FICHA TÉCNICA



Título obra Los girasoles

Autoría Guido Cantini

Notas de autoría Salvador Novo / traducción

Dirección Salvador Novo

Elenco Rosa María Moreno, Carlos Bribiesca, Mario Orea, Raúl Dantés

Escenografía Julio Prieto

Grupos y compañías Alumnos de la Escuela de Arte Teatral del INBA

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Eventos Temporada de Teatro Universal

Referencia Armando de Maria y Campos, “Los girasoles de Guido Cantini interpretada por alumnos de la escuela dramática del Instituto Nacional de Bellas Artes”, en Novedades, 31 mayo 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Los girasoles de Guido Cantini interpretada por alumnos de la escuela dramática del Instituto Nacional de Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

El criterio más ecléctico y la visión más amplia y, por esto, dispersa, parecen presidir el programa de teatro universal que a partir de 1948 viene desarrollando, en el teatro del Palacio de las Bellas Artes, el Instituto Nacional de Bellas Artes. Una simple revisión a los ejemplos, casos, o muestras de lo que es esta temporada de teatro de todos los países que pueden tenerlo basta y sobra para revelar que se han querido utilizar obras de todas las épocas y de todos los estilos como representativas, sin faltar la adaptación de una novela mexicana para lograr un ejemplo de teatro nuestro, a saber: Antígona de Jean Anouilh, del teatro francés; Como la primavera de Jerome Chodorov; como una muestra del teatro norteamericano moderno; Judith de Hebbel, para representar el teatro alemán; El sueño de una noche de verano de Shakespeare, como ejemplo del teatro inglés; Astucia versión escénica de Salvador Novo de la novela de Luis G. Inclán, por el teatro mexicano; y Don Juan Tenorio de Zorrilla como ejemplo romántico del teatro español, por lo que se refiere al año 1948. En el año actual el ciclo de teatro universal se reanudó al celebrarse el centenario de [Juan] Augusto Strindberg con el estreno de la primera parte (tres actos) de su comedia en siete actos La danza macabra, como ejemplo de teatro sueco; en febrero se ofreció una obra de teatro mexicano, Camino real de Ricardo Parada León y, finalmente, en marzo y abril, con una ambición que rebasó las posibilidades de los intérpretes del INBA, el inmarcesible Romeo y Julieta de Shakespeare. Con Los girasoles de Guido Cantini (muerto en 1946) se pretende dar ahora un ejemplo de teatro italiano, y se ha hecho hincapié en que esa obra de Cantini, estrenada en 1939, en Roma, por la compañía Renzio-Ricci, está de este lado de Pirandello, porque, como se sabe, el autor de Seis personajes en busca de autor marca un equinoccio en el teatro italiano, o significa la "era de Pirandello"; es decir que hay teatro antes de Pirandello, el teatro de Pirandello, y un teatro después de Pirandello, teoría un poco artificial, porque contemporáneamente a Pirandello, que indudablemente creó una escena, hicieron florecer el teatro italiano autores tan personales como Nicodemi, Sen Benelli Bomtempelli, Gino Roca, Orio Vergani, Stefano Landi, F.M. Martini, César G. Viola, Vico Ludovichi, Guillermo Zorzi, Leo Ferrero; en el aspecto de teatro experimental, Antonio Julio Braglaglia; y ya más recientemente, Conrado Alvaro, Luigi Bonelli-Cetov, Antonio Anianti y Prieto Solari. Guido Cantini, que empezó a estrenar cuando Pirandello aun alentaba como hombre y como creador, es autor de copiosa obra y sus Girasoles tal vez no sea su comedia representativa. Sin embargo es una pieza construida con una limpia y sobria arquitectura, y con un sentido del teatro tan fresco y claro, que aun utilizando materiales de construcción tan viejos como el triángulo amoroso, logra componer tres actos que dan la impresión de modernidad absoluta, como una tela rica y fina, sabiamente envuelta en el torso magnífico de una mujer, logra hacer de ésta una silueta nueva o aparentemente distinta.

Los girasoles es una comedia de costumbres con sus holanes melodramáticos, que puede desarrollarse bajo cualquier cielo y en cualquier clima; no es pues, teatro italiano propiamente. Italia tiene un teatro un tanto peninsular, sin características definidas, como no sea que se trate de piezas regionales: napolitanas, sicilianas. Desde Bracco hasta Nicodemi, pasando por Chiarelli, el teatro italiano es teatro europeo, menos frívolo, en ocasiones, que el francés, sin el humor del inglés, sin las características apasionadas y cosmopolitas del español de Benavente o descoyuntadas de los astrakanistas iberos. El teatro italiano lo hicieron y lo siguen haciendo, los intérpretes italianos. Se recuerdan en México las no muy recientes, pero no tan lejanas, temporadas de teatro italiano de Ruggiero Ruggieri, de Carolina Civili, antes de éste, de Lydia Borelli o de Tina di Lorenzo, más recientemente, hasta las de Mimí Aguglia, por sus intérpretes. La enemiga o La sombra de Nicodemi, tan representadas en castellano, lo son más por el tema o por la ocasión que dan al lucimiento a sus intérpretes. Así, éstos Girasoles de Cantini, que en Roma fueron un éxito para la pareja Renzio-Ricci.

Es evidente que la guerra nos separó mucho del desarrollo del teatro en los países que oficialmente no fueron o no eran amigos de las llamadas democracias. Mucho se ignoró durante largos años de curso del teatro contemporáneo de Italia. La curiosa inquietud de María Tereza Montoya buceaba en el repertorio italiano y, claro, sólo encontraba a D'Anunzzio, a Pirandello y a Nicodemi. En alguna ocasión logré interesarla en algunas obras italianas y en 1934, estrenó en una fugaz temporada que realizó en el teatro Lírico, y que por cierto durante su breve estadía se llamó de "María Tereza Montoya", una apasionante comedia de César G. Viola, Canadá, que no gustó por una simple y desconcertante razón: porque planteaba, aunque resolvía en distinta forma, el mismo intenso problema con que Benavente construyó su insuperable pieza La malquerida. Por la misma razón, la de parecerse a tantas piezas francesas, podría alegarse que Los girasoles no satisfarían la sed de novedad del público mexicano.

Uno o dos años después le ofrecí a la Montoya otra traducción italiana, hecha en colaboración, como la de Viola, con José Manuel Ramos; la de una preciosa comedia de Guillermo Zorzi: La veta de oro, que pasó por su repertorio sin pena ni gloria, inexplicablemente porque es bellísima. Aparte de estas muestras de teatro italiano no se han representado recientemente en nuestros escenarios otras obras modernas italianas, como no sea Minnie, la cándida de Bontempelli, que tradujo Villaurrutia para Clementina Otero, cuando esta actriz aún no salía del cascarón experimental y, por la radio una deliciosa comedia de Rosso di Sansecondo, Música de hojas muertas, que interpretaron varias discípulas mías cuando ya experimentaba con obras de teatro radiofónico.

Los girasoles es una bella, progresivamente emocionada comedia, que Salvador Novo tradujo a excelente castellano y dirigió con singular probidad escénica, y que montó –no tiene problemas de escenografía– con el mejor gusto Julio Prieto. Interpretada por destacados y experimentados alumnos del INBA: Rosa María Moreno, Carlos Bribiesca, Mario Orea, Raúl Dantés, su representación constituye un espectáculo excelente.