FICHA TÉCNICA



Título obra El protagonista

Autoría Luis Agustori

Dirección Sergio Jiménez

Elenco Humberto Zurita, Helena de Haro

Espacios teatrales Teatro San Jerónimo

Referencia Bruno Bert, “Había una vez un espejo...”, en Tiempo Libre, 7 marzo 1991, p. 7.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Había una vez un espejo...

Bruno Bert

El tema de la obra está sintetizado en uno de los últimos parlamentos del que justamente ocupa su rol principal un actor de éxito con serios conflictos afectivos en sus relaciones de pareja y con su hijo cuando se plantea si puede realmente mantenerse como protagonista de su propia vida, utilizando aquí la palabra protagónico en el sentido convencional de primera figura, de eje de una acción dramática. Las situaciones lo sobrepasan y sobreviene la sensación de pérdida de control de las mismas. Sobre este eje se abre una serie de lecturas complementarias, como la de hallar un relativo paralelismo entre lo "conquistador" del personaje y el hecho que la acción transcurra en los camerinos en un teatro mientras se está representando la obra Don Juan: esto a su vez permite la visión de lo que supuestamente sucede detrás de un escenario de teatro comercial y una cierta descripción de tipos del ambiente, etc. El protagonista es de Luis Agustoni, de nacionalidad argentina, pero se ha hecho una correcta adecuación a México y perfectamente puede pasar por ilustrar una realidad local.

Si bien se evita el "final feliz" con su cuota de convencionalidad, se manejan sin embargo toda una serie de lugares comunes sobre el actor y el teatro, empezando por las frecuentes aventuras amorosas del protagonista, el valor de la inspiración artística que le permite sin transición pasar de una fuerte discusión personal a los textos y situaciones del escenario sin perjudicar en absoluto los resultados de la función, la relación cuasi maternal y admirativa de la asistente, hasta una cierta complacencia por ese "desnudar" la intimidad de los actores que coincide bastante con la idea que de los mismos dan las revistas de chismes sobre las estrellas.

Todo esto reduce considerablemente el interés que pueden representar las discusiones y conflictos que se van elaborando a lo largo de la trama, porque si bien vida y teatro se hallan naturalmente muy amalgamadas, hay siempre una prevalencia de lo que se construye para el consumo del público, con una crítica que es más aparente que real.

Esto hace que El protagonista sea justamente un producto y no un cuestionamiento al teatro y a los actores como productos, que es lo que por momentos tiende a hacer pensar. La tormenta de situaciones deja solo al intérprete exitoso, con sus errores y defectos, pero es una soledad de águila sobre el peñón (dado así además claramente por la puesta) y toda lectura de profundidad desaparece a manos de una imagen externa y complaciente. La dirección de Sergio Jiménez se encarga cuidadosamente que esto sea así a lo largo de todo el trabajo manejando la ambigüedad de cada significación y volcándola hacia un signo positivo. Por ejemplo hay cinco o seis cambios de ropa, obviamente vistosa por tratarse de la figura de Don Juan.

Esto podría leerse como lo hace el hijo, que le plantea que en definitiva no es más que un bufón, lo que volvería patética la vanidad del divo, pero el director se hace cargo de elaborar un permanente contradiscurso admirativo en las acciones, en forma tal que cuando llega el comentario de marras, en absoluto tiene el efecto que supuestamente presupone y más bien coloca al adolescente como un inadaptado.

Es claro que Jiménez está mucho más fascinado por la exterioridad de las imágenes (sean éstas visuales, verbales o de valores) que en el cuestionamiento de las mismas, y que ese mundo representado queda intocado como en los procesos que ciertos partidos políticos suelen tener cuando se plantean la necesidad de "fuertes autocríticas" que lo único que logran es una apariencia de transformación.

Los actores, con Humberto Zurita a la cabeza, sufren las consecuencias de esta visión y su trabajo también es un juego de apariencias que van más hacia la comedia agradable que a la profundización de los temas que están planteando. Así llevado no puede hablarse de compromiso sino de “buenas construcciones” en algunos casos y de personajes esterotípicos débiles (como el de la esposa o el empresario) en otros.

En fin, un juego de cajas en donde queda escamoteada la más pequeña y central que es donde debiera estar verdaderamente el corazón de El protagonista, pero no como órgano del amor sino como pulsador de la vida.

Humberto Zurita y Helena de Haro en El protagonista, de Luis Agustori, dirección Sergio Jiménez, Teatro San Jerónimo (Periférico Sur y San Jerónimo, Unidad Independencia del IMSS, 595-2117); jueves (20:00); viernes y sábado (19:00 y 21:30); domingo (18:00 horas).