FICHA TÉCNICA



Título obra Lunes rojo

Autoría Adam Guevara

Dirección Adam Guevara

Elenco Miguel Flores, Dora Montero, Silvia Mariscal

Escenografía Anna Irene Meneses

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Bruno Bert, “Lunes estable”, en Tiempo Libre, 22 febrero 1990, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Lunes estable

Bruno Bert

Creo que este Lunes Rojo, la obra de Adam Guevara que se está presentando en el Teatro Santa Catarina bajo dirección de él mismo, es la segunda de este autor, o tal vez sería mejor llamarlo el segundo trabajo de sintetización que él realiza de las aportaciones colectivas de su elenco. La primera fue Me enseñaste a querer, que viéramos en este mismo teatro hace aproximadamente un año. Durante el tiempo que media entre ambas producciones parece que el conjunto humano que acompaña a Guevara también sufrió una decantación siendo que ahora, con algunos cambios, se consolida como grupo bajo el nombre de "Teatro Estable". Sabemos perfectamente que no hay nada menos estable que un grupo de teatro, por lo que le deseamos buena fortuna al que ahora comienza su camino recogiendo toda una serie de experiencias anteriores.

Y en lo que hace al director mismo, mencionadas incluso en el programa de mano —La Mudanza, de Vicente Leñero y El camino rojo a Sabaiba de Oscar Liera—, nos hablan de un teatro con absoluta prevalencia del texto, un "teatro de autor", como alguna vez se dio en ser llamado, que aquí encuentra una continuidad en la intención clara de expresión de tesis a partir de un discurso verbal. Sin embargo, sus últimos dos trabajos —tal vez por surgir de improvisaciones colectivas— rescatan mucho más la presencia del actor y la importancia de la acción como material directo de expresión dramática, creando un intermedio que aún se mantiene profundamente influido por el valor de la palabra, con una cierta admiración por las técnicas pirandelianas en el hecho de jugar con los desdoblamientos personaje-actor. En ambos trabajos esto es constante, pero si por un lado devela el juego teatral, la posibilidad de reflexión del actor, la responsabilidad común en la historia, etcétera, por el otro también marca las limitaciones de un sistema a setenta años de haberse inaugurado. Y es que frente al teatro convencional italiano de los veinte y treinta aquello era realmente novedoso, ideológicamente revulsivo, polémico en el plano técnico y expresivo. Pero todas estas décadas han visto salir al teatro a la calle, la destrucción de los textos, los performances y los happening, los trabajos parateatrales y aún todas las innovaciones que contemporáneamente a Pirandello impusiera otro grande como fue Brecht. En la década de los noventa todo aquello es historia ya integrada a los recursos del teatro, y si bien aún resulta plenamente válido echar mano a ellos, ya no dan en nosotros, los espectadores, los mismos resultados que entonces.

De todas maneras. Guevara y su equipo tienen una especial habilidad para este tipo de trabajos, y el estilo elegido está bien manejado, con una soltura que ya habíamos corroborado en Me enseñaste a querer. Aquí el tema central es la relación de la mujer con el medio, ya sea éste social o familiar. Y dentro de este último las relaciones de pareja. El discurso mantiene tanto la atención del público como un hilo coherente en cuanto a las postulaciones ideológicas que, sumadas a la puesta anterior, van configurando un panorama bastante claro de intereses y de identidad del conjunto artístico. La escenografía —de Anna Irene Meneses— tiende a ser más bien una ambientación, lo que resulta lógico dentro del planteo de puesta, y permite una buena movilidad de planos sin desnudar totalmente el escenario.

En cuanto al trabajo de los actores (entre los que reconocemos a Miguel Flores y Dora Montero, quienes también estuvieron presentes en el trabajo que precede a éste) tiene en su personaje protagónico a Silvia Mariscal, en un desempeño compacto con sus compañeros de rubro, aunque en algunos aún sean visibles ciertas necesidades que sólo cubre la experiencia.

Otro grupo que nace y éste con perfiles de identidad tanto en lo estético como en lo conceptual. Una voz que puede enriquecer la pluralidad de nuestra escena.

Miguel Flores en Lunes rojo, autor y director Adam Guevara, Teatro Santa Catarina (Plaza de Santa Catarina 10, Coyoacán, 658-9560); miércoles a viernes (20:30 horas); sábado (19:00) y domingo (19:00 horas