FICHA TÉCNICA



Título obra Los niños del jazminero

Autoría Julián Sánchez Prieto

Elenco Juanito Valderrama, Manuel Serapi Sánchez (Niño Ricardo), Malena Montes, Luisita de Triana, Juan Calvo, Marín de Castro

Escenografía Galvan

Vestuario Maritza

Grupos y compañías Compañía española de Juanito Valderrama

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Referencia Armando de Maria y Campos, “El debut de Juanito Valderrama en el Arbeu con Los niños del jazminero. Lo que va de ayer a hoy en cantes y bailes flamencos”, en Novedades, 10 mayo 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El debut de Juanito Valderrama en el Arbeu con Los niños del jazminero. Lo que va de ayer a hoy en cantes y bailes flamencos

Armando de Maria y Campos

¡Qué fino el cante de Juanito Valderrama y qué fino el estilo de este cantaor de Jaén –de Torre del Campo, precisamente–, creador él mismo, como poeta popular de sus cantes, muy antiguo y muy moderno, como lo definiría Rubén Darío si al vate de Nicaragua le hubiera alcanzado la vida para oír al cantaor de Andalucía! Juanito Valderrama ha creado un nuevo cante, que ha extraído de la cantera de "sus" clásicos, el "grande" o el "chico", el de las minas o el de Levante, sus vetas más puras y profundas, y las ha fundido en el crisol de su garganta prodigiosa –¡nidal de ruiseñores sopranos y de jilgueros tenores!–, con los más brillantes y no por aparentemente fáciles menos difíciles que los "antigüísimos" de chacón, "Fosforito", Juan Breva o Vallejo, estilos modernos, de "ahorita" mismo, accesibles al oído frívolo o "payo".

A la sombra de los olivares de Jaén, entre las salinas de San Fernando y las dunas del Guadalquivir –¡qué cerca de Cazorla, inicial del maravilloso río embrujado!– empezarían a trinar, porque sí los ruiseñores que, por gracia de Dios, anidan en su garganta y sin que nadie se lo enseñara rompería a cantar Valderrama, ya desde su primer trino jipiado reformador de los estilos antiguos de cante clásico: la seguiriya, el martinete, la soleá o la malagueña. ¡Solera pura! Artista personalísimo, de estilo tan fino que lo perfila como estilista, Valderrama tampoco siguió los trillados caminos del cante de pandereta –o con pandereta–, ni se inspiró en los estilos personales de los cantaroes que le habían precedido en fama, sino que ritmo, compás, medida y sentido propios, desde que pisó las tablas fue distinto: claridad y hondura, sencillez y agilidad prodigiosa en el gorjeo; él mismo, no más ni menos. Al mismo tiempo nacieron en él intérprete y el creador. Dueño y señor de un doble don, el de ayer y el de mañana, canta todo lo antiguo, pero vistiéndolo con las ropas modernas de su estilo, y por fandanguillos, zambras y boleros gitanos hasta por paso doble, alfa y omega del arte muy de ahora y más de ayer.

Al frente de una magnífica compañía de comediantes y de bailes y con el gran guitarrista "Niño Ricardo" –o Manuel Serapi Sánchez que así se llama en la vida civil–, Juanito Valderrama ha hecho su presentación en el Gran Teatro Arbeu con un éxito pocas veces registrado en México. Éxito grande para él, y para toda su compañía que representa, canta y baila muy requetebién un sainete –vestido de coplas– de ambiente andaluz, de Julián Sánchez Prieto –el Pastor Poeta–, que no es sino un amable y gracioso pretexto, casi un guión teatral, para que Valderrama actúe como protagonista, y cante y cante, sin fatiga ni descanso, prodigándose, deseoso de meterse en el corazón de todos los espectadores, y arrastrar con él a sus primeras bailarinas Malena Montes y Luisita de Triana y a Niño Ricardo y a Juan Calvo, y a Marín de Castro y a sus veinte o treinta bailarines y bailarinas. Un decorado de Galván muy bien ambientado, y vestida la obra por Maritza, hacen de Los niños del jazminero, la obra estrenada, un gran espectáculo. La presencia del "divo" andaluz en casi todas las escenas le da a estas representaciones una calidad de excepción.

Valderrama define el arte de cantar como él lo hace, en las primeras escenas de Los niños del jazminero. Representa un lazarillo de ciego, disfraz detrás del que esconde el niño del jazminero, dueño del cortijo de ese nombre, ardid que le permite visitarlo de "incórnito", como dice un personaje de la obrilla.

Morón, un cortijero, pregunta al lazarillo (Juanito Valderrama): –¿Y tú, dónde has aprendido ese cante? Responde Valderrama: –Por el mundo. Morón: –¿Quién te lo enseñó? Valderrama: –Yo mismo. El cante se lleva dentro... ¡o no se tiene!... Que es un clavel del sentir que sale tan expresivo de la maseta del alma, que ya brota florsío. Cerote: –Tóo se aprende, Valderrama: –¡Sí señó! Menos er cante. Julio: –¡Chiquillo! Valderrama: –Que er cante, es carne y por eso nase con el individuo:

Se adquieren con la fortuna...
riquesas y poderío;
se adquieren con la fortuna.
Pero er cante es sentío;
se lleva desde la cuna,
como yo llevo este mío.

Y ya no cesa de cantar Valderrama durante toda la noche, lo que marca el libro y lo que él regala al público: Por soleares cuando en el Vaquero personifica el sueño de una mosita; en seguida por fandangos Campana cascabelera; otro fandango: Al cortijo de mi amor...; por soleares: ¡Mare, la voy a queré!; otra vez por soleares: Mira qué bonita era... En seguida por malagueñas: Que en tu lamento desía... Aquí intercala un bolero flamenco titulado El emigrante, y termina la primera parte del espectáculo con un fandango:

Porque el dinero te sobra...
no ofendas al pordiosero
porque el dinero te sobre;
que no es bastante el dinero
para dejar de ser pobre
si quieres ser caballero...

Frente al Cristo de los Faroles, en Córdoba, a donde la fantasía y la libertad del autor trasladan al niño del jazminero y al público, Valderrama canta "antigüísimo" y actual, por soleares, milonga y alegría, un primor de pasado y presente del cante andaluz, y no cesa de cantar –y eso que también lo hacen la Malena Montes y los actores que saben o tienen que hacerlo, ya cuando baila Luisita de Triana, ya cuando lo hace, por alegrías y bulerías, la Malena, esa chiquilla sevillana que derrama sal si baila o canta, y al que le cantaría, si supiera hacerlo, por lo bajito:

Eres perla de las perlas,
lusero de los luseros;
eres parma de las parmas,
salero de los saleros.
Eres er sé de los seres,
eres sirena der má,
eres morenita y tienes
salero, sandunga y sal.