FICHA TÉCNICA



Título obra Estrategias fatales

Dirección Raquel Araujo y Rocío Carrillo

Escenografía Arturo Nava

Iluminación Arturo Nava

Grupos y compañías La Rendija

Espacios teatrales Biblioteca de México

Referencia Bruno Bert, “La rendija y sus estrategias. Estrategias fatales”, en Tiempo Libre, 25 abril 1991, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

La Rendija y sus estrategias

Bruno Bert

El grupo La Rendija tuvo su sede durante bastante tiempo en los altos de Santo Domingo; allí lo conocimos a través de sus trabajos y de la activa postura que mantenían en la defensa de sus derechos y espacio. Aquel lugar se perdió en los avatares de la burocracia y ahora reencontramos a su gente en uno de los muchos recovecos que tiene el viejo edificio de la Biblioteca de México, donde acaban de montar Estrategias fatales.

Podríamos decir que se trata de dos espectáculos conjuntados por una misma estética, dirigidos respectivamente por Raquel Araujo y Rocío Carrillo. Lo primero que unifica a ambos es la caracterización del espacio: una sala rectangular, de techos muy altos, cuyo piso ha sido cubierto de arena; al fondo, Arturo Nava ha construido una estructura metálica que rememora la silueta torturada de un árbol con sus raíces al aire; sumemos a ésto una vieja bañera y algunos objetos dispersos de factura tosca. Luces laterales a nivel de piso diseñan figuras muy contrastadas y vuelven onírico todo el ámbito. Este no es un contenedor de descripciones lineales sino de los altibajos de un sueño inquieto y perturbado al que se trata de captar en forma obsesiva a través de cámaras de video y cuadernos de registro que manipulan parte de los actores, volviéndose así ellos mismos testigos activos de un proceso que a su vez desencadenan, y que involucra a los espectadores en los momentos finales del primer trabajo. Estas dos puestas no tienen nombres autónomos, sino que son presentadas como la primer y segunda parte de un mismo planteo global sintetizado por el título conjunto de Estrategias fatales.

El tema de la concepción, el aborto y la reiteración exasperada de los diálogos-monólogos de la cotidianidad están presentes a veces en forma explícita y otras a partir de la sugestión de las imágenes. Pero en realidad es un itinerario conceptualmente difícil de definir, un mundo privado que recorren los intérpretes a partir de un conocimiento en clave que el espectador comparte pero reconstruye de manera distinta en cuanto lectura y significado. Se me ocurre más bien como el seguimiento de un sueño sembrado de signos de los que sólo se aferran algunos, y esto de la manera que nuestra propia cultura y experiencia nos permite.

El planteo constructivo resulta interesante aunque no sea demasiado novedoso (podemos reconocer experiencias que se han vertebrado en el teatro desde la corriente surrealista hasta las vanguardias de los setenta con aplicación sistemática del video), pero ésto no es a desmérito de la puesta sino más bien el índice de una fascinación que las directoras parecen haber sentido por todas estas posibilidades de lenguaje que aquí articulan unitariamente.

También la duración de las acciones adquieren un carácter acorde con este tipo de planteos, extendiéndose, bordeando por momentos en forma deliberada el fastidio, como imponiéndose a pesar de los personajes y las sensaciones mismas del público. Sin llegar a aquellas experiencias análogas que se extendían por horas, al menos las rememora, rompiendo las formas convencionales de captación. Tal vez, para completar el cuadro, hubiera sido interesante experimentar la destrucción de la platea tradicional que aún mantienen, dispersando a los espectadores por todo el espacio en pequeños grupos visibles entre sí. Pero ésto en realidad es fantasía de quien observa y no necesariamente necesidad de la puesta. En lo que hace a los actores, pareciera que captan el sentido de la propuesta pero no siempre alcanzan el nivel expresivo que permita la intensidad correcta tanto en la precisión de las acciones como en el manejo de los objetos, dos elementos que pedirían una atención especial por parte del grupo. Hay, dentro de los ideogramas que se proponen, excesiva "naturalidad", no por sus formas sino en la manera de llevarlos a cabo. Un abandono del detalle que perfila, de la energía que dibuja y repropone significados. Técnica asumida en lenguaje, eso quiere decir.

Interesante, imperfecta, irritativa... algo que está vivo en un grupo que también lo está.

Escena de Estrategias fatales, espectáculo del Teatro La Rendija, dirección Rocío Carrillo y Raquel Araujo, Biblioteca México (Plaza de la Ciudadela 6, Centro); jueves y viernes (20:00); sábado (19:00)y domingo (18:00 horas) Fotografías de Luis Fernando Moguel.