FICHA TÉCNICA



Título obra Señor Butterfly

Autoría David H. Hwang

Dirección José Luis lbánez

Elenco Héctor Bonilla, Humberto Zurita

Espacios teatrales Teatro Silvia Pinal

Referencia Bruno Bert, “Realidad del corazón. Señor Butterfly”, en Tiempo Libre, 21 diciembre 1989, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Realidad del corazón
Señor Butterfly

Bruno Bert

Es frecuente en los teatros comerciales de una cierta importancia, que se compren no ya solamente los derechos de obra sino también los derechos de puesta, lo que garantiza la reproducción, con actores locales, de las condiciones de un éxito que se dio en otras partes. Generalmente, por supuesto, en Londres, París o Nueva York. Supongo, aunque no estoy seguro, que éste es uno de esos casos, especificado, por ejemplo en lo que hace a escenografía, en el mismo programa de mano, que nos menciona un original neoyorquino.

Estoy hablando, claro, de Señor Butterfly, de David Hwang, que bajo la dirección de José Luis Ibáñez se está presentando en el teatro Silvia Pinal.

La historia, que parece se basa en sucesos reales, nos narra veinte años en la vida de un político francés que tuvo un cargo consular en China hacia los sesenta. Allí conoció y se hizo amante de una bailarina de la ópera de Pekín. Esta relación sirvió como cobertura a servicios de espionaje a través de los cuales la mujer pasaba información, sobre todo relacionada a los vaivenes de la guerra de Vietnam, a las autoridades maoístas. Hasta aquí todo parece bastante convencional. Lo insólito es que luego de tantos años (la relación comienza en China, pero se prolonga luego en Francia) estalla el escándalo, se detiene a la espía y se descubre que la supuesta artista es en realidad un hombre travesti. Él es repatriado a su país de origen y el funcionario francés se suicida en la cárcel.

El discurso tramado en las acciones tiene varias vertientes, de las cuales las más visibles son las relacionadas con la política y con la sexualidad. En el primero de los casos se nos plantea que en realidad la relación del chino (El señor "Butterfly") tiene una subordinación a su patriotismo, que le hace mantener el equívoco por semejante lapso, con la primordial finalidad de ser útil a su país, extrayendo información de! enemigo. En el segundo, naturalmente bastante inverosímil y planteado desde la perspectiva del francés, es que la sexualidad queda subordinada al afecto, que le hace aceptar normas de conducta sexual no directas (que hubieran descubierto la verdad sobre su amante) con tal de sentirse querido y comprendido. El mensaje global resulta así altamente desfavorable para el francés (y para toda la moralidad de su contexto) ya que lo que a éste le seduce es, aunque adornada, la relación subordinada de una amante que lo halaga y lo "comprende" a partir de todos los sometimientos menos el que implica una sexualidad tradicional. La que en última instancia es innecesaria para él porque es la que convencionalmente se practica dentro del matrimonio (él es casado) occidental. Pero tampoco se salva el oriental prostituido, por más que esto se produzca a partir de una justificación ideológica, ya que a esta ideología se la está denigrando al proponerla como represora, utilitarista y en última instancia inmoral; y a pesar también de que por ambos lados se deja ver como un afecto que terminó por instalarse de alguna manera en el plano de la necesidad de ambos y que sirvió como basamento psicológico para tantos años de convivencia que no serían explicables de otra forma.

De todas maneras, a la obra se le da como una pátina donde el público se aferra a una cierta "realidad del corazón", a pesar de que el discurso tanto verbal como de acciones es mucho más directo y crudo. Esto genera como contradiscursos que ocupan todo el espacio, desde el hecho mismo que estamos hablando de un producto comercial para consumo de la burguesía.

Equilibrio sutil de golpes y contragolpes donde no quedan muy claros los resultados ni los mensajes.

A niveles formales, la belleza y el cuidado al tipo "gran espectáculo" son evidentes desde la escenografía hasta los vestuarios; y en cuanto al trabajo de los actores podemos encontrar a un Bonilla no muy interesante en su papel de vicecónsul, pero también a una muy buena labor de Humberto Zurita en ese difícil rol de Butterfly, del que extrae todas sus posibilidades. Un buen índice de los intereses del teatro comercial serio de nuestro medio.

Humberto Zurita en Señor , de David H. Hwang, dirección José Luis lbánez, Teatro Silvia Pinal (Yucatán y Xalapa, Roma, 264-1172).

Héctor Bonilla en una escena de la obra, que se presenta de martes a jueves (20:00); viernes y sábado (19:00 y 21:30); domingo (18:00 horas). Fotografías de Luis Fernando Moguel.