FICHA TÉCNICA



Título obra Un domingo llueve en verano

Autoría Edgar Alexen

Dirección Édgar Alexen

Elenco Mauricio Rodríguez

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Bruno Bert, “Llovizna”, en Tiempo Libre, 26 julio 1990, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Llovizna

Bruno Bert

Todos debemos algo a los que nos precedieron en una tarea. A eso se le suele llamar influencia, y si no viviéramos en una época en la que la apetencia de novedad es fundamental, la fidelidad a esas enseñanzas sería la línea lógica a seguir en forma abierta. Eso era muy apreciado antiguamente y sobre este concepto se desarrolla todo el teatro clásico oriental. El tema viene al caso en el espectáculo que acabamos de ver: Un domingo llueve en verano en el Juan Ruiz de Alarcón, cuyo autor y director es Edgar Alexen.

Creo -no estoy seguro- que se trata del primer trabajo que realiza asumiendo los dos roles mencionados, y la influencia de la que hablábamos proviene de un montaje anterior en el que Alexen participara como actor. Bailando una pieza sin música de Pablo Mandoki, una interesante puesta que no sólo estuvo en temporada sino que también participó en festivales nacionales e internacionales. Por supuesto no se trata de un traslado lineal y en la obra hay interesantes elementos pertenecientes a la iniciativa y creatividad del nuevo director. Sin embargo, no se puede negar una corriente que subyace a toda la obra que reconoce sus antecedentes inmediatos en el material de Mandoki.

El problema es simplemente de identidades. Un creador perfila un estilo; un seguidor trata de ser fiel al modelo; los que comienzan, en cambio, manejan una bipolaridad: no pueden evitar incorporar elementos directos del estilo del otro, pero al intentar un nuevo camino, los enfrentan con una búsqueda de lo propio. Así, en estas etapas iniciales, el material es ambiguo, aún demasiado cercano a la tutoría, y lejos todavía de la identidad buscada que terminará plasmándose a lo largo de un recorrido cuyos tramos iniciales estamos viendo. Sin embargo, es profundamente respetable, si no queremos caer en lo de aquel director famoso que se vio obligado a empezar por su segunda obra. Nunca tuvo la oportunidad de ser un principiante. Edgar Alexen tal vez lo sea y aún se ven en su trabajo las trazas de origen; pero hay pasta, hay buenas imágenes, hay algunas ideas originales y un sentido muy respetuoso del trabajo que se agradece desde platea. Me refiero a un trazo prolijo, limpio, con todas las ganas de seguir un camino serio dentro de la creación teatral. Es imposible predecir cuál será su lenguaje definitivo, qué estilo propio terminará fraguado, pero es bastante posible que logre uno a juzgar por las imágenes de Un domingo llueve en verano, y eso no es poco decir.

El tema es el afecto y la pareja, pero también la memoria y el juego con el tiempo. Con una plasmación estética que recuerda a las imágenes bidimensionales del cómic o de ciertas caricaturas en el cine. El contraste entre un fondo blanco y negro y el perfil riguroso de los personajes en color crea, con el movimiento entrecortado, la sensación de una estructura trunca en la que las pausas son más importantes que las acciones y los silencios más significativos que las palabras. Un concepto que reconoce puentes claros con las varias artes aquí convocadas al espacio teatral, para articular un lenguaje provocativo y de muy difícil manejo y dosificación.

El exceso de algunos elementos, la caída en la narración, el ritmo y la duración total del trabajo se vuelven un aparato de relojería que aún Alexen no maneja con mucha habilidad. Incluso así, no deja de resultar interesante participar de alguna manera de esa experiencia. Tal vez suceda que suelo gozar más -a veces- con los errores fértiles que con los fosilizados caminos ya probados que nunca presentan sorpresa alguna. El riesgo y algunos desvíos no invalidan un proceso. Claro que el público quiere sólidos resultados y puede que tenga razón, pero por ahora no es desdeñable seguir la búsqueda de quien posiblemente llegue a ser buen director.

Mauricio Rodríguez en Un domingo llueve en verano, autor y director Edgar Alexen, Teatro Juan Ruiz de Alarcón (Insurgentes Sur 3000, Centro Cultural Universitario, 655-1344); miércoles a viernes (20:30); sábado (19:00) y domingo (18:00 horas). Fotografías de Luis Fernando Moguel.