FICHA TÉCNICA



Título obra Stand By

Dirección Paco Giménez

Elenco Andrea Christtiansen

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Bruno Bert, “Los personajes de Beckett”, en Tiempo Libre, 12 julio 1989, p. 37.




Título obra Mejor la obscuridad

Autoría Samuel Beckett

Dirección José Enrique Gorlero y Martín Acosta

Elenco Rocío Rodríguez, Carmen Torres, Guillermo Servín, Dardo Aguirre, Gerardo Curiel, Carlos Cabral

Escenografía Arturo Nava

Vestuario Lucile Donay

Referencia Bruno Bert, “Los personajes de Beckett”, en Tiempo Libre, 12 julio 1989, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Los personajes de Beckett

Bruno Bert

Este parece ser un año especialmente rico en trabajos unipersonales y en incursiones por el teatro del silencio. Stand by une ambas circunstancias en la actriz Andrea Christtiansen, bajo una idea de ella misma y con la dirección de Paco Jiménez. Posiblemente, estructurando la secuencia de imágenes, se halle un eje narrativo que a veces se nos escapa, dada por un lado la ausencia de la palabra, y por el otro el no transitar en un espacio de convenciones naturalistas. Hay una mesa, dos sillas, dos platos, dos copas... y una sola persona. Por ahí, por el lado de la espera y de la ausencia debe seguramente correr esta historia. Pero en realidad lo que importa es el tratamiento que la actriz hace de su presencia en escena.

Su cuerpo y rostro apenas si exceden el plano de lo cotidiano, pero las técnicas que maneja para ambos permiten significar particularmente expresiones y gestos. Allí, la emotividad se encuentra como subyacente, nunca explicitada sino apenas por comentarios que ojos, manos o partes definidas de su cuerpo nos transmiten en la ambigua relación que mantienen con el espacio y con los objetos. Esto último es fundamental porque su juego de relaciones va dando nuevo sentido e cada elemento, permitiendo que el peso de le sorpresa pase directamente al espectador Así, la mesa se transformará en una cama elástica; una silla se desintegrará al menos contacto; las copas se subvierten en su manejo y significado y una montaña de arroz se transformará en los granos de arena de un posible reloj interminable. Las relaciones de cuerpo con las cosas asumirán un erotismo distanciado pero de terrible eficacia. El elemento de vida y muerte, de cotidianidad y oniria se mezclan y entrelazan durante toda la obra.

Siguiendo esto, el interno y externo del teatro se fusionan literalmente, ya que las puertas del Santa Catarina se abren y ella abandona la escena por un largo instante para reingresar luego mientras seguimos viendo e jardín y aún la calle. Los tramoyistas cruzar el espacio, observan el trabajo y se retirar para, minutos después, volver a pasar generado un doble tejido en el que realidad y teatro colindan y se integran, dejando a la actriz como bisagra entre esos dos mundos que generalmente en el teatro de cámara no si conectan. Pero esto corresponde también; una transición en donde la relación con objetos inertes pasa a convertirse en vinculación con seres vivos, como un pez o un caballo, de las formas más insólitas. Encadenado esto por un "compañero" tan particular come un pollo real, muerto, pelado y crudo aún. Un cadáver, en definitiva, que ella vincula a sus juegos, sus búsquedas, su espera y erotismo de la forma más natural y sin embargo inquietante. Tiene algo de obsceno ese cuerpo que habitualmente ubicamos sólo como objeto alimentario o, hecho de estopa y látex pasa a ser un claro elemento de utilería sirve a veces en los juegos de los payasos.

Aquí hay que recordar que Andrea Christtiansen, en otra de sus identidades artísticas es la payasa Pimpolina, lo que permite comprender todas las sugerencias circenses que están presentes en Stand by. Pero esa raíz d circo es sólo un componente y el discurso creativo se vuelve más amplio y rico. Desde que ya no es un espectáculo complaciente mucho menos lineal, y podríamos marcar talvez la ausencia de una mano firme por parte de la dirección. Esto alarga a veces las escenas, altera algunos puntos de foco o incide sobre el ritmo. Una revisión en este sentido no le vendría mal, pero de todas maneras el producto es genuinamente válido y especialmente recomendable para los que deseen ver algo fuera de los cánones rutinarios de la narración teatral.

La reapertura de la Gruta, el foro que se halla en el complejo del teatro Helénico, acaba de realizarse con una puesta y dentro de un plan de trabajo que permite suponer la posibilidad de rescatar ese espacio del crónico vacío de público que normalmente le conocimos. El plan a que nos referimos implica a ocho creadores que alternarán sus puestas en temporada doble y simultánea entre la Gruta y Casa de Lago, con el apoyo de la UNAM y el INBA. Así, como pareja inicial, pudimos ver hace un par de semanas en el Foro Rosario Castellanos El Marinero, la obra de Pessoa dirigida por Enrique Singer, que ahora cobra su complemento en Mejor la obscuridad, título genérico dado al montaje de cinco pavesas de Samuel Beckett bajo la dirección de José Enrique Gorlero y Martín Acosta.

Hay un interesante texto de Jean-Pierre Sarrazac que puede ponernos en la línea justa para la comprensión de este montaje: "El personaje beckettiano, si por comodidad continuamos hablando de personajes en el caso de este autor, es una voz y un cuerpo desvinculado. Un cuerpo obsesionado por su aniquilación, por el regreso al estado inorgánico, a la paz de la tierra, a la arena, a las cenizas o a la involución fetal. Voces ocupadas casi exclusivamente por la rememoración del pasado. El teatro de Beckett se organiza alrededor de este único gesto: la doble compulsión del cuerpo y los recuerdos".

Efectivamente, si nos atenemos, por una restricción de espacio para la nota, exclusivamente a la propuesta de Gorlero-Acosta, lo que vemos es un mundo a posteriori de la vida, un rincón oxidado fuera del sol, sin una brizna de vegetación; un ángulo donde las construcciones humanas han perdido sentido funcional y sólo son hierro y concreto como testimonio de la ruina dual, interna y externa, del hombre. El laberinto intestinal donde en lugar de pulular ratas se arrastran y ocultan despojos humanos: los personajes de Beckett.

Hay que admitir que la propuesta de Arturo Nava cobra a niveles escenográficos total unidad con la concepción del autor y con la visión de los directores, formando parte del tejido del discurso con predominio de grises y óxidos como textura básica, complementada con el acertado diseño de vestuario de Lucile Donay. Allí, asumidos por seres cuyos nombres son apenas algo más que una onomatopeya, constatamos la pertinencia de las observaciones que recién transcribiéramos de Sarrazac: la compulsión que desgarra los cuerpos se halla siempre en primer plano o delineando los fondos. Sea entre una caricaturesca estructura de madre e hija; entre un ciego y un mutilado, entre un grupo de torturadores y torturados, entre masturbaciones interminables, vómitos o seres inmóviles, encorsetados en trajes ortopédicos. Cuerpos que no terminan ni de formarse ni de disolverse, empantanados en discursos que disgregan toda intención psicológica para trabajar con un tejido textual en descomposición. Rememoración, sí, de un pasado cuyas circunstancias meticulosas cuanto más claras se muestran menos sentido adquieren.

Ciertamente resulta difícil tratar sobre Beckett, porque se ha tendido sobre él (y a pesar del él) un manto de lugares comunes como una necesidad para la "comprensión" de su obra; en donde los tópicos como la deshumanización, la simbología, los elementos metafísicos, la mutilación corporal y verbal, etc. tendieron a fijarse en el análisis superficial capaz de tranquilizar a sus hacedores. Una manera al fin de neutralizar la disolvencia del irlandés. Los directores, en este caso, rescatan aquello de más rico en la veta beckettiana incorporando, incluso a niveles actora-les, un elemento de contradicción que vuelve aún más interesante el trabajo: la construcción de estos seres, por obvias razones, se aleja del naturalismo. No son in vivo como diría un analista, sino in vitro. Sin embargo, entre esos cuerpos inhumados y esos textos di solventes se les inserta una angustia metafísica que se transforma en exasperación, provocando una tensión agónica de base que permite que el juego teatral constantemente puntualizado adquiera una temperatura que queda incorporada hábilmente a la lectura del espectador.

Los actores —Rocío Rodríguez, Carmen Torres, Guillermo Servín, Dardo Aguirre, Gerardo Curiel y Carlos Cabral— logran, a partir de una hábil dirección y su propio talento en el trabajo, un espectáculo a un Beckett siempre recordado pero muy poco solicitado por nuestros directores de escena. Un espectáculo que vale la pena ver.

Andrea Christiansen presenta Stand By dirección Paco Giménez, Teatro Santa Catarina (Plaza de Santa Catarina 10, Coyoacán, 658-0560); miércoles a viernes (20:30) sábado (19.-00) y domingo (18:00 horas).