan con el punto tratado anteriormente.

Por último está el problema de los textos, en el sentido de su apropiación por parte de los actores. Generalmente en estos trabajos la voz adquiere un valor distinto al tradicional en la transmisión de conceptos, escapa al naturalismo, la expande en otra variable de tonos. Aquí se la trabaja bajo esa línea pero las soluciones no son totalmente satisfactorias: las ideas transmitidas se nos escapan en muchas oportunidades, la modulación se fija y vuelve monótona en largos segmentos y en general nos interesa bastante poco lo que se dice, no tanto por el valor de los textos como por la forma en que éstos nos son expuestos. El cómo incorporar la partitura vocal a este tipo de espectáculos es toda una cantera de preguntas a probar en el espacio mismo.

Bueno, tengo que admitir al lector que me he permitido un diálogo un tanto técnico con la dirección del trabajo, pero si esto ha sucedido es porque, evidentemente, el mismo me ha interesado, y las posibles dificultades que puedo encontrar en él pueden ser como estímulos en el proceso creador de quienes lo realizaron para ampliar horizontes expresivos, para responder a interrogantes que hacen a este tipo de lenguaje teatral. Breve sueño es una reflexión sobre el amor, por gente que además, obviamente, ama el teatro y en este sentimiento siempre existe el espacio de la reflexión para perfeccionar el encuentro con ese gran seductor que es el público.

Arturo Reyes y Claudia Ríos en Breve sueño, de Cecilia Lemas, dirección Nina Serratos, Hospital de Jesús (Avenida 20 de Noviembre 82, Centro); viernes (20:00); sábado y domingo (19:00 horas).