FICHA TÉCNICA



Título obra ... Y la vida cambia

Autoría Édgar Vázquez

Dirección Héctor Bonilla y Roberto Sosa

Elenco Sergio Silvia, Carmen Delgado

Espacios teatrales Teatro Wilberto Cantón

Referencia Bruno Bert, “... La vida sigue igual”, en Tiempo Libre, 24 mayo 1990, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

... La vida sigue igual

Bruno Bert

Hay obras de carácter abiertamente didáctico, como la que comentábamos hace unas semanas, de Hugo Hiriart: Vivir y beber, en las que todo tiende a transmitir información sobre un determinado tema. Otras, como Sida... así es la vida, pretenden lo mismo en cuanto a conceptos, pero la forma se vuelve narrativa, el elemento a enfocar está dentro de una trama que lo conduce y sustenta. Hay también un tercer grupo en el que la pretensión didáctica no es más que una excusa para llevar adelante un melodrama al mejor estilo de las telenovelas, y dentro de éste caen obras como Mi vida es mi vida y ahora Y... la vida cambia, de Edgar Vázquez, bajo las dirección conjunta de Héctor Bonilla y Roberto Sosa, que se está dando en el teatro Wilberto Cantón. Es el menos curioso que en cuanto títulos la palabra vida aparezca cinco veces.

La intención de "mensaje" en el espectáculo que hoy nos interesa se apoya en la situación en que quedan los lisiados; su obvia sensación de disminución y su actitud frente al entorno, más el reforzar la idea de que la vida no concluya en esas instancias, sino que es posible enfrentar la catástrofe y superarla, al menos desde el punto de vista psicológico, para poder seguir existiendo con una cierta sensación de plenitud. Nada tengo contra las obras didácticas ni con las intenciones de los autores de prestar un servicio social directo con su trabajo. Siempre y cuando, teatralmente hablando, lo que nos entreguen sea un producto sólido. Y aquí no lo es ni desde el punto de vista autoral, ni en el de dirección ni tampoco en el de actuación, aunque en este último renglón haya distintos compromisos y desempeños.

En el área autoral los personajes no son sólo soporte del mensaje, es decir, que tienen carnalidad, pero su estructura de construcción naturalista tiende constantemente hacia el estereotipo, lo que hace que sus matices de carácter se vuelvan repetidos y esquemáticos. Y esto desde el libro mismo, cuyo texto no sólo es pobre y plagado de lugares comunes, sino que también cede hacia el recurso fácil, como el monólogo final del primer acto, que parece extraído de esos carteles ilustrados sobre "La amistad", "El amor", "la madre" y otros temas por el estilo, entre lacrimógenos y cursileros. De ahí que sienta que el autor no se ha puesto al servicio de un tema sino que, por el contrario, explota los filones más superficiales del mismo para la construcción de una serie de efectos.

La dirección no hace más que seguir fielmente esa línea ya tramada en el texto, y permite incluso la exacerbación de sus debilidades en el manejo de escena, como por ejemplo el esfuerzo por el alzado de la silla de ruedas cuando ésta cae, a todas luces falso y demorado para ilustrar una idea y coincidir con los pies; la reiteración de gestos y posturas meramente externas, etcétera. En lo que hace a los actores decíamos que son distintos sus desempeños. El más desafortunado es claramente el de Sergio Silvia en el papel protagónico del que no se apropia jamás y al que lleva siempre sobre la línea de la histeria y la falta absoluta de naturalidad. Baste un detalle sobre su capacidad de improvisación: en el día en que me tocó verla, la actriz que asume el papel de su esposa, al cambiarse de ropa para la cena, enganchó sin advertirlo su falda, quedando en la parte posterior el borde a la altura de la cintura. Naturalmente la imagen era chistosa y no venía al caso. Ella se muestra a él, que le hace un breve elogio sin ser capaz de intercalar una observación que le permitiera corregir naturalmente el error. El público rió con ganas varias veces sin que la actriz pudiera saber el motivo, hasta qué el problema se resolvió solo, en el andar de los minutos que siguieron. Un detalle insignificante, por supuesto, pero que nos dice bastante sobre el actor. En los otros hay una mayor soltura aunque ciertamente un predominio del oficio por sobre la creatividad personal, atada a los esquemas de obra y dirección, con tal vez algún punto en favor de Carmen Delgado en su rol de "paralítica liberada".

En definitiva, un material muy poco interesante en cualquiera de sus renglones, abocado a un tema que seguramente hubiera permitido una mayor riqueza de posibilidades.

Sergio Silva y Carmen Delgado en ... Y la vida cambia, de Edgar Vázquez, dirección Héctor Bonilla, Teatro Wilberto Cantón (José María Velasco 59, San José Insurgentes, 593-8534); jueves (20.•30); viernes y sábado (19:00y 21:00; domingo (17.-00y 19.•00 horas).