FICHA TÉCNICA



Título obra Las máquinas de coser

Autoría Estela Leñero

Dirección Luis de Tavira, José Luis Martínez, Ángeles Castro y Marco Antonio Silva

Elenco Lucero Trejo

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Bruno Bert, “¿Dónde quedó el hilo negro?”, en Tiempo Libre, 17 mayo 1990, p. 9.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¿Dónde quedó el hilo negro?

Bruno Bert

Hace pocos días se estrenó en El Galeón, Las máquinas de coser, de Estela Leñero, bajo la dirección de Luis de Tavira, José Luis Martínez, Ángeles Castro y Marco Antonio Silva, con la participación del elenco estable del CET.

No me resulta fácil abordarla, y eso se vuelve un elemento estimulante. Prefiero aclarar de entrada que no me agradó, pero como una crítica no es cuestión de gustos, voy a intentar comprender qué pasó y tal vez en el desarrollo de las ideas se vayan deslindando las preferencias personales de las posibles dificultades técnico-expresivas que quizás haya en el trabajo.

Hay un párrafo del programa de mano que me parece que podemos tomar como hilo de Ariadna para recorrer este laberinto: "La de-construcción no es demolición o disimulación, si bien hace evidente ciertos fallos, no llevan al colapso de la estructura. Por el contrario, la deconstrucción obtiene toda su fuerza en su desafío a los valores mismos de la armonía, la unidad y la estabilidad, proponiendo a cambio una visión diferente de la estructura: en ella los fallos son vistos como inherentes a la estructura. No pueden ser eliminados sin destruirla.

Vamos a suponer que todo el espectáculo está construido a partir de estos principios que originariamente fueron pensados en función de la arquitectura. Separemos entonces artificialmente las partes para su análisis y volvamos finalmente a reunirlas en el breve espacio que tenemos para hacerlo. En lo que hace a la escenografía (lo más cercano a la arquitectura) se nos propone un espacio en donde la estructura en realidad Ya está colapsada, y si tuviéramos que verla ingenuamente y sin conocimientos de antecedentes, todos pensaríamos que es una imagen posterior al temblor, elemento que se desdice sólo en el final mismo. Es decir, que la estructura se vuelve entonces simbólica, pero no con el valor mencionado en programa, elemento que a mi ver sería mucho más rico aunque también mucho más complejo, porque no habría una ilustración de lo ideado sino una elaboración de lo mismo. Aquí ya hay -al menos así me lo parece- una contradicción entre propuesta y realización. Tomemos ahora a la obra. Quisiéramos aplicarle otro párrafo del mismo programa: "Es como si una especie de parásito hubiese infectado la forma distorsionándola desde dentro". Pero de nuevo, distorsión no significa destrucción, y en este caso siento que la obra está en realidad destruida, por un proceso que la ha hecho estallar en su entramado de lenguaje quedando al desnudo los elementos estructurales, que sin embargo no toman "su fuerza en el desafío de los valores de la armonía", sino que se quiebran por partes mientras que en otras prevalece la convencionalidad que se ha pretendido atacar. Y otro tanto sucede con el sistema de actuación, en donde el exceso, el grito y el movimiento sustituyen verdaderamente a la acción, cuando es ésta la que, dentro de la teoría propuesta debiera tensarse, mostrando sus puntos de debilidad sin llegar al quiebre para poder apoyarse en ellos. Si observamos realmente a cada uno de los actores en su trabajo con las máquinas, veremos que sustituyen precisión, tensión y alienación por apresuramiento y apariencia, lo que, en un equivalente arquitectónico, significaría trabajar sobre la mampostería y no sobre la estructura a la que se pretende evidenciar en sus puntos de tensión y crisis.

Si sumamos los resultados de estos tres elementos: escenografía, obra y actuación, y lo comparamos con lo que suponemos puede ser la propuesta, nos hallamos que frente a una idea verdaderamente interesante no se ha sabido como concretarla, y se actuó por aproximación, que en este caso la excede y por ende cae en el peligro más evidente que es la destrucción misma del trabajo. Y eso es lo que se ve. Más allá de varios elementos (como el tratamiento que se da a la imagen de la clase obrera o la inclusión del temblor final, por ejemplo) que pueden ser polémicos y tal vez cuestionados de por sí, nos hallamos frente a un material global que sucumbió, que está gráficamente destruido y por ende nos deja fuera, con una sensación de que pudo haber sido algo interesante, pero que no lo fue. Esto al menos desde el punto de vista del espectador.

Lucero Trejo en Las máquinas de coser, dirección Tavira/Martínez/Silva, Teatro EI Granero (Unidad Artística y Cultural del Bosque, 520-9060); jueves y viernes (20:30); sábado (19:00) y domingo (18:00 horas).