FICHA TÉCNICA



Título obra Hamlet

Autoría William Shakespeare

Notas de autoría Joaquín Gutiérrez / traducción y adaptación

Dirección Marta Luna

Elenco Rosenda Monteros, Adriana Roel, Óscar Narváez

Escenografía Kleómedes Stamatiades

Coreografía Guillermina Bravo

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Referencia Bruno Bert, “¿Es o no es?... ¿y de quién es?”, en Tiempo Libre, 25 enero 1990, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¿Es o no es?... ¿Y de quién es?

Bruno Bert

Para los que hace ya algunos años, por nuestro oficio, nos toca ir al teatro con frecuencia y en distintos medios, algunas obras se nos vuelven como recurrentes. Son imágenes y textos con los que tenemos una cita asegurada cada cierto tiempo. Hamlet, por supuesto, es uno de estos títulos y nos ha tocado verlo interpretado por actores y actrices, vestidos de smoking, de jeans o con las más variadas telas en interpretaciones de época. En versiones reducidas o en impresionantes frescos multitudinarios; con escenografías monumentales o en escenarios absolutamente vacíos con una simple cámara negra. Shakespeare es un contemporáneo de muchas generaciones y la voz e imagen de su príncipe de Dinamarca siempre logra conmovernos. Y esto muchas veces a pesar de las puestas mismas, ya que algunas de las vistas estaban infinitamente por debajo del valor del texto.

Hoy, una vez más, Hamlet revive y esta vez en la figura de Rosenda Monteros y a manos de un equipo constituido por Guillermina Bravo, Margit Frenk, Marta Luna, César Pérez Soto, Antonio Russek y Kleómenes Stamatides, quienes se han encargado colectivamente de la puesta, coreografía, música y escenografía en el Teatro Hidalgo, con la traducción y adaptación del texto a cargo de Joaquín Gutiérrez, que hace que tal obra comience con el famoso monólogo del `ser o no ser", a modo de presentación de climas y personajes, para luego tomar los carriles habituales en cuanto a secuencia.

La sensación primera es la de manejo de grandes espacios lúgubres, creado esto por las telas texturadas que abarcan todo el ámbito en tonos negros que se continúan sobre un piso gris cruzado por una gran mancha de un rojo seco y opaco, al mismo tiempo relámpago y reguero sangriento. Espacio sugestivo, indudablemente, que bien cuadra tanto para la sensación de los castillos medievales, amplios y oscuros como cavernas, o la interioridad de los personajes, también cuevas opacadas por la culpa y la ambición. Los ropajes concuerdan con este concepto, y a excepción de los rojos y amarillos estridentes de tos cómicos, los colores y los tramados de fas telas se oscurecen, a pesar de los brillos del oro y la plata, generando una concepción homogénea del ámbito y del clima psicológico por el que ese ámbito transita. Tal vez la música se vuelve excesiva, no por su abundancia sino porque, sumada a los factores de ambientación y vestuario, insiste sobre una misma vertiente, volviéndose aparatosa y un tanto trivial, operística posiblemente, pero no en el sentido elogioso del término.

Todos estos factores conforman ya una concepción, pero que van todavía esencialmente por lo formal, y lo que debiera existir en el manejo coreográfico y de actores en cuando a fondo que se entrelace con ellos y con el texto conformando una unidad, escapa en cambio a la misma en una utilización excesivamente ornamental que vuelve un bumerang todos estos elementos exteriores que no logran asirse medularmente, quedando toda la propuesta como un juego de habilidades sin una dirección precisa: todos han puesto lo suyo de forma incluso pródiga, pero nadie ha dado un rumbo a este barco... al menos de forma visible. Salvo el mismo Shakespeare, claro, pero quien ha visto muchos Hamlets sabe que cada nueva puesta debe ser un redescubrimiento del texto a partir de una perspectiva directriz, que es lo que aquí está fallando. Posiblemente porque el colectivo de trabajo no encontró una concepción unitaria y cada cual elaboró la suya. Claro que esto no llega a extremos como para destruir la puesta, pero sí como para dejarla sin proa.

Rosenda Monteros muestra una figura interesante, convincente en muchos casos, con una gran energía, pero que no escapa a una convencionalidad que está presente aun en mayor grado en los actores que la rodean, enmarcados en movimientos y coreografía que muchas veces se nos hacen un tanto gratuitas. Podemos tal vez hablar de belleza y de eficacia en ciertas resoluciones, pero no podemos hablar de profundidad, lo cual en una obra corno Hamblet suena realmente serio.

De todas maneras hay valores y se dejan apuntados. Toca, corno siempre, en última instancia al espectador dar su veredicto final.

Adriana Roel y Oscar Narváez en Hamlet, de William Shakespeare, dirección escénica Marta Luna, Teatro Hidalgo (Avenida Hidalgo 23, Centro, 512-3937), martes a viernes (19:00); sábado (17:00 y 20:00); domingo (18:00 horas). Fotografía de Luis Fernando Moguel.