FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Baje la voz!

Autoría Jaime Chabaud

Dirección Alejandro Ainslie

Elenco Selma Beraud, Claudia Eguiarte, María Fernanda García, Elsa Sáenz, Mónica Salinas, Mariana Velazco

Espacios teatrales Sótano del Teatro Carlos Lazo

Referencia Bruno Bert, “¡Sssht!”, en Tiempo Libre, 4 abril 1991, p. 27.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¡Sssht!

Bruno Bert

El sótano del teatro Carlos Lazo de la Facultad de Arquitectura se ha caracterizado por albergar diversas experiencias escénicas no convencionales. Teatristas como Julio Castillo, Abraham Oceransky, José Caballero o, más recientemente, José Luis Cruz junto con Gurrola, han recurrido a ese enorme espacio poblándolo con los seres de sus fantasías escénicas. Ahora son Jaime Chabaud y Alejandro Ainslie, como autor y director respectivamente (el mismo equipo de Tempranito y en ayunas) los que lo intentan con ¡Baje la voz!, un alegato contra la violencia que el tema del aborto ha despertado en nuestra sociedad en los últimos tiempos. Interpretada exclusivamente por mujeres (Selma Beraud, Claudia Eguiarte, María Fernanda García, Elsa Sáenz, Mónica Salinas y Mariana Velazco), se basa en un hecho real ocurrido hace un par de años, cuando el allanamiento de una clínica donde se hacían estas prácticas con carácter ilegal, tuvo como consecuencia el apresamiento, la hostigación y la tortura de una serie de mujeres que acababan de someterse a operación. Esto, bajo la acusación de asesinato y como acto "ejemplar", apoyadas, al parecer, por las autoridades de los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad.

La violencia de la puesta hace difícil separar, para el análisis, las proposiciones que provienen del texto de aquéllas que articula la dirección para su presentación en escena. La sensación, sin embargo, es que el discurso textual va esencialmente a la marcación de los elementos represivos con una caracterización casi estereotípica de los mismos, señalados como la iglesia y la policía; hay una tercera vertiente de contacto directo con el público por medio de un "comentador" (una imagen extemporánea de Herodes) que corta y nexa las situaciones lanzándose a una textualización sarcástica de los distintos momentos. Esto en la puesta genera, asimismo, tres espacios diferenciados: el ámbito de la cárcel, la maquinaria inquisitorial y un gran patio central embaldosado gris, en donde se hallan dispersos restos truncados de cuerpos representados por maniquíes femeninos.

Aquí surge un problema que puede provenir, tanto del texto como de la puesta o ser resultado de ambos: el mismo vals exacerbado rige para cada espacio y situación. El grito y la exasperación constante de las imágenes no permite matices: la policía aulla, los inquisidores gritan, el comentador vocifera y nos sentimos agredidos por todas partes sin ver deferencias en ninguna, a pesar que estas obviamente existen. Nos quedamos como aislados, sin espacio de pertenencia que lleve a incluirnos de alguna manera en el proyecto, aun cuando estemos globalmente de acuerdo con el discurso de los autores. Tratemos de puntualizar. Parte: El tema es sumamente interesante, comprometido y de actualidad, así como resulta progresista la posición asumida. Contraparte: el lenguaje de los poderes, al ser estereotípico, no nos entrega más de lo que ya conocemos. Parte: Muchas de las imágenes tienen un interesante valor de transmisión. Contraparte: el tono de violencia casi unificada de las mismas las indiferencia, imposibilitando asimilarlas por matización. Parte: Existe una denuncia abierta de los aparatos represivos, sean ideológicos o directos. Contraparte: la imagen se vuelve una prolongación ilustrativa del texto y por lo tanto nos quita cualquier posibilidad de sorpresa, entregándonos lo que ya esperábamos: dentro de las cárceles se insulta y golpea; al interno de la inquisición se interroga y tortura. Parte: hay una fuerte indignación de los hacedores (y por lo tanto, también vida e impulso). Contraparte: no hay una diferencia sustancial entre las posiciones, ambas (la reprimida y la represora) se nos muestran con un mismo tono y con un mismo ritmo, cuando no es que se quiera marcar que víctimas y victimarios son iguales en el fondo, sino todo lo contrario.

Podríamos continuar este tipo de marcación en las distintas áreas del trabajo, pero lo que importa ver como producto global, es que ¡Baje la voz! constituye un material que en su interno ha alimentado por igual defectos y virtudes, muchas veces tan vinculados entre sí que es imposible separarlos; con el inconveniente de aquel principio de física que dice, que si a una fuerza se le opone otra de igual intensidad y sentido contrario, lo que obtenemos es la quietud. No quiere decir ésto que salgamos indiferentes del espectáculo, porque de hecho implica un camino de mayor madurez, tanto para el autor como para el director en relación con su trabajo inmediato anterior, pero sí que se han comportado como demiurgos noveles desatando rayos y centellas hacia tantas direcciones simultáneas y contradictorias, que el estallido creativo es más implosivo que explosivo.

En última instancia: materiales para el debate no faltan y compromiso por parte de quienes lo hacen, incluyendo por supuesto a los actores, tampoco. Será el público quien diga su voz final... y para ésto es conveniente que nos acerquemos al sótano del teatro Carlos Lazo.

Escena de ¡Baje la voz! de Jaime Chabaud, dirección Alejandro Ainslie, Sótano del Teatro Carlos Lazo (Circuito Interior de CU, atrás de Rectoría); jueves a lunes (19:00 horas). Fotografías de Luis Fernando Moguel.