FICHA TÉCNICA



Título obra Medea

Autoría Eurípides

Notas de autoría Lorenzo Ávila / adaptación

Dirección José Caballero

Elenco Marta Verduzco

Espacios teatrales Teatro Jiménez Rueda

Referencia Bruno Bert, “Una voz viva”, en Tiempo Libre, 23 mayo 1991, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Una voz viva

Bruno Bert

La vitalidad de la leyenda de Medea nos muestra que ciertos personajes que la ética tradicional considera como negativos perviven en su fascinación a través de muy distintas circunstancias históricas y permiten, con ciertas adecuaciones, que su voz sea contemporánea en un periplo de más de dos mil años. La imagen de aquella mujer bárbara, abandonada en tierras griegas por los temores y ambiciones de su esposo, fue asumida con distintas significaciones en múltiples oportunidades, pero indudablemente es la versión primera, aquella, que Eurípides concretó a partir de un mito mucho más antiguo, la que mejor y más continuamente mantiene su vigencia. Ahora, sobre una adaptación de Lorenzo Ávila, José Caballero acaba de llevarla nuevamente a escena en el teatro Jiménez Rueda.

En esta versión se agregan o modifican algunos personajes, haciendo aparecer, por ejemplo, a la hija de Creonte, en una confrontación de caracteres femeninos que el original carece, en una decisión al menos discutible si lo relacionamos con la idea griega. De todas maneras no pretende una reproducción de la tragedia antigua, aunque sí intenta mantener el género con un equilibrio entre las reminiscencias clásicas, un lenguaje que, en lo escénico nos resulte más acercado y alguna que otra mención de puesta que hace al renacimiento, lo que implica algunas posibles contradicciones en el tratamiento de montaje. Así, se hace aparecer a Egeo por mar en una pequeña embarcación, cosa que no hubieran hecho los griegos pero sí seguramente hacia inicios del barroco, pero no se saca a Medea volando en su carro en la escena inmediatamente anterior al final, solución que hubieran adoptado tanto los contemporáneos de Eurípides como los del siglo XVI o XVII, estatizando así a los personajes en una forma ilógica ya que de esta manera Jasón no tiene obstáculo alguno para llegar a Medea y vengarse de ella, como repite una y otra vez sin moverse sin embargo del lugar en que se encuentra. Tampoco es acorde a la propuesta clásica ver la muerte del rey y su hija (las escenas de tal violencia sólo eran narradas) en un cuadro ingenuo que nuevamente nos recuerda las puestas del barroco con su juego de planos yuxtapuestos y paralelos. Estas alternativas contradictorias desdicen un poco al resto de la proposición, mucho más coherente y unitaria en su desarrollo, con un mejor lucimiento de la indudable capacidad de Caballero como director.

No sé a quién pertenece la escenografía porque no había programas de mano disponibles el día en que me tocó ver la función, pero sea de quien sea es uno de los elementos más logrados del montaje. La primer imagen, aquella que se nos presenta al descorrerse el telón, es francamente hermosa, con una capacidad de clima y sugestión como pocos de los trabajos que he visto últimamente. Representa algo así como un espacio preclásico en ruinas y en ese momento suponemos, según el texto y la tradición griega, que estamos a las puertas de un antiguo palacio. Luego advertimos que nos hallamos en el patio interior del mismo en donde habrán de congregarse los personajes del drama. Cierto que al disiparse el humo que lo envuelve pierde parte de su encanto, pero conserva sin embargo una verdadera imponencia durante toda la obra, con colores que van desde los pardos a los óxidos, jugando acertadamente con los tonos del vestuario y de la puesta misma.

Marta Verduzco asume el papel de Medea, y es interesante ver su capacidad de modulación para evitar la caída en un tono que nos llevaría fácilmente al melodrama. La contención, que no evita profundidad pero que otorga la grandeza necesaria al personaje, es una de sus principales características. La personalidad de la actriz dibuja, bajo una buena guía de la dirección, el perfil robusto y obstinado de este ser contradictorio y apasionado. Resulta también muy disfrutable la presencia y manejo del coro, mientras que el resto de los personajes, si bien correctos, se hallan por debajo de estos dos fuertes interlocutores.

Como vemos, el resultado global presenta altibajos, pero sin embargo se trata de una puesta que no sólo es digna de verse sino también de gustarse por los variados aciertos que la recorren.