FICHA TÉCNICA



Título obra Caída horizontal

Autoría Estela Leñero y Rafael Pimentel

Dirección Rafael Pimentel

Elenco Rafael Pimentel

Escenografía Arturo Nava

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Bruno Bert, “Resbalón”, en Tiempo Libre, 7 junio 1990, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Resbalón

Bruno Bert

Hace pocos meses decía en una crítica de Complacencias, que se trataba de la primera obra sin palabras que me tocaba ver que no estuviera vinculada ni con la danza ni con la pantomima. Le llegó el turno a la segunda, y en este caso ya no se trata de un monólogo sino de un triálogo corporal, ya que son tres (más la breve aparición de un cuarto) los actores que la asumen. Estoy hablando de Caída horizontal, que con una estructura dramatúrgica de Estela Leñero y Rafael Pimentel, y bajo la dirección de este último, acaba de estrenarse en el Teatro El Galeón.

Si Complacencias era de tipo estrictamente naturalista, Caída horizontal se maneja con una dualidad de lenguajes. Por un lado, frente a la carencia de la palabra, reelabora una síntesis de movimientos y expresiones, apoyada por la música, casi como circunstancias de un ballet moderno. Por el otro, mantiene el naturalismo de las acciones cotidianas a través de largas secuencias narrativas.

La anécdota podría encuadrarse tanto dentro de un policial como de una telenovela: las relaciones amorosas entre una ejecutiva y su secretario privado. Sexo que se compra a precio contante bajo la débil apariencia del efecto, con consecuencias de chantaje, violencia y muerte. Y en paralelo, un pobre empleado enamorado de la misma mujer que servirá para cubrir la venganza y acabar en un triángulo de destrucción. En sí, la historia no tiene importancia alguna, y una de las debilidades del trabajo es la obligación que siente el director de contarla minuciosamente. Ese correrse hacia la transcripción de los sucesos tiende a banalizar el espectáculo que, con el transcurrir del tiempo, comienza a perder interés para los que lo van siguiendo.

El espacio —una adecuación de la escenografía de Las máquinas de coser, que se halla en temporada dentro del mismo teatro— representa dos áreas de una oficina, y dos departamentos, uno burgués y otro muy humilde, más un espacio central que sería un cruce de calles que se pierden hacia el fondo en la pintura de una línea de edificios que le sirve como punto de fuga. Esta reutilización y adecuación estuvo a cargo de Arturo Nava, y tanto en la proposición como en el aspecto de realización es correcta y se apega a las necesidades de la obra que pide el autor y director. Pero, naturalmente, el aspecto ilustrativo de las acciones se halla también en el uso visual del espacio y los objetivos, en donde lo esencial queda inmerso entre una infinidad de elementos complementarios que aportan poco, ilustran mucho y desvalorizan el resultado general como decíamos más arriba.

Esto no significa una crítica a lo anecdótico, sino a la forma en que esto se narra, ya que la historia más intrascendente en apariencia puede esconder una cantidad de variantes profundas si el autor sabe mostrárnosla. Cuando ello no ocurre—y éste es el caso— el material narrativo pasa a primer plano y si no es sólido poco es lo que queda para ver que importe realmente.

Aquí y allá —en los minutos iniciales por ejemplo— el clima y las imágenes creadas prefiguran un trabajo con aliento. También dentro de los extensos tramos cotidianos hay manejo de lenguaje y composición por parte de Pimentel, lástima que el resultado global no pueda sostenerse por todo lo que se apuntó anteriormente. La tarea de los actores —entre los que se encuentra el propio director—, es en general apropiada, pero no suficiente como para rescatar a esta Caída horizontal de un declive que la minimiza como producto terminado.

Rafael Pimentel actúa y dirige Caída horizontal, Teatro El Galeón (Unidad Artística y Cultural del Bosque, atrás del Auditorio Nacional, 520-9060); lunes, martes y miércoles (20:30 horas). Fotografías de Luis Fernando Moguel.