FICHA TÉCNICA



Título obra Alice

Dirección Lindsay Kemp

Referencia Bruno Bert, “Una liebre de marzo... en diciembre”, en Tiempo Libre, 10 mayo 1990, p. 9.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Una liebre de marzo... en diciembre

Bruno Bert

Cuando las liebres entran en celo, cosa que allá en Inglaterra sucede en marzo, tienen extraños comportamientos que rompen la disciplinada visión que los ingleses intentan (o al menos intentaban en la época de Carroll) transmitir al mundo como suya. Se pierde el "autocontrol" por ellos tan celebrado. Por eso de las personas que permiten que la fantasía y el erotismo ocupen un plano importante en su actividad diaria se dice que están locas "como las liebres de marzo". La Lindsay Kemp Company está, naturalmente, integrada por gente así y no es de extrañar que lleven a una liebre de marzo, en forma literal y directa, hasta el escenario a partir de los personajes de la obra de Carroll, en una conjunción de Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo que ellos bautizaron sintéticamente como Alice . El espectáculo data del 88 y ahora hemos tenido oportunidad de verlo en esta nueva gira del grupo por México.

En lo personal admiro tanto al autor del libro como al grupo inglés, al que pude ver por primera vez el año pasado en una fascinante adaptación de Sueño de una noche de verano. Pero tengo que admitir que en este caso mi imaginación había reelaborado las aventuras de Alicia de manera mucho más fantástica que la que pudo lograr Kemp en su puesta. Con Dream fue a la inversa: a pesar de haber visto esa obra de Shakesperare en múltiples montajes, Kemp no cesaba de mostrarme nuevos espacios insospechados en el mismo material. Su creatividad había sido mayor que mis propias fantasías imaginativas. Con Alice se quedó apenas en el umbral, con buenas soluciones ilustrativas claro; con fertilidad, por supuesto, pero pálida y terrestre frente a ese mundo magnífico del inconsciente sacudido por Carroll al interior mío, uno de sus infinitos y agradecidos lectores.

Ciertamente que las virtudes inherentes al grupo se hallan presentes. Como su versatilidad corporal, el uso de una iluminación con criterios extraordinariamente creativos, un trabajo con el sostén musical de muy buen interés y algunas escenas en donde indudablemente la imaginación se adueña del escenario. Como la del principio, por ejemplo, donde se muestra por primera vez el personaje del Carroll y el de Alicia; o la del gusano fumador de opio, o las imágenes previas al final cuando llueven las páginas del libro. Pero cuando vimos Dream decíamos que para poder quitar el texto de Shakespeare había que crear imágenes de igual poder de seducción y por ende manejar un talento de similar envergadura. Y allí el mismo estaba presente. No extrañábamos los bellos textos del poeta porque efectivamente las imágenes convocadas por Kemp los recreaban con un poder equivalente.

En Alice en cambio, echamos de menos el lenguaje de Carroll, sus juegos de palabras, su capacidad para desatar un mundo de maravillas a partir de la subversión del lenguaje. La ilustración de las escenas no lo alcanza en la mayoría de los casos. Y así el recurso de las mojigangas para el momento en que Alicia crece o se empequeñece; la convencionalidad de factura y tratamiento de los personajes animales (a excepción de la oruga y la rana), el bajo aprovechamiento de momentos como la reunión del sombrerero, la liebre y el lirón, e incluso una cierta caída en nostalgias con sabor finisecular, resienten el resultado global del espectáculo.

De todas maneras hay un carácter relativo en estas apreciaciones, ya que la visión del talento parece producir siempre una apetencia de superación, creando expectativas hacia los nuevos productos, proporcionales a la magnificencia de lo gustado. La calidad de Kemp y su grupo está fuera de discusión, simplemente Alicia se queda por ahora en nuestros sueños a la espera de otro demiurgo capaz de convocarla con mayor eficacia sobre el espacio de un escenario.

Nuria Moreno en Alice , de Lindsay Kemp.