FICHA TÉCNICA



Título obra Vincent

Autoría Alejandro Reza

Dirección Alejandro Reza

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Bruno Bert, “Prueba de autor”, en Tiempo Libre, 22 noviembre 1990, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Prueba de autor

Bruno Bert

Este año se cumplió un siglo de la muerte de Vincent Van Gogh, y en ese momenta se batió record de precios internacionales en la venta de uno de sus cuadros. Paradoja de quien en vida sólo logró colocar una tela, siendo que un catálogo actual de su obra abarca más de 850 pinturas. Se puede tomar el montaje de Vincent, espectáculo de Alejandro Reza dirigido por él mismo en el CUT, como un homenaje en este aniversario.

La obra se divide en doce cuadros e intenta, de alguna manera, captar los distintos aspectos que caracterizaron la vida y obra de este pintor, utilizando textos de sus cartas a Theo, el hermano menor; de Baudelaire, Rimbaud, Artaud y Gauguin, alguno de los cuales aparecen incluso en escena, todo esto con gran abundancia de apoyo sonoro, en fragmentos musicales de múltiples autores. Como hilo conductor, nexo entre imágenes y cierre, se halla la figura de una japonesa, seguramente elegida por la influencia que las estampas de este origen tuvieron en su pintura.

Cada uno de los cuadros que componen el espectáculo -claramente alejado del naturalismo- maneja diversas claves que, basándose en hechos históricos, recomponen alguna situación a partir de la visión del autor y director. Cuando acertamos a reconocer los antecedentes en los que se basa, comprendemos aproximadamente la circunstancia vivencial o anímica propuesta. Cuando no, nos quedamos frente a composiciones que debemos tomar por su valor climático e incluso casi pictórico, más allá de la comprensión racional de lo propuesto.

Allí desfilan las prostitutas a las que se sintió unido por lazos afectivos, artísticos o incluso apostólicos; la influencia de la vocación pastoral en la que fracasara antes de dedicarse a la pintura; sus preferencias en este arte, con elementos sobre todo de Rembrandt y Millet; la sensación de la enfermedad y el encerramiento; los personajes que lo rodearon durante los apenas diez años que dedicó al arte, y que desembocaron en el suicidio; la mitificación posterior de su obra o incluso elementos gestativos de su trabajo con frecuentes reminiscencias a cuadros tanto suyos como de otros pintores, que contaron dentro de su arco de desarrollo; cerrando finalmente sobre una diapositiva de su último trigal con cuervos.

Considerando todos esto desde el punto de vista teatral y artístico, el material se vuelve ambivalente: por un lado con una gran riqueza de materia prima, como si todo lo recolectado para el trabajo tuviera una gran fuerza de sugerencia y una enorme abundancia de imágenes; y por el otro, a niveles de composición, el espectáculo se vuelve débil, casi podríamos decir inconcluso, por una falta de mayor elaboración de cada etapa, eliminación del exceso y selección de lo más fuerte e interesante.

Puede ser, aunque sólo sea una hipótesis, que parte de este problema se deba a que el autor y director asume además actoralmente el papel de Vincent, es decir, se le exige una cierta omnipotencia multiplicadora de roles, que naturalmente dificulta la visión objetiva y externa de lo que se está montando. Esto es particularmente visible en el final, en el que las imágenes se vuelven reiterativas, previsibles e incluso un tanto complacientes hacia la figura de quien interpreta al protagonista. Aclaro los adjetivos empleados: es reiterativo que después de tirarse de su espacio y ser escogido por una monja con la que queda en una imagen de La Piedad se siga con un lento desnudamiento, que sólo conduce a una repetición de lo mismo; es previsible que estando semidesnudo y con un cuchillo en la mano para el suicidio recurra a la mutilación del muñeco que tiene a su lado; y es complaciente el desnudo crístico (simbólico pero innecesario) y todo el "gran final" de las dos últimas secuencias, que más alaba la vanidad de quien lo hace que aclaran o enriquecen un trabajo. Es posible que si todo esto hubiera podido ser observado por el director (en lugar de estar ocupado haciendo el papel), mucho se hubiera quitado en una síntesis más interesante.

Se trata entonces de un material que siento que hubiera necesitado más tiempo y objetividad para su traslado al público, con sugerencias muy ricas, con antecedentes e ideas completamente válidas, pero también con un bajo criterio crítico a la hora de la selección y pulido final. Valdría la pena re-verlo para una segunda versión, cosa muy frecuente en la pintura pero que pocos teatristas consideran como válida.

Escena de Vincent autor y director Alejandro Reza, Teatro Reforma (Paseo de la Reforma y Burdeos, Juárez, 211-3622); jueves y viernes (20:30); sábado (19:00)y domingo (18:00 horas).