FICHA TÉCNICA



Título obra El marinero

Autoría Fernando Pessoa

Dirección Enrique Singer

Elenco Claudette Maille, Monserrat Ontivero, Georgina Tábora

Espacios teatrales Teatro Casa del Lago

Referencia Bruno Bert, “Marinero de puertos lejanos”, en Tiempo Libre, 28 junio 1990, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Marinero de puertos lejanos

Bruno Bert

En la Casa del Lago y dentro de un proyecto entre INBA y UNAM, en apoyo a nuevos creadores, Enrique Singer ha estrenado El Marinero sobre textos de Fernando Pessoa, poeta portugués (1888-1935) que ha ejercido una importante influencia dentro de la lírica de su país.

Extrañamente, la estructura textual recuerda a elementos que interesaron sobre todo en la década del sesenta, a partir de autores como Marguerite Durás y cineastas como Alain Resnais, y que adquirieron resonancia en México en el Teatro de Julieta Campos por ejemplo, o en la narrativa de Salvador Elizondo, con obras como Faraeuf entre otras. Es decir, una saturación de lo intelectual, una reflexión sobre el tiempo, el valor del acto, un sentido de circularidad y la ambigüedad de las vivencias que bordean al sueño, la irrealidad. Todo esto con su corre-lato en la estructura, que queda como des-materializada de todo tipo de acción! Singer genera una ambientación del espacio más que una escenografía propiamente dicha. Invierte la orientación de la Sala Rosario Castellanos en forma tal, que el ventanal que se halla al fondo del escenario queda ahora a nuestras espaldas, enfrentada a las actrices que ocupan el sector antes destinado a platea. Divide ese ámbito en dos por una arcada, y reviste todas las paredes de la parte ocupada por el público con grandes telones pintados, ubicados en el centro un catafalco de reliquias con un supuesto cadáver al que bordea con velas y grandes ramos de nardos, los cuales impregnan el espacio con un olor penetrante y dulce como el de una capilla ardiente, y en eso queda convertido el lugar, con débiles veladoras rojas a lo largo de las paredes, deformando con su luz titilante las pinturas fantasmales con reminiscencias entre míticas y oníricas de Trini Vanghuelunt. Al abrirse el telón, como de una capilla interna, un gigantesco embudo de tela blanca enmarca a tres mujeres sentadas como en el aire, que anteceden a un cuerpo muerto envuelto en telas blancas, bien podría recordar éste, la espuma del mar.

La descripción de todo este espacio vale la pena realizarla con minuciosidad, no sólo porque es bella y efectiva, sino también porque es prácticamente sobre lo único que se sustenta el espectáculo. El público, sentado ahora sobre terciopelos rojos que recubren las butacas, queda maravillado en ese sumergirse climático que se da desde el comienzo mismo de la entrada en sala. Luego, las tres mujeres comienzan un diálogo entrecortado, soliloquios compartidos, que habrán de durar a lo largo de todo el trabajo, sin que ellas jamás se muevan de su lugar; el tiempo y el espacio congelados en una divagación de agonía. Naturalmente la fascinación del principio se mantiene aún durante un tiempo en el decir de ese texto difícil y bello de Pessoa, para luego ir disolviéndose a la espera de un algo que jamás habrá de llegar.

Es el velar hasta un amanecer prometido, con un pasado que se inventa y un futuro que no existe. Un acto casi místico donde los dioses han huido dejando paso a la desesperanza que acompaña a las últimas etapas del sueño, allí donde el despertar es un deseo y un terror simultáneo.

Toda la experiencia montada por Singer es interesante, aunque tal vez lleguemos a irritarnos con una quietud excesiva y un dialogar que termina por disolverse en largos párrafos de sentido dudoso, en los que la razón y las palabras pierden la partida. Es teatro que llega a sus límites.

Claudette Maille, Monserrat Ontiveros y Georgina Tabora en El marinero, de Fernando Pessoa, dirección Enrique Singer, Casa del Lago (Antiguo Bosque de Chapultepec, 553-6318); viernes (20:30); sábado y domingo (19:30 horas) Fotografía de José Zepeda.