FICHA TÉCNICA



Título obra La ópera de los tres centavos

Autoría Bertolt Brecht

Dirección Manfred Wekwert

Música Kurt Weill

Grupos y compañías Berliner Ensemble

Referencia Bruno Bert, “La voz de los que llegan”, en Tiempo Libre, 9 agosto 1990, p. 11.




Título obra Entre las ramas de la arboleda perdida

Autoría Rafael Alberti

Dirección José Luis Alonso

Elenco Luis Pellicena

Referencia Bruno Bert, “La voz de los que llegan”, en Tiempo Libre, 9 agosto 1990, p. 11.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

La voz de los que llegan

Bruno Bert

Brecht / Weill/ Berliner: El brillo de los nombres

Esta obra de Bertolt Brecht y Kurt Weill fue estrenada bajo la dirección del primero en Berlín, en 1928, y significó en esos momentos la consagración de sus nombres. Ambos habían tomado los elementos de la trama de una ópera que contaba ya con dos siglos (La Beggar's ópera de Pepusch y Gay) y que había denunciado en su época, en forma de parodia, la supervivencia del poder feudal en los momentos del nacimiento del capitalismo. Los creadores la actualizaron manteniéndose fieles a la estructura originaria, pero sucedió que la pretensión de crítica fue casi tomada como apología y la figura de Mackie "Navaja" bordeó la del "Héroe" en contra de las intenciones de Brecht. Era un momento en que tanto técnica como ideológicamente Brecht recién comenzaba un camino de transformaciones que lo llevaría a la madurez. Muchos años más tarde escribiría una Novela de los tres centavos en donde intenta modificar críticamente lo que él mismo consideró como errores de su ópera. De todas maneras la estructura del material, las ideas básicas que desarrolla (el canibalismo del hombre contra el hombre en un contexto determinado), la música de Weill, el tipo de montaje que incorpora elementos del cabaret y el sistema de actuaciones propuesto, hacen de La ópera de los tres centavos una de las obras más mencionadas e interesantes del autor alemán. El que hoy la hayamos podido ver de manos del Berliner Ensemble (La compañía que Brecht fundara en Alemania Democrática en 1949) duplica su interés ya que el famosísimo grupo ha sido durante décadas como el portavoz oficial del teatro Brechtiano, y por ende el que supuestamente maneja sus técnicas con mayor fidelidad. Es la primera vez que dicho grupo visita nuestro país y las expectativas lógicamente eran muy altas. Su director, Manfred Wekwert, pasa por ser un renovador, pero para aquellos que no hemos tenido oportunidades anteriores de confrontar otras puestas del Berliner, se nos hace como difícil visualizar en qué consiste tal modernización. El montaje presenta todas las características de lo que habitualmente llamarnos Brechtiano, ya sea porque la obra misma lo impone, o se encuentre esto en el sistema de actuación y montaje: allí está la base expresionista que alimentara a Brecht en su momento; la estructura entre cabaret y circo; el manejo de figuras que van desde un casi naturalismo en los personajes centrales al sistema de figuras-máscaras en los periféricos; la ruptura de cualquier posibilidad empática no sólo por marcación de obra sino también por el manejo de cuerpos y situaciones en los roles fundamentales; el sentido de "espectáculo"; la comunicación directa con el público, etc. En fin, todo lo que integra este tipo de visión teatral.

Indudablemente se trata de un espectáculo de calidad donde cada uno de los renglones que analizáramos (actuación, puesta, vestuario, música, maquillaje, luces, etc.) encontraríamos solvencia y un muy buen conocimiento de las bases de trabajo. Y todo esto no es de extrañar en un grupo que tiene cuarenta años de vida y un prestigio mundial. Lo que asombra es que a pesar de todo lo mencionado, es decir, a pesar de todas las virtudes, a mi entender olvida cumplir uno de los postulados básicos de Brecht: Entretener. El espectáculo es largo (unas tres horas) y por momentos tedioso. Tal vez esto se deba en parte al hecho de que naturalmente está en alemán, un idioma que en general el público no maneja (ni yo tampoco). Sin embargo, la obra se comprende, el desglose en el programa de mano es muy claro y aún para los que no hubieran leído el original las acciones resultan perfectamente inteligibles. Y a pesar de esto nuestra atención se acabalga más sobre el brillo de los nombres (Brecht - Weill - Berliner) que en la realidad de lo que sucede sobre el escenario... en donde todo está muy bien, ya lo dijimos, pero se hace interminable, con frecuentes claros de público que se marcha. Desde mi punto de vista es la pretensión didáctica de este teatro lo que produce no sólo el distanciamiento deseado sino también un cierto desapego y en última instancia el desinterés. Lo que hace sesenta años era una vanguardia hoy ha dejado necesariamente de serlo, quedándose un cierto olor a antigüedad: con el prestigio, claro, de los viejos profesores que dijeron su verdad con dignidad y energía, que merecen homenajes, pero que ya resultan un tanto aburridos. Aclaro que no intento la ligereza de sepultar con dos palabras el teatro Brechtiano, sino simplemente constatar que en la práctica me han atraído más algunas reelaboraciones hechas en nuestro medio hace algunos años.

Alberti, Paz y Pellicena,"Desde la otra orilla"

Y hablando de viejos maestros, es lógico que repasemos el material que nos viene de España. Se trata de un espectáculo unipersonal dirigido por José Luis Alonso e interpretado por José Luis Pellicena, con textos de Rafael Alberti, que narra su vida e integra fragmentos de su poesía. La presencia del mismo Alberti en sala, recibido por las palabras de Octavio Paz, dieron a la noche un cierto sentido de emotividad. El poeta tiene casi la edad del siglo y su presencia viva era como un testimonio de las luchas y contradicciones de un arco tan dilatado de tiempo. Paz lo había conocido aquí mismo en su visita anterior... ¡en 1935! eran épocas de coincidencia ideológica. Ahora esa identidad ha desaparecido hace tiempo y el poeta mexicano lo recibió '"desde la otra orilla", según sus propias palabras, pero el respeto y la admiración continuaban vigentes y se testimoniaron en público abrazo. Por su parte Pellicena es indudablemente un excelente actor, capaz de mantener el interés del público por cerca de una hora y media en un escenario prácticamente vacío, sin escenografía alguna, casi sin acciones y con un material que apenas si pedía alguno que otro apoyo de luz y sonido. Un texto difícil, como una larga plática confidencial al público, en primera persona, en donde se narran ambiciones, sorpresas, desencantos y el encuentro con hombres como Picasso, Buñuel, Dalí, Neruda, Machado, Jiménez... Pero nada en definitiva cuya trama contuviera una verdadera relevancia. De hecho el texto en sí no es importante y es solamente el actor el que transforma estos recuerdos en algo que pueda interesar a quien lo escucha.

En fin, dos noches con la nostalgia, válidas en sí por todo lo que conllevan, pero débiles desde el punto de vista estrictamente teatral. En ambos casos —Alemania y España— son voces que provienen del pasado.