FICHA TÉCNICA



Título obra Una voz en el desierto

Autoría Maruxa Villalta

Dirección Maruxa Villalta

Escenografía José de Santiago

Vestuario José de Santiago

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Bruno Bert, “En el título lleva la penitencia”, en Tiempo Libre, 7 febrero 1991, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

En el título lleva la penitencia

Bruno Bert

No son frecuentes las biografías apologéticas en el teatro. Y menos la de uno de los doctores de la iglesia que viviera por el siglo cuarto y quinto, como fue San Jerónimo. Sin embargo, uno que otro parentesco cercano podemos hallar de estas "vidas ejemplares" en nuestro teatro, como esa versión biográfica del padre Pro que escribiera poco antes de morir el maestro Basurto y que viéramos el año pasado en el Teatro Hidalgo.

En este caso, la autora y directora es Maruxa Villalta y el espectáculo, con el nombre de Una voz en el desierto, se presenta en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz, en el Centro Cultural Universitario. Según ella misma expresara el día de su estreno, la obra nace a raíz de la sugerencia de un sacerdote y demandó tres años de investigaciones, más abundantes lecturas de las obras de San Jerónimo, que siendo contemporáneo a San Agustín tuvo como él una verdadera pasión por la escritura.

Este rescate puede tener varias lecturas en cuanto a proposiciones conceptuales. La primera puede estar referida directamente a la figura representada como modelo en cuanto a integridad, fuerza de trabajo, caridad y, en general, a lo que solemos llamar virtudes cristianas; pero la que se me ocurre que emerge más directamente es una invitación de regreso al pensamiento religioso, cuando las ideologías políticas parecen quebrarse en el mundo. Efectivamente, este santo fue contemporáneo a la caída de Roma, a la invasión y saqueo de la ciudad que significó un fortísimo impacto en el pensamiento de la antigüedad, que veía en aquella urbe la tradición misma del imperio y las leyes, de la continuidad histórica. Esa debacle irreparable de la que no se libró la misma iglesia enredada en una serie de disputas sobre la ortodoxia y la herejía, fortaleció los movimientos monacales que comentaron las bases de lo que podría llamarse la Alta Edad Media. La analogía con los confusos tiempos actuales parece bastante clara, ya que las dos capitales ideológicas de nuestro mundo también posiblemente han caído y la confusión cunde, junto con el asombro. Entonces, podría existir ese "llamado a los orígenes", que dentro de la historia de la Iglesia se ha dado repetidas veces y del que han surgido figuras de la talla de San Francisco, por ejemplo. Y junto con esto está la clara defensa del papel rector e intelectual que ciertos puntales de la Iglesia pueden y deben tener, ejemplificados aquí en este San Jerónimo que nos trae Maruxa ViIlalta.

Estas o las otras tesis con las que podría manejarse el trabajo —ya que dijimos que no se trata de una lectura excluyente— haría polémico e interesante el espectáculo a niveles teóricos, pero ahora debemos pasar a su concreción en el escenario.

En primera instancia y aun manteniéndonos dentro del dominio del autor, una de las dificultades que presenta es una especie de saturación didáctica, con base en la infinidad de datos que constantemente nos aporta. Algunos posiblemente por temor a la desinformación del espectador común sobre personajes y hechos sucedidos hace más de mil quinientos años, y otros por el simple regodeo intelectual de quien lo está dando (como los detalles de la iconografía del santo y la multiplicidad de pintores que lo plasmaron en sus telas). Esto vuelve pesado el material y lo sobrecarga de elementos secundarios, que bien podrían ser aligerados ganando en ritmo, limpieza y efectividad.

La disposición escenográfica de José de Santiago es sugestiva e inteligente en cuanto a los planos que usa, no así el vestuario que también le pertenece y es francamente primario en su deseo de escapar al naturalismo que sin embargo mantiene en algunos personajes.

También está por debajo del texto la labor de dirección (de la misma autora) que sigue la línea que ya mencionáramos para los vestuarios y que se prolonga asimismo en la labor de los actores, marcado seguramente por ella, hacia los resultados que podemos ver. Quiere decir esto que la estética del espectáculo es dispareja, pobre en muchos casos, excesivamente simplista pero no ingenua, como podría haber sido si se hubiera elegido esta vertiente, remontándose al teatro medioeval y a la representación que en él se hacía de la vida de los santos.

Es una lástima porque Una voz en el desierto, en mano de otro director un tanto herético en relación al texto, habría conseguido una interesante resolución escénica.

Escena de Una voz en el desierto, autor y director Maruxa Villalta, Foro Sor Juana Inés de la Cruz (Insurgentes Sur 3000, Centro Cultural Universitario, 665-1344); miércoles a viernes (20:30); sábado (19:00) y domingo (18:00 horas).