FICHA TÉCNICA



Título obra Cats

Autoría Thomas Stearns Eliot

Notas de autoría Marco Villafrán / traducción

Dirección Jeff Lee

Elenco María del Sol

Escenografía Ariel Bianco

Iluminación Rick Belzer

Música Andrew Lloyd Webber

Espacios teatrales Teatro Silvia Pinal

Referencia Bruno Bert, “Ahora, gatos de importación”, en Tiempo Libre, 9 mayo 1991, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ahora, gatos de importación

Bruno Bert

La compra de un montaje —al contrario de los simples derechos de autor permite "garantizar" la reproducción de un suceso. Un empresario visita Londres o Nueva York, selecciona aquellos éxitos que se encuentran ampliamente probados y los trae a México reproduciendo exactamente las condiciones que permitieron ese impacto de público; no corre el riesgo de una nueva reinterpretación por parte de la dirección, y este rol queda reducido a ser un buen copista que logre aquí, con materiales y actores locales, el mismo tono y ritmo, la misma vida en una palabra, en una puesta que prácticamente es un calco.

Naturalmente estos derechos son altos, y generalmente también las producciones, ya que esto únicamente se justifica en puestas muy brillantes, con nutrido elenco y despliegue de llamativos efectos. Digamos que un producto de lujo en el escaparate de los espectáculos comerciales. El teatro Silvia Pinal es ámbito propio para este tipo de eventos, y dentro de esa tónica acaba de estrenarse Cats, precedida por varios años de éxito en Broadway y otras capitales, ya que se trata de una obra de 1981.

El autor de los textos de esta comedia musical —textos poéticos todos ellos— es nada menos que T.S. Eliot (1888-1965), uno de los máximos poetas ingleses de este siglo al que le fuera otorgado el premio Nobel en 1948. No he leído los originales, y la traducción de Marco Villafán es poco comprensible en la forma en que está vocalizada por los bailarines-cantantes, por lo que me quedo un poco con curiosidad de buscar por mi cuenta esos materiales y apreciar su posible calidad, que en el contexto del montaje no parecen tener demasiada importancia. En realidad, como es lógico, lo que predomina es esencialmente visual o sonoro y no precisamente lo conceptual. Si no vamos, entonces, guiados por nuestros ojos, lo que nos atrae en primera instancia, es la escenografía que invade todo el teatro, con sus paredes y techos, transformándose en una ambientación que nos redimensiona espacio por ampliación del tamaño de los objetos que la componen: desechos de todo tipo —teatralizados claro— que nos marcan la posibilidad de encontrarnos en un basurero o un callejón abandonado donde desembocan caños de desagüe en distintos niveles de los cuales surgen, al llamado de la luna, los gatos, únicos actores del espectáculo. La misma estuvo a cargo del argentino Ariel Bianco, y es uno de los ejes en donde se apoya el trabajo; no sólo por lo visto y logrado del ámbito que nos recibe, sino por la complejidad de efectos que compone a lo largo de la obra. Como el barco que surge repentinamente al llamado del recuerdo de uno de los personajes, ocupando prácticamente la totalidad del foro o el insólito vuelo de una gigantesca rueda que se eleva entre nubes de humo.

En la eficacia de esta propuesta estética, la iluminación —de Rick Belzer— es a su vez otro de los protagonistas fundamentales: miles de pequeños focos rodean la platea como si estuviéramos en un planetario, destacando el brillo de las estrellas y cientos de ojos gatunos que titilan hasta confundirse con las mismas. La espectacularidad lograda en la combinación de ambos elementos (iluminación y escenografía) hace justamente que se introduzca la comedia en un primer cuadro donde sólo estos elementos y la música se hallan presentes. Y naturalmente este último renglón, siendo una comedia musical, es fundamental. El compositor de Cats es Andrew Lloyd Webber que, entre muchas otras, también elaboró la música de Jesucristo Super estrella (71) y Evita (76) que todos recordamos perfectamente.

Este trío de luz-visión-sonido es no sólo pilar de apoyo sino también buena parte del espectáculo mismo, ya que tal vez lo más débil —y con esto no quiere decir que sea malo— es la participación actoral, a pesar de contar con un buen soporte en lo que hace a vestuarios y maquillajes, de los cuales no puedo dar nombre de responsables porque no figuran en el programa de mano. Entendámonos, voces y cuerpos no son incorrectos; es más, en varios casos se destaca la labor de algunos solistas —como María del Sol, por ejemplo—, pero en su conjunto y calculando el nivel de la puesta, no alcanzan el fuerte lucimiento que la obra tuvo en algunas capitales extranjeras. Hay destreza y habilidad, componentes básicos del necesario profesionalismo, pero en ausencia de ese plus que vuelve mágica y electrizante la presencia de tantos "gatos" sobre el escenario y a nuestro alrededor.

De todas maneras, seguramente Cats gustará a los espectadores mexicanos que aún no la hayan visto, y tiene para ello todos los atractivos del "gran teatro" de importación.

María del Sol en Cats, de T. S. Eliot, dirección Jeff Lee, Teatro Silvia Pinal (Yucatán y Coahuila, Roma, 574-3718); martes a jueves (20:00); viernes y sábado (18:00 y 21:00); domingo (12:00 y 17:30 horas).