FICHA TÉCNICA



Título obra Carta al padre

Notas de autoría Luis Geller / adaptación

Dirección Luis Miguel Lombana

Elenco Odiseo Bichir, Luis Miguel Herrera, Sergio Sánchez, Miguel Couturier

Escenografía Leo

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Bruno Bert, “Kafka en Shakespeare”, en Tiempo Libre, 21 marzo 1991, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Kafka en Shakespeare

Bruno Bert

Franz Kafka, una de las personalidades literarias más fascinantes y torturadas de este siglo (1883-1924) nunca escribió teatro; sin embargo, el enorme interés que su obra despertó a posteriori de su muerte —sus creaciones más importantes fueron publicadas en forma póstuma por su amigo y albacea Max Brod, contradiciendo las órdenes de destrucción de todos sus manuscritos— indujeron a varios creadores a adaptaciones que llegaron al escenario e incluso al cine. Las más memorables son las de El proceso, plasmada una por André Gide, y otra en versión que para la pantalla hiciera Orson Welles. Pieza tal vez menor, pero clave para la comprensión de la personalidad y la escritura de Kafka es una extensa carta que terminó por tomar un carácter literario y que compusiera en 1919. Se trata de la Carta al Padre que ahora, bajo la adaptación escénica de Luis Geller, montará, en el Foro Shakespeare, Luis Miguel Lombana.

El análisis, así sea somero, de las características de un escritor de esta envergadura escapa totalmente al espacio que disponemos y a la función del mismo, sobre todo si consideramos la multiplicidad de vertientes que posee y de los diversos ángulos de abordaje posible; pero digamos que toda su obra está impregnada por una intensa angustia metafísica y por una reiterada sensación de absurdo que disloca la apariencia de cotidianidad en que se desarrollan las acciones de sus personajes (seres que pueden tomarse como una extensión libre de él mismo y cuyos nombres suelen comenzar con la misma K de Kafka. En Carta al padre nos pinta, desde una exacerbada sensibilidad, el núcleo de las relaciones familiares y su dependencia casi patológica a la figura paterna, plena de autoritarismo, distanciamiento y una desafectividad en que todo parece hecho "por bien del hijo", lo que alimenta la doble vertiente del rencor y el sentido de culpa. El acceso a semejante material es extremadamente complejo y el binomio Geller-Lombana asume el riesgo con algunas interesantes pautas de desafío. Dos elementos resultan inmediatamente positivos: el haber evitado un melodramatismo como fácil tentación pero que hubiera traicionado completamente a Kafka como escritor; y el acaballarse en una duplicidad de estilos que rememora en cierta medida las técnicas del escritor checo, en donde el naturalismo existe por un lado — el del protagonista— mientras que la construcción del mundo circundante adopta vertientes que lo contradicen tanto en el manejo escénico como en el actoral.

El adaptador divide el texto en dos voces: aquella que expresaba Kafka y la contraparte textual de su padre. Nadie más se escucha en ese espacio, a pesar de los variados actores que lo integran. Y dentro de esto, mucho menos las mujeres, al extremo que la imagen de la madre está dada por un muñeco al que se manipula en el espacio, y la posible pareja de Franz no es más que un hueco maniquí de alambre. Esto enriquece la perspectiva de puesta al mismo tiempo que nos habla de la idea que de lo femenino tuvo Kafka y que significó uno de los puntos cruciales de su crisis. Así mismo, la figura del escritor se multiplica por cuatro en un abanico de edades que va desde un pequeño muñeco —un casi estado fetal— pasando por la niñez (Luis Miguel Herrera), la adolescencia (Sergio Sánchez), hasta la adultez (Odiseo Bichir). La escenografía, a cargo de Leo, incorpora elementos temáticos recurrentes: como las puertas y la utilería se imbrica en la resignificación bordeando las mismas intensiones y con interesantes resultados. En el plano de la actuación, el padre (Miguel Couturier) no constituye un personaje naturalista sino, acertadamente, una transposición de la visión que del mismo tiene el protagonista, como una figura estereotipada que constantemente se repite a sí mismo, mientras que los distintos Franz vuelven más cálidos sus trabajos, pero siempre con una cierta distancia que filtra cualquier exceso de emoción visible. Tal vez el trabajo más interesante sea el de Sergio Sánchez con un equilibrio de tensiones que logra capturar en casi todo momento, en ese quiebre de personalidad que significa Kafka.

Podríamos decir que la obra tiene muchos aciertos de puesta y manejo, aunque no entregue totalmente lo que de "kafkiano" podría uno pedirle en cuanto que predomina lo explicativo frente a lo climático, y en realidad la "razón" es justamente una de las sinrazones de Kafka, como una pieza perdida en el rompecabezas de sus vivencias humanas y artísticas.

De todas maneras resulta un material de interesante visión, sea que se concuerde o no totalmente con la misma.

Odiseo Bichir y Luis Miguel Herrera en Carta al padre, de Luis Geller, dirección Luis Miguel Lombana, Foro Shakespeare (Zamora 7, Condesa, 553-5244); jueves y viernes (20:30); sábado (19:30y 21:30); domingo (18.•00y 20:00 horas). Fotografías de Luis Fernando Moguel.