FICHA TÉCNICA



Título obra Anillos para una dama

Autoría Antonio Gala

Dirección Josefina Brun

Elenco Olga Martha Dávila, Alejandro Villeli

Espacios teatrales Foro de La Conchita

Referencia Bruno Bert, “¡Qué mujer!”, en Tiempo Libre, 27 diciembre 1990, p. 23.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¡Qué mujer!

Bruno Bert

Indudablemente el Foro de la Conchita ha logrado crear un núcleo de público que les acompaña en sus múltiples montajes, en sus diversas aventuras escénicas de cambiantes autores y directores, pero que sin embargo conservan un algo de imagen grupal y el sello del teatro independiente. A pesar que también han escenificado comedias, son los dramas, con sus climas densos de acuciante contemporaneidad, los que más han frecuentado ese pequeño espacio en una directa cercanía con el público asistente.

Ahora han elegido un material diverso, y éste tiene por nombre Anillos para una dama, una obra del dramaturgo español Antonio Gala (nacido en 1936 y ganador del premio Calderón de la Barca en 1963 con Los verdes campos del Edén, bajo la dirección de Josefina Brun, que aborda la figura de Jimena, la esposa del Cid Campeador. La obra tiene características de "novela histórica", aquellas que hicieron las delicias de nuestros antepasados en el siglo XIX, y se adentraron hasta bien avanzado el nuestro con biógrafos como Stefan Zweig y sus seguidores inmediatos, conservando el hálito romántico como uno de sus sesgos principales. En ellas, la fidelidad histórica queda al servicio de la demostración de determinadas tesis, en donde la pasión y la individualidad cobran un importante rango. Pero a su vez alternan, en este caso, con juegos verbales y de acciones, variando intencionalmente el sistema de pensamiento de los personajes originales, que se vuelven en muchas oportunidades nuestros contemporáneos por los valores que manejan. Esto es similar a lo que ya hiciera, por ejemplo, Jean Anouhil dentro de sus obras históricas, en donde Medea, Jasón o Antígona dialogan o piensan, en largos monólogos, como burgueses de la posguerra.

En Anillos para una dama se toma a Jimena cuando ya es viuda, a dos años de la muerte del Cid, es decir, sobre el momento final de la defensa de Valencia (vendría a ser el año 1101, después del cual se pierde el rastro de este personaje) y se contrapone su figura social con una supuesta apetencia de intimidad, de cotidianidad ahistórica, en donde la condesa desea simplemente ser mujer, volver a casarse y vivir su plano personal más allá de los ecos del poema épico, de las hazañas del muerto y los compromisos políticos, mientras que el entorno social se lo impide, obligándola a mantener una imagen que la aplasta y la anula.

A decir verdad, el tema de las "pobres reinas" que sólo desean amar y tejer calceta, escapando por los márgenes de un hieratismo histórico que las separa del común de los mortales, es viejo y muchas veces peligroso de tratar a niveles ideológicos, ya que, entre otras cosas, se reduce la historia a un juego entre los grandes protagonistas, a sus apetencias de poder y a sus intrigas de alcoba.

Aquí, como en otros antecedentes de este tipo de lectura, se mezclan por un lado parlamentos de un cierto interés literario con una visión minimizadora con sus angustias del amor y su sangrante corazón a flor de piel. No es que el material en sí resulte asombroso, pero es por lo menos atípico en este foro —y eso ellos mismos lo remarcan en el programa de mano— pero de una diversidad no encaminada hacia una superación de metas artísticas, sino más bien como un paréntesis en donde es de esperar que vuelvan a las rutas anteriores, con espectáculos que pueden ser discutibles pero indudablemente más ambiciosos.

Como es habitual en ellos, el foro está hábilmente utilizado con una interesante proposición espacial, aunque los elementos de escenografía y utilería provengan más bien de la reunión de materiales que simplemente tienen vagas reminiscencias de época, alejándose de cualquier ortodoxia que por otra parte tampoco hallamos en el texto, según hemos marcado más arriba. El trabajo de la dirección es correcto, dentro de los límites que la obra permite, y el desempeño de los actores tiene momentos muy disfrutables, sobre todo en Olga Marta Dávila (Jimena), por lo que de impulso y energía maneja; y en Valentina, asumiendo una criada que —en otros textos y contextos— bien podría asemejarse a la "Trotaconventos" del Arcipreste de Hita.

En definitiva, algo "ligero y bonito" (definición anónima oída a la salida) pero tal vez demasiado complaciente desde nuestro personal punto de vista.