FICHA TÉCNICA



Título obra La mano ligera

Autoría Eugene Labiche

Notas de autoría Héctor Mendoza / adaptación

Dirección José Caballero

Elenco Enoc Leaño, Susana Ugalde

Espacios teatrales Centro Universitario de Teatro

Referencia Bruno Bert, “Mano ligera de un amigo encarnizado”, en Tiempo Libre, 28 marzo 1991, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Mano ligera de un amigo encarnizado

Bruno Bert

Los estrenos que se producen en el CUT (Centro Universitario de Teatro), están generalmente relacionados con la promoción de nuevos planteles de actores que van dando con estos trabajos sus exámenes finales. En este caso, bajo la dirección de José Caballero y Enrique Singer, se montaron con este fin dos obras breves de Eugene Labiche: La mano ligera y El amigo encarnizado. No es frecuente ver puestas de Labiche entre nosotros, y la última vez que tuvimos oportunidad de tal cosa fue cuando Héctor Mendoza montó Principio y fin en la Gabarra, pequeño foro también dependiente de una escuela teatral. No casualmente la traducción del material presentado en el CUT también pertenece a Mendoza.

Esta infrecuencia se debe posiblemente a que todo está sujeto a la férula del tiempo, y éste suele volver arqueológico lo que en otros tiempos era un fragmento vivo de un espacio social. Y Labiche no es una excepción. Este autor francés vivió entre 1815 y 1888, es decir que el apogeo de su trabajo se da ducante el Segundo Imperio, apoteosis de la burguesía decimonónica tan flagelada por escritores contemporáneos como Zola. Se distinguió sobre todo en el área del vodevil o vaudeville si preferimos escribirlo en francés, esas piezas ligeras, humorísticas, con fragmentos musicales y abundantes enredos en la trama que satiriza los valores de la sociedad imperante, manteniéndose siempre dentro de un "buen tono" aunque gusten de la picardía. El bueno de Labiche fue muy prolífico y compuso más de 150 obras, ubicándose en su momento en la cúspide de la fama y la consagración. Sin embargo, por su propia pluma sólo surgieron seis o siete de estos trabajos, mientras que todos los restantes fueron redactados en colaboración con otros escritores que no tuvieron su suerte. Algo así como lo que hicieron los pintores del Renacimiento; y hubo más de veinte manos que ayudaron en la fortuna (no sólo intelectual) que consiguió Labiche en vida. Naturalmente, la sociedad ha cambiado mucho desde aquel entonces, y aunque la burguesía continúe muy vigente, los ropajes que la visten —en el sentido más amplio— no son los que se usaban en tiempos de Naná.

El interés que puede tener ver un trabajo de este tipo es más bien de carácter técnico: la muestra de un teatro ya desaparecido, con sistemas de actuación anteriores a lo stanislavsquiano, mostrando una sociedad fenecida con un tipo de humor que hoy posiblemente nos parezca bastante farragoso y "jalado de los cabellos", porque muchos de los interdictos y las transgresiones que provocaban el pudor; la sonrisa o la misma carcajada, han desaparecido de nuestro horizonte y casi no podemos reconocerlos o nos parecen absolutamente banales. Y esto no es un juicio sobre la frivolidad de estas pequeñas obras, ya que indudablemente no tenían otra pretensión que divertir ironizando, sino una reflexión sobre la capacidad misma que pueden haber conservado para entretener.

Todo esto significa que si los descontextualizaramos, francamente serían bastante aburridas. Lo que las salva es que se encuentren en una escuela de teatro y de alguna manera se transformen en una excusa para probar la destreza los alumnos en los distintos tipos de materiales que el teatro ha producido a o largo de su historia. En ese sentido el trabajo es muy prolijo en todos sus renglones, con apenas algunos matices de actualización. Se respeta el concepto escenográfico original, los manejos de espacio, la composición de los cuerpos y el uso de la voz, dándonos un panorama bastante verosímil de lo que era aquel teatro, quitando sólo lo más pesado que a arqueología tiene, evitando una "fideidad' excesiva y concentrándose sobre todo en la intención primera de estos juguetes escénicos.

Temáticamente insisten en la hipocresía, el valor obsesivo del dinero, los roles sociales, la duplicidad moral y la imagen de la mujer como objeto voluble y sensual de compra-venta. Respetando por supuesto las reglas del juego y como una espuma de superficie ya que esa era su finalidad. Hay que decir que los muchachos (apenas seis) lo hacen correctamente y lo que aún les falta de experiencia lo suplen con la entrega invirtiendo toda la ligereza necesaria para mantener siempre el ritmo imprescindible de la comedia. Valga por ellos, amigos encarnizados del teatro, este llamado a la bien merecida tumba histórica de Labiche.

Enoc Leaño y Susana Ugalde en La mano ligera y El amigo encarnizado, adaptación de Héctor Mendoza a la obra original de Eugene Labiche, dirección José Caballero, Foro del Centro Universitario de Teatro (Insurgentes Sur 3000, Centro, Cultural Universitario); jueves y viernes (2Q30); sábado (19:00)y domingo (18:00 horas) Fotografías de Luis Fernando Moguel.