FICHA TÉCNICA



Título obra Alarido

Autoría Tennessee Williams

Dirección Eduardo Ruiz Saviñón

Elenco Elena de Haro, Luis Miguel Lombana

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Bruno Bert, “¿... Y Tennesse?”, en Tiempo Libre, 2 agosto 1990, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¿... Y Tennesse?

Bruno Bert

Al parecer es la última obra de Tennesse Williams (1914-1983); en lo personal nunca había tenido acceso a ella y se trata de un estreno para México, realizado ahora en el Foro Shakespeare. El material, que maneja un doble título: Alarido o La obra de dos personajes, presenta a la vez elementos afines a las temáticas habituales trabajadas por Williams con otros totalmente alejados de su manera de escribir y concebir el teatro. Entre los primeros podemos contar la presencia de la angustia, la marginación, el fracaso y la cercanía a los estados psicopatológicos. Entre los segundos, lo que más sorprende es la ausencia de una estructura convencional de sostén a las que era tan afecto el autor estadunidense. Aquí el material se disuelve, se licúa, hasta casi volverse informe, divagante tanto en la estructura como en el texto. La claridad narrativa que se halla habitualmente en sus obras aquí desaparece por completo. ¿Quiénes son esos dos personajes que vemos en escena? ¿Dos hermanos que juegan a ser actores, o dos actores que interpretan a dos hermanos? ¿Se hallan realmente en un teatro de provincia, como lo da a entender el texto y la escenografía, o están internados en un manicomio? ¿O tal vez se encuentran en su casa de la que hablan todo el tiempo cuando interpretan La obra de dos personajes ¿Qué historia nos narran de muerte, culpas y soledades? ¿Hay, en realidad, alguna historia? Ellos mismos dicen en un momento: "Estamos demasiado cansados como para decir algo con sentido". Y así el material se vuelve como inaferrable.

De todas maneras no importa tanto que sea un Williams diverso al que solemos conocer, lo importante son los resultados, que ahora evaluaremos a partir de la visión de la puesta. En lo que se refiere a esto último es interesante constatar que los dos únicos actores de Alarido —Elena de Haro y Luis Miguel Lombana— ya han trabajado con Eduardo Ruiz Saviñón —responsable de la dirección— en montajes anteriores, y que éste último ya trató un tema similar hace unos años en Juegos profanos, de Carlos Olmos, donde también se halla a dos hermanos, encerrados en el ámbito de una casa, en un estado psicológico desquiciado, jugando al teatro dentro del teatro. Todo esto tiene importancia porque Saviñón suele gustar de las puestas expresionistas, con fuertes elementos oníricos y macabros, en donde el cuerpo y la voz de sus actores semejan mucho a una máscara desgarrada y cambiante. Su estilo es muy personal, y si mal no recuerdo debo haber elogiado casi todos sus trabajos porque me resultan muy atractivos, con la coherencia que da la elección de materiales afines y el entrenamiento de un grupo de actores que van transitando algunos de sus montajes, habituándose a la dirección y al lenguaje de este artista. Pero aquí sí se produce un quiebre al cruzar el material de Williams con el estilo de Saviñón y sus actores. Nos encontramos en el mundo de Saviñón mucho más que en el de Williams, y los intérpretes pertenecen totalmente a esa área en donde las emociones se transforman en gestos y modulaciones vocales controladas por una propuesta formal.

Son máscaras inquietantes, personajes que hacen otros personajes en un laberinto de identidades; estructuras, sombras y fantasmas de individuos, pero nunca personas sufrientes, nunca seres de carne y hueso. Sólo entidades suprarreales representando el dolor y la locura. Lo más rico del teatro de Saviñón es justamente esto, y si aquí la virtud parece volverse defecto es porque el material elegido carece de los elementos que en las puestas anteriores permitían a estos muñecos dramáticos el desarrollo de su búsqueda de encarnación.

Allá, ideas, entes y espectros jugaban al teatro tratando de alcanzar al actor como soporte vivo que les permitiera vivir a su vez. Aquí, el punto de partida es el contrario: el hombre que se disuelve hacia lo informe y la oscuridad, dejando trozos de vida y sentido a cada paso. El teatro de Williams aquí se disuelve, junto con sus personajes y el sentido lógico de sus palabras. Debiera ser como un baño en ácido. Pero Saviñón y su elenco nos dan desde un principio el punto de llegada —tal vez por una concepción de estilo y forma de trabajo— y entonces nos queda escatimada la parte en donde el cuerpo y la razón se disuelven, y sólo percibimos el juego formal. Aquí la agilidad se vuelve sólo velocidad y las acciones movimiento: el choque de las dos propuestas bloquea a ambas neutralizándolas en gran medida. A pesar de la entrega de los actores, del trazo de Saviñón y de la última, entre disolvente y disuelta, obra de Tennesse Williams.

Elena de Haro en Alarido, de Tennesse Williams, dirección Eduardo Ruiz Saviñón, Foro Shakespeare (Zamora 7, Condesa, 553-5244); martes a viernes (20-00); sábado (19:00) y domingo (18:00 horas). Fotografías de Luis Fernando Moguel.