FICHA TÉCNICA



Título obra La señora Klein

Autoría Nicholas Wright

Dirección Ludwik Margules

Elenco Margarita Sanz, Delia Casanova, Ana Ofelia Murguía

Escenografía Carlos Trejo

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Bruno Bert, “Tres actrices y un director”, en Tiempo Libre, 1 febrero 1990, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Tres actrices y un director

Bruno Bert

El Foro de la Compañía Shakespeare está irreconocible. Ahora sí, parece haber dejado atrás definitivamente cualquier reminiscencia de improvisado (aunque cálido, claro) espacio para el teatro, y tomado el rumbo de un verdadero foro de experimentación con instalaciones modificables para usos múltiples. No sé a quién se debe las ideas aportadas de forma directa, aunque naturalmente, Héctor Fuentes no es ajeno a este hálito de renovación. Como primer trabajo, y adaptado el espacio esta vez especialmente para el por Carlos Trejo como escenógrafo, se acaba de estrenar La señora Klein, de Nicholas Wright, bajo la dirección de Ludwik Margules.

Del autor sólo sabemos, y esto es por boca del director, que es de origen sudafricano, que es además actor y vive en Londres desde hace tiempo. Ha sido director literario del National Theater durante cinco años y cuenta en su haber con unas cinco obras que posiblemente aún sigan inéditas entre nosotros, siento ésta la primera que conoceremos.

La señora Klein hace referencia desde su mismo título a Melanie Klein, un personaje perfectamente real, de origen austriaco, que vivió entre 1882 y 1960, y significó una figura destacada dentro del campo psicoanalítico, con una importante especialización en el área infantil, en donde hizo sus mayores aportaciones, desechando la estructura de asociaciones libres, es decir el camino verbal de aportación del paciente al médico, para rescatar la importancia de los elementos lúdicos, como dibujos, juegos directos, etcétera, que se cargan de un sentido simbólico, con mucha menor tensión para los niños sometidos a frotamiento, y que pueden ser interpretados por el psicoanalista. Hay toda una serie de diferencias en relación con Freud, el padre del psicoanálisis (muerto hacia fines de la década del treinta y. por ende, contemporáneo suyo) lo que la marca en una escuela que, como se hace evidente en la misma obra, mantuvo fuertes polémicas con otras corrientes de opinión.

Todo esto nos dice que La señora Klein posee abundantes rasgos biográficos, adaptados naturalmente a la ficción teatral, pero apegados a una visión histórica concreta. La obra se ciñe a unas pocas horas de un día de 1934, en Londres (donde han emigrado debido a la situación política derivada del ascenso de Hitler al poder), poco después de la muerte de su hijo mayor. La escena transcurre en su casa, con la única presencia de la misma psicoanalista, su hija y otra emigrada. Las tres con la misma profesión, aunque no precisamente con los mismos criterios profesionales. La estructura está cercana a lo que podríamos denominar como melodrama y escapa de él sólo por un dosificado manejo de las tensiones (seguramente debido al director) y a algunos elementos de descompresión incorporados al texto por el autor.

Anecdóticamente la trama encara los conflictos relacionales de estas tres mujeres. prismados desde la visión psicoanalítica que, en lugar de resolverlos, los complica hasta el infinito esterilizando cualquier posibilidad de un verdadero encuentro. Dadas así las cosas, la propuesta se vuelve como una ácida y muy seria crítica al poder del psicoanálisis, tomando para ello justamente a grandes personalidades del área, para patentizar aún más sus limitaciones. Instrumento que se supone de conocimiento y sanidad, se transforma en arma de desgarramiento, aridez y soledad. Y es que aquí, el autor pone en evidencia un elemento que en nuestro país es básico en cuanto a realidad contemporánea e histórica, y que los extranjeros suelen ver con mayor claridad justo por ser ajenos a ella.

En México el conocimiento quiere decir mucho más que ese juego laberíntico de la lógica científica. El marco humano tiene en esa forma de aprehensión (el valorizado y preconizado por nuestra cultura occidental) sólo uno de los múltiples caminos que se recorren simultáneamente. Son muchas las inteligencias del hombre, y la científica no necesariamente es la más fértil, sobre todo cuando se intenta cortar de plano las demás, como en este caso. No creo sin embargo, que sea una obra contra el psicoanálisis, sino como una lente que amplifica un punto para mostrar la irregularidad de sus límites. Lo que vemos aquí en definitiva es cómo el dogmatismo es capaz de dañar principios que en sí tenían validez y eficacia, cegando los horizontes que estos mismos principios permitían otear. Discurso extremadamente eficaz en tiempos como los presentes, si miramos, por ejemplo, los sucesos políticos del Este, haciendo transposiciones temáticas.

Las actuaciones de Ana Ofelia Murguía (la señora Klein) y Margarita Sanz (la hija) son interesantes aportaciones (resulta muy sabroso su trabajo de subtextualización gestual), complementadas por el personaje menor que encarna Delia Casanova. El uso meticuloso de los objetos y el manejo de planos y tiempos generan un clima cercano al que Bergman lograra en cine en alguna de aquellas obras donde la incomunicación campeaba como imagen central.

Naturalmente la dirección, artesanal y creativa, imprime un sello personal a la puesta que reconoce antecedentes en la obra de Margules. Un trabajo para nada complaciente, que tal vez resulte de difícil gustación para algunos, pero de indudable interés y calidad en esta temporada que comienza.

Margarita Sanz y Delia Casanova en La señora Klein, de Nicholas Wright, dirección Ludwik Margules (Fotografías de Luis Fernando Moguel

Ana Ofelia Murguía en escena. La obra se presenta en Foro Shakespeare (Zamora 7, Condesa, 553-5244), martes a sábado (20:30); domingo (18:00 horas).