FICHA TÉCNICA



Título obra La hora del lobo

Autoría Ingmar Bergman

Notas de autoría José Enrique Gorlero / adaptación

Dirección Martín Acosta

Elenco Jaime Velazco, Rocío Rodríguez, Leticia Bonilla

Grupos y compañías Teatro Arena

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Bruno Bert, “La hora de Bergman”, en Tiempo Libre, 14 diciembre 1989, p. 35.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

La hora de Bergman

Bruno Bert

Las películas de Bergman han ejercido un fuerte influjo durante dos generaciones, en creadores de diversa índole, aunque su personalísima manera de encarar las metafísicas temáticas de su interés hacen muy difícil la posibilidad de crear seguidores directos. Así y todo, de tanto en tanto, algún director intenta trasladar al teatro sus filmes más sugerentes. El año pasado nos tocó ver una versión de Persona y ahora, por otro grupo totalmente ajeno al primero, La hora del Lobo, esa compleja reflexión cinematográfica que data de 1967.

El original nos narra las angustias de un pintor que se encierra en una isla con su pareja (que no casualmente se llama Alma), in-tan de una temática similar (el artista frente a la creación, las obsesiones y el sentido de la muerte), y dos de sus personajes tienen similares nombres: Elizabeth/Verónica Vogler y Alma. Las dos, por supuesto, reflejan a Bergman en un momento de profunda crisis frente a su trabajo cuando se hallaba en el pináculo mismo del éxito y la fama. Las dos son íntimas, con sobreabundancia de primeros pianos, pero en la segunda es mucho más acusado el deslizarse hacia la oniria y la patología con figuras que parecen salidas de los cortos surrealistas de la primera época.

Tanto la densidad del clima como la iconografía utilizada por Bergman son particularmente difíciles de llevar a la escena teatral y se constituyen en un verdadero desafío para cualquier director dispuesto a encontrar las analogías necesarias para trasvasar el original cinematográfico.

El grupo Teatro Arena, bajo la dirección de Martín Acosta, monta en este caso una adaptación debida a José Enrique Gorlero, que si bien conserva lo esencial, se permite una cierta libertad tanto en la proposición escénica como en los textos. La inmensidad desolada de la isla queda reabsorbida a los interiores de la casa del protagonista y la de sus perseguidores, y este reducido espacio donde impera un morboso temor a la muerte (La hora del Lobo, La hora del Nacimiento y la Muerte, La de los fantasmas liberados de su encierro en la vigilia) se instala sobre el pequeño escenario del teatro de la Capilla.

Anulada cualquier escenografía convencional, las significaciones simbólicas pasan a depender esencialmente de dos objetos: un ropero y una cama (amén, por supuesto, los actores mismos, que también son "objetos" de la mente del protagonista), alrededor y en los cuales pasan todas las acciones, tanto las de la realidad como las del ensueño. La elección no es banal porque ambos elementos admiten una gran variedad de lecturas, todas muy pertinentes a lo narrado.

La empresa es ardua y el equipo se ve sometido a un verdadero esfuerzo creativo del que sale airoso en muchos momentos (es especialmente interesante la primera escena del segundo acto, por ejemplo), aunque haya algunos puntos de la propuesta Bergmaniana que aun excedan en su complejidad la juventud de estos artistas, en donde se ven obligados a ir a la zaga de problemáticas que no pueden aún sentir totalmente como suyas, tanto en lo psicológico como en lo directamente físico.

El trabajo de los actores es el pilar fundamental y el director apela a un buen criterio para la selección de todos los caracteres simbólicos. Mientras que los intérpretes evidencian poner toda su capacidad para lograr el objetivo, no todos lo logran en igual medida. Son especialmente interesantes los trabajos de Jaime Velazco, en el papel del pintor; Rocío Rodríguez, en el de Alma, y Leticia Bonilla come la vieja. La versión de Gorlero es bella en cuanto a manejo de imágenes verbales y construcción poética, aunque tal vez pida un espacio un poco más amplio que el utilizado para mejor lucimiento de las atmósferas que las palabras conllevan implícitamente.

Una tarea meritoria, digna de apoyo por parte del público, desnivelada es cierto en los resultados globales, pero que va midiendo las fuerzas y la creatividad de un grupo y un director que seguramente darán que hablar en las próximas temporadas.