FICHA TÉCNICA



Título obra Los negros pájaros del adiós

Autoría Óscar Liera

Dirección Raúl Quintanilla

Elenco Zaide Silvia Gutiérrez, Diana Bracho, Luis Mario Moncada, Laura Almela

Escenografía Germán Castillo

Espacios teatrales Teatro Wilberto Cantón

Referencia Bruno Bert, “Los negros pájaros del adiós”, en Tiempo Libre, 15 noviembre 1990, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Los negros pájaros del adiós

Bruno Bert

Raúl Quintanilla, en el teatro Wilberto Cantón, acaba de estrenar la última obra de Oscar Liera: Los negros pájaros del adiós, con escenografía de Germán Castillo. Lo primero que llama la atención es como Liera pasa de las habituales temáticas de índole social que suele manejar en sus otros trabajos, a una proposición intimista en la que no quedan muy claras las intenciones.

El eje de la obra se estructura a partir de dos personajes: un muchacho de provincia y una maestra francesa radicada en México que intentan una relación de pareja. Como fondo inmediato se halla una mesera y una compañera de estudio del joven. El carácter de los dos protagonistas parece opuesto entre sí ya que se enfrentan los elementos estructurales de la identidad de la mujer con un nebuloso sentido de la libertad y la imaginación del varón. Ella maneja el estilo de comportamiento intelectual europeo, con sus contradicciones entre posiciones muy liberales y rígidos parámetros éticos, una gran valorización por la cultura y un sentido de libertad, que en definitiva se vuelve estrecho. El muchacho juega una situación de atracción-rechazo hacia esos valores, a los que sólo puede contraponer sus sueños, en los que se tejen reiterativamente unos negros pájaros que vienen del mar y un pequeño barco en el horizonte que nunca es visible para los demás. Sus aspiraciones políticas e intelectuales poseen un carácter libertario pero carecen de madurez.

Instinto y razón, madurez y juventud, sueño y vigilia, los componentes de la pareja intentan la integración a partir de un afecto real pero sólo logran ''ocuparse" mutuamente, como un ejército que sitia lo mejor que el otro posee de si y lo obliga a la huida que pronto será regreso en una situación de deseo-conflicto que se reitera hasta el final, en el que aquellos pájaros se vuelven reales para ambos, pero con sentidos opuestos, dejando un lugar para que se introduzca la muerte.

Tal vez lo más rico e interesante de Liera —en su material — sea su forma compositiva. La estructura de contrapunto que compone, no solamente muestra una gran habilidad narrativa, sino también un profundo conocimiento del teatro y de las posibilidades que éste otorga al autor cuando, como en el caso de Liera, conoce por experiencia personal el manejo de puesta y dirección.

Los negros pájaros del adiós, fue un material de despedida de este escritor que falleciera hace apenas unos meses, cuando tenía 42 años, y nos confirma que la pérdida que nuestro teatro tuvo con su muerte fue seria, ya que su proceso de evolución estaba en pleno ascenso. A las dudas que se nos pueden imponer en lo temático se le opone un fuerte manejo de la estructura y una interesante capacidad para el diálogo.

En lo que hace a la puesta, Raúl Quintanilla nos entrega un producto muy limpio, muy prolijo formalmente hablando, pero tal vez echemos de menos la oníria y la sensualidad que entrevemos en el libro. En el espacio escénico se nos propone la presencia de la naturaleza (árboles y mar) en oposición con los lugares internos de la reflexión, delimitados físicamente por un área de frontera representado por una pasarela circular. Esta distribución espacial y escenográfica de Germán Castillo coincide justamente con esas alternancias de los personajes, pero son usadas sólo en su primer posibilidad, en la más directa e inmediata. Nunca el horizonte, el agua y la vegetación se vuelven visiblemente el espacio de la imaginación, de los sueños internos del hombre, con sus negros pájaros, presentes no por ilustración sino por sugerencia del clima. Por otra parte, en el binomio instinto-razón es mucho más visible la segunda que el primero y sin embargo, la sexualidad, el impulso de los sentidos, el valor de la piel y la contradicción del deseo son un componente nada desdeñable de la obra. El montaje es como una foto con buena definición pero con muy poca profundidad de campo en lo que a la subjetividad hace.

El trabajo de los actores es correcto, pero paradójicamente, la labor más destacada se halla en un personaje relativamente secundario como es el de la mesera, encarnado por Zaide Silvia Gutiérrez, cuya composición y equilibrio está absolutamente logrado. La pareja principal, asumida por Diana Bracho y Luis Mario Moncada, por la misma concepción de puesta, tiene un buen desarrollo primario, pero nos quedamos con ganas de ver la trastienda de las palabras en sus cuerpos. Laura Almela, como la "amigo" del protagonista muestra una sugestiva construcción entre ambas polaridades.

En definitiva, un trabajo interesante en muchos de sus renglones, que deja la apetencia de una mayor profundización.

Zaide Silvia Gutiérrez y Diana Bracho en Los negros pájaros del adiós, de Oscar Liera, dirección Raúl Quintanilla, Teatro Wilberto Cantón (José María Velasco 59, San José Insurgentes); jueves y viernes (20:30); sábado (19:00) y domingo (18:00 horas). Fotografías de Luis Fernando Moguel.