FICHA TÉCNICA



Título obra El anzuelo de Fenisa

Autoría Félix Lope de Vega y Carpio

Dirección Raúl Zermeño

Espacios teatrales Cárceles de la Perpetua en el Palacio de la Antigua Escuela de Medicina

Referencia Bruno Bert, “Burbujas de amor”, en Tiempo Libre, 16 mayo 1991, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Burbujas de amor

Bruno Bert

Aquí estamos de nuevo con proposiciones de último curso de estudiantes de teatro, del CUT en este caso, presentadas en las cárceles de La Perpetua bajo la dirección de Raúl Zermeño. Se trata de El anzuelo de Fenisa, de Lope de Vega, en un montaje nada ortodoxo que intenta rescatar lo dinámico de la comedia para un público contemporáneo, con las mismas ganas de diversión que las que tenía aquél que poblaba los corrales de comedias del siglo XVII.

En primera instancia vemos que se sustituyen escenografías y decoradas tradicionales por un sistema de rampas y tarimas marcando niveles y que también suelen servir para montar casi cualquier cosa con un bajo costo de inversión. Son pocos los teatristas que no hayan recurrido a ellas en alguna oportunidad, y siguen rindiendo sus frutos desde hace décadas. Sobre estos espacios se adicionan pequeños elementos de utilería de factura casera, que tanto fungen como mesa, silla o camastro, y que se quitan rápidamente para volver a dejar el espacio libre a cualquier tipo de resignificación. Rodeando todo esto, podemos ver un telón muy primario que tanto puede representar el cielo como el mar, ya que la obra está ambientada en una ciudad portuaria de Italia en la época en que vastos sectores de este país estaban bajo la administración española. Es decir que hay un cierto "abandono" de lo contextual, a veces por opción deliberada de lenguaje y en otras por un manejo un tanto descuidado de estos factores.

Los vestuarios están pasados a los años veinte de este siglo porque el montaje rescata elementos del cabaret; y en este renglón sucede como en el anterior, cuidando algunos trajes y dejando otros librados a un azar un tanto errante que no siempre encarnizado, también de estudiantes del CUT presentado recientemente en su espacio natural, donde vestuarios y escenografía estaban perfectamente cuidados). Todo esto redunda indudablemente en centralizar el trabajo en la labor de los actores, que incorporan canto y baile a las acciones previstas en la obra original, con ese llamado al lenguaje teatral de las primeras décadas de este siglo. Y lo que más interesa de ellos es justamente las ganas que le ponen, su presencia y fuerza de voluntad en el escenario; materiales indudablemente importantes para gente que se inicia profesionalmente en el oficio del actor, aunque no totalmente suficientes. De hecho, las voces, sobre todo cuando cantan, no tienen la calidad de que habrían menester siendo tantos los agregados musicales que la obra contiene; y la dicción (no son sencillos para nosotros los textos de Lope aunque se los limpie un poco), sobre todos en algunos actores, vuelve a veces un poco farragosa la comprensión del texto.

Lo que destaca entonces como especialmente cuidado es el ritmo, que sí mantiene la atención constante del público sobre el desenfado de las situaciones y los vaivenes de la trama, ámbito en donde justamente destacó Lope en este tipo de comedias en las que el trazo psicológico de los personajes pasa a segundo plano dando prioridad a enredos e ingenio, con el juego del orgullo español y su contraste con el carácter italiano, al que sin embargo trata con la simpatía condescendiente del dominador.

A claro que sólo vi una hora y media de la obra, porque luego se desató un chubasco de proporciones bajo el cual, sin embargo, los actores continuaron disciplinadamente trabajando hasta recibir la orden de cabina de suspensión en espera que la lluvia amainara un poco. Su labor, a estas alturas, gustaba, y eso era claro porque todo el mundo se protegió bajo las arcadas laterales, pero prácticamente nadie —y había unas ochenta personas— abandonó el lugar. Al ver que el agua continuaba cayendo a más y mejor preferí marcharme, pero seguramente y aún con lluvia mediante, la obra debe haberse terminado con un buen acompañamiento de espectadores.

Es alentadora esta disciplina de los compañeros y acertado el desafío de llevar un clásico a escena y demostrar que aún conserva su capacidad de entretenimiento si sabemos tratarlo. También su empeño, mostrando algunas virtudes y potencialidades que seguramente reencontraremos afinadas y desarrolladas en los trabajos a venir. Lo demás... se comprende en quienes están comenzando.

Escenas de El anzuelo de Fenisa, de Félix Lope de Vega, dirección Raúl Zermeño, Cárceles de la Perpetua del Palacio de Medicina (Brasil 33, Centro); miércoles a viernes (20.-00); sábado y domingo (19:00 horas) Fotografías de Luis Fernando Moguel.