FICHA TÉCNICA



Título obra Tempranito y en ayunas

Autoría Jaime Chabaud

Dirección Alejandro Ainslie

Elenco Raúl Zúñiga, Concepción Márquez

Espacios teatrales Teatro Santo Domingo

Referencia Bruno Bert, “Con calma y nos amanecemos”, en Tiempo Libre, 15 febrero 1990, p. 41.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Con calma y nos amanecemos

Bruno Bert

Se trata de la primera obra que se lleva a escena del joven autor y periodista Jaime Chabaud. Esto en un pequeño espacio que les cediera el grupo La Rendija en los altos de su sede, junto a la iglesia de Santo Domingo. El material reconoce un antecedente inmediato en la obra de Oscar Liera Dulces compañías, que todos aún tenemos muy presente por ser la última puesta que hiciera Julio Castillo en el también minúsculo escenario del NET. Aquí volvemos a ver la violencia y la muerte vinculadas al sexo. Un erotismo evidente thanático y muy en concordancia con una sociedad antropófaga como la nuestra. Pero en este caso, en lugar de relacionar el personaje central con las clases medias, es una salvacionista la que penetra con una decisión digna de mejores causas en el ámbito del hombre que habrá de llevarla a la muerte.

El entramado textual es interesante, bien manejado, lo mismo que la propuesta de dirección y la labor de los actores. Sin embargo, en todos los casos lo que podemos ver es esencialmente un proceso, el inicio en el desarrollo de un lenguaje, tanto en el grupo como en el autor. Apreciamos la seriedad con que han encarado el trabajo, pero al mismo tiempo nos permitimos algunas observaciones que tal vez puedan servir para afinar objetivos en la dinámica de estos nuevos creadores.

En lo que hace al autor, no se nos hace claro cuál es su propósito, desde qué ángulo prismó esta realidad supuesta, cosa que en Liera no sólo era evidente sino que permitía una rica multiplicidad de lecturas, desde lo individual a lo social. Si se trata de una intención crítica hacia la salvacionista, ésta no llega a cuajar en cualquiera de sus vertientes (hipocresía, dogmatismo, etcétera), y aunque cada uno de los posibles atributos negativos se hallan esbozados, no encuentran el desarrollo suficiente como para entregarnos una imagen sólida de lo que se desea enjuiciar, por lo que el personaje casi pasa a un plano de circunstancia.

En lo que hace al protagonista, su descripción es mayor, pero la ambivalencia sociocultural manejada lo inhibe para una lectura que vaya más allá de lo anecdótico. La miseria en que vive no muestra sus raíces y menos con tres teléfonos en su cuarto. Tampoco resulta claro que no haya tal miseria y ésta sea sólo una postura cultural.

En lo que hace a su instrucción, tampoco se puede atar cabos y pasamos, según los momentos, de considerarlo sin formación alguna a casi catalogarlo como un intelectual "rebelde". Menos aún sabemos de qué vive, y la desunión de sus padres no nos aclara demasiado al respecto de su clase, hecho que varía completamente el plano de visión, ya que no es en absoluto lo mismo un desclasado nato, que un personaje como el de Rayuela, la novela de Cortázar, donde el desclasamiento es una sofisticada elaboración.

Su afición a la bebida y las drogas pasan así por una frontera que no se sabe si es causa o efecto en relación con sus acciones. ¿Mata porque está drogado, o se droga para lograr la estimulación que le permite matar? Tampoco está claro el plano erótico del personaje (hay sombras de semi impotencia, elementos edípicos, etcétera, aunque pareciera que se intenta dar pistas al respecto en la primera escena, prácticamente a oscuras, en que me maneja la oníria.

Entonces, se me ocurre que Chabaud se dejó seducir por una serie de elementos temáticos que una vez desatados lo manejaron a él, como a un buen aprendiz de brujo. Hay pasta y hay mano, pero falta claridad y oficio, cosa que naturalmente sólo viene con el tiempo.

En lo que al conjunto, las críticas van por vertientes similares, y también los elogios. A una buena creatividad actoral y manejo de ritmos por parte de la dirección se le suma una confusión de objetivos que, por ejemplo, se ve en la escenografía, que rompe coro el naturalismo, pero despista en cuanto a su función con mensajes contradictorios (el cuadro del desnudo, los varios teléfonos, etcétera), o en el comienzo ya mencionado, e incluso en la foto de programa, muy de crónica roja y por ende a juicios terminales.

En fin, un conjunto heterogéneo y convulso de estímulos que nos marcan a un grupo y a un autor en un proceso muy vital y por ende digno de todo el apoyo, aunque todavía sus productos no hayan alcanzado la madurez creativa.

Raúl Zúñiga y Concepción Márquez en Tempranito y en ayunas, de Jaime Chabaud, dirección Alejandro Ainslie, Teatro Santo Domingo (Belisario Domínguez y República de Brasil, Centro); viernes (21:00); sábado a lunes (20:00 horas).