FICHA TÉCNICA



Título obra Purificación en la calle de Cristo

Autoría René Marques

Dirección René Pereyra

Elenco Juan Zermeño, Eduardo Von, Roberto Soto

Grupos y compañías Los Actores del Método

Espacios teatrales Teatro Actores del Método

Referencia Bruno Bert, “Purificación en los actores del método”, en Tiempo Libre, 14 febrero 1991, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Purificación en los actores del método

Bruno Bert

René Marqués no es un autor muy conocido entre nosotros. Es puertorriqueño y sus obras más afamadas las escribe durante la década de los cincuenta, conformando principalmente una mirada nostálgica sobre el pasado de su país, sobre la época agrarista a la que pertenece por situación de clase, ya que la suya proviene de los hacendados criollos. Son variadas las aportaciones que hace al teatro de su medio, y en Puerto Rico su nombre tiene una clara resonancia, que sin embargo se pierde al alejarnos de los localismos.

Los Actores del Método, bajo la dirección de René Pereyra, acaban de estrenar en su espacio Purificación en la Calle de Cristo del autor sobre el que estamos tratando. Es interesante el intento de difusión de escritores americanos, aunque no así la obra elegida para ese fin. Purificación... narra la historia de tres hermanas de una familia de clase alta que se encierran en su casa por las penas de amor de una de ellas y permanecen enclaustradas durante el resto de sus días, purgando penas y pecados hasta un final de muerte y apoteosis.

Sólo con muy buena voluntad podemos entrever elementos simbólicos (el encierro y muerte de una clase) ya que las claves, trasplantada la obra a otro medio histórico y social, se nos escapan permanentemente de las manos, dejándonos una anécdota por demás intrascendente. Las menciones del externo, las justificaciones de sus actos en un plano más amplio, los caracteres como transposición de una lectura genérica que posiblemente estarán en Marqués, en esta versión casi desaparecen. Y lo que queda es una especie de melodrama sin apoyo que para peor ni siquiera desarrolla motivaciones psicológicas como para volverlo sabroso, al menos dentro de un plano intimista. Planteado como está, se nos desgaja de una lectura social y se minimiza en la pobreza estructural de los personajes presentados. Nada por fuera, nada por dentro, dando por resultado un vacío de obra en la que ni siquiera el lenguaje resulta demasiado interesante.

En el plano del montaje propiamente dicho, es atractiva la utilización que la Compañía hace del espacio, ya que nos introduce literalmente en la casa en cuestión, aunque no entendemos el porqué de poner hombres en los personajes que son femeninos. Esto nos indicará el carácter simbólico de los mismos, intentando acentuar la lectura social del material presentado, pero dada la problemática que vimos anteriormente, la intención se desdice en la práctica y entonces lo que nos parece es como un juego de posibilidades un tanto gratuitas con ciertas contradicciones evidentes: los textos y la estructura de puesta son de tipo naturalista, remarcada por la clase de objetos, el uso de estos, el manejo de los tiempos, etcétera. Pero la introducción de hombres en los roles rompe la propuesta y nos produce un distanciamiento hacia una visión casi expresionista que haya asidero en los maquillajes y en algunos momentos del trabajo que tiene ciertas reminiscencias de Strindberg (por ejemplo en El pelícano que posee un cierre similar y el tratamiento de algunos momentos de relación interpersonal con iguales valores) y así el montaje presenta las mismas ambivalencias que la propuesta, quedándose en un intermedio que lo vuelve híbrido.

Por lo que hace al trabajo de los actores —Juan Zermeño, Eduardo Von y Roberto Soto— es claro que no pueden resolver por sí los problemas que vienen acarreados tanto en el libro como en la puesta y caen en los inconvenientes que alguna vez viéramos en otra puesta de Las criadas —también de tres personajes femeninos encarnados por hombres—, en donde por momentos eran demasiado naturalistas para lo que Genet pide, y en otros excesivamente externos para la puesta que los estaba conteniendo. De todas maneras, en estos casos la actuación queda supeditada a la concepción el director, y es aquí donde las cosas no son claras y los resultados se debilitan (por ejemplo provocando risas entre los espectadores en momentos en que supuestamente suceden cosas muy trágicas, o tomando seriamente escenas que, por el contrario, tal vez debieran satirizarse, ya que se pone a actores para distanciarnos de un intimismo empequeñecedor).

Resulta alentador que haya grupos independientes trabajando con la continuidad de los Actores del Método. Que puedan incluso lograr su propio local e infraestructura de funcionamiento. Los errores artísticos después de todo son factible de ser superados a partir de la experiencia.

Escena de Purificación en la calle de Cristo, de René Marques, dirección René Pereyra, Foro Actores del Método (Veracruz 107, Condesa, 553-1383): jueves a sábado (20:30); domingo (18:00 horas).