FICHA TÉCNICA



Título obra El misterio del ramo de rosas

Autoría Manuel Puig

Dirección Miguel Sabido

Elenco Carmen Montejo, Rosa María Bianchi

Espacios teatrales Teatro Julio Prieto

Referencia Bruno Bert, “No es lo mismo ramo de rosas que rosa de ramos”, en Tiempo Libre, 2 mayo 1991, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

No es lo mismo ramo de rosas que rosa de ramos

Bruno Bert

Manuel Puig es un escritor argentino que falleció recientemente en México. De él leí tres novelas de más o menos una decena que le conozco: El beso de la mujer araña (de la que hace unos años se hiciera una exitosa adaptación teatral y cinematográfica); La traición de Rita Hayworth y Boquitas pintadas. En ellas se advierte un fuerte sello estilístico que me permite pensar que —más allá de las diferencias propias de cada obra— el resto de su producción se encuentra prismado sobre las mismas bases estructurales y manejando similares temas.

Una de sus características fundamentales es el interés que demuestra por el pensamiento y la vida de las clases medias argentinas, a las que plasma a partir del lenguaje estereotípico que éstas manejan y de la relación de éste con los productos más comerciales que le han destinado el cine, la radionovela y la novela rosa, dando prioridad su visión sobre todo en referencia a las décadas de los treinta, cuarenta y cincuenta. En sus novelas la voz del narrador tradicional, esa tercera persona omnipresente que devela circunstancias y pensamientos, se encuentra minimizada en favor de largas tiradas en primera persona, extensas narraciones de películas o novelas con predominio de lo cursi y fragmentos periodísticos o documentales de todo tipo. Esto crea en el lector argentino un amplio campo de tácita complicidad, ya que el mismo reconoce sin necesidad de aclaraciones el tipo de personajes por las estructuras de lenguaje que emplea, y se hace partícipe de los subtextos que habitualmente se manejan en el habla popular. Así, se evidencia un contraste entre las edulcoradas películas de inverosímiles heroínas al claro de luna, con la cotidianidad de los narradores que las están tomando como modelo ideal de vida frente al vacío y frustración de la propia. Es casi como si la realidad social de un medio se expresara por sí misma y el escritor tan sólo seleccionara y combinara aquello que considera más representativo para lo que intenta decir.

Planteado de este modo, resulta impensable "lavar" a Puig de localismos para hacerlo "universal" en sus planteos, ya que aquí la universalidad —si es que existe— nace justamente de la minuciosa implicancia con los sistemas de pensamiento y expresión de un lugar y tiempo concretos. El sistema de ideologías y realidades, en su juego de oposiciones y contrastes, es lo más rico de su estilo, lo más personal de su literatura, que de otro modo se vuelve un ripíoso deambular sobre los clichés lingüísticos de una cultura.

De este autor acaba de estrenarse en el teatro Julio Prieto y bajo la dirección de Miguel Sabido El misterio del ramo de rosas, que al parecer es su última composición, escrita ya en México poco antes de morir. No sé si se trata de una obra de teatro o, como en el caso ya mencionado de El beso de la mujer araña, de la adaptación de un cuento o novela suya.

El caso es que si bien reconocemos ciertas estructuras que le pertenecen y algunas de sus obsesiones tradicionales, se da —al menos en la puesta— ese peligroso "lavado" de regionalismos que deja la obra en tierra de nadie: ya no devela la realidad de ningún espacio y sus personajes quedan así en una media agua entre aquellos narradores de películas cursis y los héroes inverosímiles provenientes de la pantalla. Despegado del "plancton" nutricio de un lenguaje cargado de connotaciones sociales, se acerca peligrosamente al polo opuesto que en Puig generalmente no representa más que un referencial para denotar contrastes. Allá, sólo en las películas narradas las heroínas ganan la felicidad o acceden a una trágica heroicidad de celuloide, mientras que sus personajes continúan en lo gris y anodino; aquí, las dos mujeres, más volcadas al mito que a la realidad, hilvanan momentos de comedia y melodrama para arribar a un "final feliz" que las salva de cualquier caída en lo verosímil. Allá el mecanismo señala la alienación, aquí el juego la enmascara. No sé si esto proviene del original mismo de Puig o de algún tipo de adaptación a cargo de Sabido, pero el caso es que ocurre e invierte el sentido habitual de las obras de este escritor. Sabido aclara de entrada que conoce el material, ya que la música que precede la apertura del telón es la misma que sirvió de cortina musical a infinitas radionovelas de los cincuenta en la Argentina, que fascinaron a toda una generación de amas de casa en la pausa de las cinco de la tarde. Y los insertos de montaje se arbitran sobre la misma línea, pero ocurre así que sin una apariencia de traición formal ésta se produce en lo sustancial del trabajo.

He dedicado toda la nota a esto porque es lo que realmente importa, ya que podemos ver como correcta la puesta en su sentido estético y solventes las presencias de Carmen Montejo y Rosa María Bianchi como intérpretes pero, planteado como está, el producto se vuelve anodino e intrascendente. Hubiera sido interesante conocer la opinión del mismo Puig pero eso ya no es posible. Lo que sí es probable es que sea un éxito de temporada.

Rosa María Bianchi y Carmen Montejo en El misterio del ramo de rosas, de Manuel Puig, dirección Miguel Sabido, Teatro Julio Prieto (Xola y Nicolás San Juan, Del Valle, 543-3478); jueves (20:30); viernes y sábado (19:00 y 21:30); domingo (18:00 horas) Fotografías de Luis Fernando Moguel.