FICHA TÉCNICA



Título obra Pareces un Otelo

Elenco Arturo Cortez, Roberto Javier Hernández

Referencia Bruno Bert, “El teatro de vecindades en Coyoacán”, en Tiempo Libre, 12 abril 1990, p. 41.




Título obra Sueño de una noche de verano

Autoría William Shakespeare

Referencia Bruno Bert, “El teatro de vecindades en Coyoacán”, en Tiempo Libre, 12 abril 1990, p. 41.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El teatro de vecindades en Coyoacán

Bruno Bert

Hace tiempo que sabía de una especial adaptación de dos obras de Shakespeare—Otelo y Sueño de una noche de verano— que estaban dándose en distintas vecindades y zonas marginales de la ciudad, pero nunca me había cuadrado la información como para cubrir estos eventos. Los vi ahora anunciados en los Talleres de Coyoacán y me pareció tan contradictorio el lugar con la propuesta que decidí aprovechar la oportunidad motivado por eso mismo. Efectivamente, no es un espectáculo-para ese espacio, ya que si bien se trata de un lugar muy bello, no tiene nada que ver con el entorno que el montaje sugiere y necesita. Sin embargo, el material es muy rico y seguramente en su ubicación natural debe multiplicar su poder de comunicación con una decidida participación del público. De las dos obras (que se presentan en continuidad separadas por un intermedio), la primera: Pareces un Otelo, es la más redonda, la mejor lograda. Esto sin desmerecer la segunda que tampoco carece de cualidades. En ambos casos la adaptación es únicamente temática ya que el lenguaje de Shakespeare no está presente en ninguna parte. Pero las situaciones planteadas y el contexto manejado coralmente tienen gran poder de transmisión y son, antes que nada, un hecho vivo. Cosa para nada frecuente en el teatro donde la muerte y el aburrimiento suelen imperar descaradamente tras los aplausos de cortesía y los comentarios elogiosos de circunstancia. Y es paradójico, porque fuera de dos o tres actores -y trabajan cerca de 20 personas-, los demás no manejan sino muy rudimentariamente las técnicas de teatro. Pero hay un estar presentes, un "estar en vida", para usar las palabras de cierto teórico danés, que nos mantiene el interés por las acciones aunque éstas tengan un carácter casi cotidiano en una trama por demás conocida a pesar de las transposiciones históricas y espaciales, ya que la que se nos muestra es una historia de vecindad con los personajes lógicos de la misma.

Hay un rescate de los elementos de la picaresca mexicana, un sentido del ritmo sumamente ajustado, una presencia verosímil pero claramente teatral en cada uno de los personajes populares que la integran, una incorporación de la música como tramado de sostén y por sobre todo -aquí solamente intuido porque está fuera de contexto- una posibilidad de participación directa del público que seguramente para un espectador desprevenido y, en una función normal, hará casi indiferenciados los personajes secundarios o corales de la masa de espectadores con los cuales se confunden.

Podríamos hablar, parafraseando a Boal, de una teatralización de las circunstancias reales de ese medio a pesar que sea Shakespeare el que haya prestado la estructura anecdótica. Y naturalmente la incitación al baile, a la bebida, al juego erótico, a un cierto grado de violencia y a un juego de albures permanentes, debe prender en todos formando una unidad sumamente interesante para el teatro, que aquí podría llamarse, con toda justeza, un teatro antropológico.

Naturalmente, la labor de los actores y participantes (destacando el trabajo de Arturo Cortez como uno de los incitantes más sólidos) es de suma importancia, pero el eje del espectáculo y del fenómeno que lo rodea es Roberto Javier Hernández, porque es quien impone, permite o desarrolla (¡quién sabe cuál será la palabra justa!) esa vida que impresiona más allá de lo que en forma individual parecieran carencias a un ojo demasiado preñado de juicios técnicos. Se trata, indudablemente, y como decíamos recién, de un fenómeno que merece toda la atención y todo el apoyé mientras esto no signifique desvirtuarlo de esas raíces que evidentemente lo nutren y dan sentido. Quiero decir con esto que la experiencia es un objeto de uso que se consume comunitariamente, pasarlo a un mero producto comercial es posible que signifique la mutilación. A la pregunta sobre qué necesitaban como apoyo externo, respondieron que un transporte que les permitiera los constantes traslados de una comunidad a otra dentro de la ciudad. Me parece totalmente justo y sería muy interesante que las autoridades con las que constantemente tratan para la contratación de sus funciones puedan llevar el apoyo un paso más allá y los provean no temporaria sino definitivamente del camión que les hace falta. La labor es clara y la calidad e importancia de su trabajo también ¿No podrá serlo asimismo la respuesta de los que tienen los medios, sean estos del Estado o de la iniciativa privada? Vale la pena estar atentos para no tener que resucitar después lo que aún está vivo.

Escena de Pareces un Otelo.

Escena de Sueño de una noche de verano; consulte programación.