FICHA TÉCNICA



Título obra María Magdalena, el inútil combate

Notas de autoría Basada en Fuegos, de Marguerite Yourcenar

Dirección José Enrique Gorlero

Elenco Mónica Serna, Ramiro Huerta

Escenografía Arturo Nava

Iluminación Arturo Nava

Música Eduardo Gamboa

Espacios teatrales Sótano del Teatro Carlos Lazo

Referencia Bruno Bert, “El inútil combate”, en Tiempo Libre, 6 junio 1991, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El inútil combate

Bruno Bert

Los textos de Marguerite Yourcenar tienen la capacidad de crear un mundo conceptual al mismo tiempo preciso y poético. Aquí justeza no es sinónimo de sequedad sino, por el contrario, de profunda incitación con cánones que recuerdan de alguna manera a la belleza clásica. Y así, sensualidad y ascetismo, rigor intelectual y placer por lo cotidiano, se unen resumiendo un mundo profundamente contemporáneo y al mismo tiempo, portador del eco de anteriores y variadas épocas históricas con sus estéticas, su particular búsqueda de Dios y el roce siempre presente de la piel y los sentidos de aquellos que nos precedieron en el oficio aterrador y fascinante de vivir.

Adaptar uno de sus materiales es competir con la grana de su pensamiento y la habilidad de su estilo. No es fácil pocas veces resulta logrado. El material que trataremos hoy es una excepción en la que la dramaturga Coral Aguirre logra mimetizar al extremo de hacer indiferenciables sus palabras de aquellas que pertenecen a la escritora belga de habla francesa.

Estoy hablando de María Magdalena, el inútil combate, una obra que acaba de estrenarse en el teatro Carlos Lazo, bajo la dirección de José Enrique Gorlero. El material escenificado toma la imagen de María Magdalena, sirviéndose de ciertos agregados que se hallan en los evangelios apócrifos y que hacen de ésta, además de la hermana de Martha y Lázaro, la esposa de Juan el evangelista y la primera que ve a Jesús resucitado. Es decir que reúne a tres personajes distintos de los evangelios canónicos (las tres Marías, independientemente de la madre de Cristo), que la tradición también ha tendido a fundir en una sola persona.

La acción no sucede en los espacios clásicos, sino que se traslada a una zona portuaria en la década del treinta, en este siglo. Allí vemos a la mujer de Magda la acompañada por un ángel, en una brumosa mañana, en la que ella prepara, material y simbólicamente, la comida para los hombres y repite una historia que ya tiene dos milenios: es la voluntad de Dios que la ha perpetuado en el tiempo para que sirva de testimonio de su arrepentimiento y de su amor. Esto podría darnos la imagen de una obra pía, salvacionista y, tal vez un tanto didáctica y aburrida. Nada más lejos de la realidad, porque el discurso se vuelve encendido, teatral, nada ortodoxo en su concepción, con una gran belleza textual y una variable de lecturas que lo hacen interesante aun para aquellos que pueden manejarse fuera del ámbito de la fe cristiana.

Esta multiplicidad de interpretaciones posibles están encarnadas no sólo en las palabras sino también en la puesta de Gorlero, interesado siempre en el tema de la sensualidad y los laberínticos caminos del amor (podríamos nombrar varias puestas suyas como variaciones muy diversas sobre este mismo tema). Aquí cuenta, como en otros trabajos, con el apoyo de Arturo Nava como escenógrafo e iluminador, que ha sabido recrear muy sugestiva y eficazmente el ámbito, a la vez real y alegórico, del puerto, apoyado además por la excelente partitura de Eduardo Gamboa. El director muestra un afinado manejo de los dos únicos actores en una puesta de claro trazo en la que casi se ha librado de los barroquismos que le viéramos en otros trabajos. Tal vez cabría una utilización mayor del espacio que se nos presenta, incluso como una mayor encarnación del ámbito; pero esto no es un demérito del montaje, sino más bien una apetencia que se da frente a la sugestión de lo que se nos ofrece. En última instancia, las líneas limpias y ajustadas que contienen los desplazamientos actorales hacen parte de una prolongación de los contenidos textuales, que ya habíamos definido sobre esas características.

La Magdalena está asumida por Mónica Serna, que ya trabajara con Gorlero en un montaje unipersonal que se llamó Mujer como trigal, por lo que puede hablarse de un equipo. Su labor, en lo que prácticamente es un monólogo, recupera con energía las distintas alternativas del personaje, que exige variados momentos y matices. Hay posiblemente un problema de acústica en el teatro (tal vez por el tipo de aforamiento de esta puesta) que dificulta la claridad de su dicción. Y pensamos que sea el teatro porque conocemos su voz y capacidad de proyección. Vemos, a lo largo del proceso, a la mística, a la pecadora, a la muchacha ingenua e incluso a la mujer cansada y casi vieja que viene arrastrando por siglos el penoso honor de ser la elegida de Dios. El papel del ángel, a cargo de Ramiro Huerta, resulta una pálida contraparte de la actriz y pensamos que podría llegar a mejorar su presencia que sólo por momentos se hace realmente interesante.

En definitiva, una puesta muy disfrutable con un texto de gran calidad.

Mónica Sema y Ramiro Huerta en María Magdalena, el inútil combate, basada en Fuegos de Marguerite Yourcenar, dirección José Enrique Gorlero, Sótano del Teatro Carlos Lazo (Circuito Interior CU, Facultad de Arquitectura); jueves a domingo (20:30 horas).