FICHA TÉCNICA



Título obra Qué noche tan difícil...

Autoría Dino Buzzati

Dirección Rafael Arellano

Elenco Luis Javier Gutiérrez, Adriana Aguirre, Egle Almada, Victorio Arellano, Marco Liramark, Grisell Medina

Grupos y compañías Grupo Mezcla-rara

Referencia Bruno Bert, “Complacencias. Qué noche tan difícil...”, en Tiempo Libre, 29 marzo 1990, p. 37.




Título obra Complacencias

Autoría Franz Xavier Kroetz

Dirección Francisco Garzón Céspedes

Elenco Julia Marichal

Espacios teatrales Teatro Casa del Lago

Referencia Bruno Bert, “Complacencias. Qué noche tan difícil...”, en Tiempo Libre, 29 marzo 1990, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Complacencias. Qué noche tan difícil...

Bruno Bert

¿Vio usted en teatro alguna vez un monólogo mudo que no tenga nada que ver con la pantomina? En lo personal, al menos que yo recuerde es el primero que me toca presenciar, Complacencias es de Franz Xaver Kroetz, autor contemporáneo de la República Federal de Alemania, y nos presenta en su obra una imagen de la clase obrera que en su país comenzó a tener vigencia a partir de la plenitud económica, por un lado, y el vacío, la soledad y el individualismo, que parece acompañaron a ese crecimiento, por el otro. Naturalmente es válida su transposición a cualquier gran ciudad del mundo, pero tiene especial pertinencia en las sociedades del centro norte de Europa, ya que en nuestro medio y en toda Latinoamérica la presión que genera la falta de recursos primarios pasa mucho más a primer plano.

Francisco Garzón Céspedes, responsable de la dirección de este trabajo, ubica la acción en nuestra ciudad, aunque adrede sin poner demasiado acento en ella. Baja entonces el nivel económico visible en la propuesta escenográfica que nos muestra, en un estricto naturalismo, la habitación única en que vive la protagonista, ubicándola en una situación pobre pero decorosa y sin carencias materiales evidentes.

El tiempo de la obra coincide con el tiempo real que vive el espectador, cosa poco usual en el teatro, donde los tiempos se concentran aun cuando llegan a respetarse las unidades aristotélicas. Esa coincidencia de tiempo es un factor de irritación por ausencia: en la vida de Emma no pasa nada, y eso es lo que se nos entrega, un tiempo vacío. Ella llega a su trabajo, se cambia, prepara la comida, hojea una revista, escucha la radio, cena, etc., pero el director y la actriz realizan un hábil escamoteo técnico, porque cuando no hay grandes acciones tramadas con textos, lo que tendemos a observar es la significación de las acciones cotidianas, de incluso las microacciones. Y son todas éstas las que ellos vuelven in-significantes, es decir, no significativas. Y acentúan aún más el hecho creando en el personaje un carácter meticuloso rayano en lo maniaco, lo que puede tener en este caso una doble función en escena: en el plano técnico subrayar el vacío sobre el que se realiza cada acto, y a niveles simbólicos sirve para cristalizar el entorno en donde cada cosa está en su lugar, en donde todo está en orden, con la particularidad de que éste excluye a su mismo hacedor; que es un objeto más ubicado meticulosamente en su habitación - anaquel por un orden aún superior: el social. La aceptación pasiva de esa ordenación que excluye a lo humano es lo verdaderamente dramático. Así, cuando la intérprete quiere dar a cualquiera de sus actos las más mínima intención, le basta con un leve matiz para qua ello sea visible en ese panorama donde las emociones parecen inexistentes.

Julia Marichal, una actriz de sólida formación, asume con justeza la propuesta de dirección y entre ambos logran con Complacencias un trabajo interesante, naturalmente irritativo para el espectador por lo quo recién marcábamos: la aparente ausencia de conflicto, fuente básica del hecho teatral. Ubicada en la sala da grabaciones del anexo a la Casa del Lago (la nueva administración a cargo de Rafael Segovia, ha decidido por lo visto vitalizar todos les ámbitos sean éstos internos o externos, destinados originalmente a la escena o a cualquier otra función. Bienvenido ese invasor de la teatralidad), el espectador comparte un mismo plano con la actriz a una mínima distancia de ella. Lo único lamentable as la carencia de público. Valdría la pena apuntar la promoción.

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Coherentes con lo que acabamos de decir pocos renglones más arriba, pesamos ahora de la sala de música a la terraza exterior del edificio central que da justamente al lago de Chapultepec, para ver una experiencia del grupo Mezcla-rara con una farsa onírica (así se la defino en el programa de mano) de Dino Buzzati, bajo la dirección da Rafael Arellano. Aquí lo fársico destruirá cualquier comportamiento o finura qua tenga qua ver con el naturalismo, y lo onírico se encargara de trastocar la secuenciación tanto temporal como lógica. Quedan las imágenes, el sonido y el espacio. Un juego de estimula con una intención lúdico burlesca donde a veces podemos identificar las mascaras, en otras asombrarnos y aun en algunas quedarnos fuera de lo que tal vez quieran transmitirnos

La galería de personajes es constantemente variada a partir de los cinco interpretes con figuras que sin embargo se reiteran en distintos planos y tiempos en el transcurso del trabajo, sirviendo como nexo conductor y de vinculación la imagen de un payaso asumido par Luis Javier Gutiérrez.

Qué noche tan difícil... propone en su mismo título algunas características de la pesadilla, que no siempre se da por el horror sino por la imposibilidad de control de las acciones, por la reiteración, la simbolización de imágenes y la transgresión que ocultan. La religión, el matrimonio, la enfermedad, la muerte, la partida, el cortejo... Los temas son aquellos que obseden al hombre en su devenir cotidiano, las figuras hablan en idiomas imaginarios o reales, callan o gesticulan sustituyendo con el lenguaje del cuerpo a las palabras. En muchos momentos parece que se nos están refiriendo hechos contextualizados en los países socialistas (a decir verdad recuerdan ciertas formas del humor polaco, como el que se halla presente en los cuentos breves de Mrozek, por ejemplo; con el mismo tipo de agresividad, rapidez de corte, poetización y uso del absurdo), pero nada resulta demasiada claro —como sucede precisamente en los sueños— y en realidad, como también dice el programa, el público termina observando pasivo ese alud de ritmos e imágenes intentando aprender algo que se relacione como propio, recomponiendo a partir da los estímulos lanzados.

La actuación, a cargo de Adriana Aguirre, Egle Almada, Victorio Arellano, Marco Liramark y Grisell Medina, es dinámica y el trabajo de dirección tiende sobre todo a bocetar elementos al interior de los cuales los actores parecen manejar libremente su creatividad. Los resultados son disparejos, así como el interés que crea, pero hay desenfado llevando hacia un juego experimental a todo el montaje, Vale en cuanto búsqueda de una teatralidad menos convencional que la habitual.