FICHA TÉCNICA



Título obra Cuatro autores para una exposición

Autoría Giovanni Galeas

Dirección Alberto Celarié

Grupos y compañías Grupo Art-Teatro

Referencia Bruno Bert, “Cuatro autores en el desván”, en Tiempo Libre, 14 diciembre 1989, p. 34.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Cuatro autores en el desván

Bruno Bert

Bien, otro espacio alternativo sale ala palestra. Se llama El desván de las quimeras y funciona en una salita del restaurante Fritz. Podríamos decir que como espacio en sí aún es un esbozo, puesto que simplemente se han corrido algunas mesas, semicubierto con tela negra tres paredes e iluminado el pequeño lugar resultante con unos pocos reflectores improvisados. Así, actores y público quedan a un mismo nivel, sobre igual piso y separados apenas por unos pocos centímetros, lo cual no importa demasiado si lo que se presenta es bueno y el público apoya el intento. El equipamiento técnico ya vendrá como consecuencia lógica. La idea parece pasar por dedicar un día fijo por semana a la actividad teatral, otro a la música, y así... y en esto naturalmente se pueden hallar ventajas y desventajas; de todas maneras el teatro ha encontrado otro cobijo y eso es lo importante, si luego, repito, se mantienen los niveles de calidad.

Allí fuimos a ver (la función es con cena incluida) Cuatro autores para una exposición, de Giovanni Galeas, montada por el grupo art-teatro bajo la dirección neutra de Alberto Celarié. El autor nos propone el encuentro imaginario, en el territorio del más allá, de cuatro escritores, en vinculación de a dos. Los primeros son Homero y Jorge Luis Borges y los segundos León Tolstoi y Fedor Dostoievski. El hecho, interesante en cuanto a las posibles confrontaciones, tiende a ser más literario que teatral, ya que casi no hay acciones escénicas, sino que el autor ha montado lo que simplemente se muestra como una conversación, aunque pueda adquirir un tono de polémica y en donde lo que importa es la vivacidad de las ideas expuestas y la capacidad de los actores para transmitirla. De hecho, podría ser un excelente ejercicio radiofónico, y conste que en esto no existe ninguna intención peyorativa sino el grato recuerdo de tantas entrevistas a las que gustosamente se prestaba el autor argentino.

En el primer caso se nos muestra a un Borges erudito, admirador incondicional del poeta griego y rememorador literario, tal cual lo fue por otra parte en la realidad, frente a un Homero más popular y campechano, que corresponde a las actitudes del otro, con el propio gusto por la poesía de Borges, hermanados en este género con todos los grandes cultores del mismo, cuyos nombres van desglosando como una cadena sutil y sonora que los une a través de los siglos. El diálogo cobra interés e incluso recurre a audacias tales como repetir un canto de la Odisea en seis versiones distintas, no importa si reales o imaginarias, y sin embargo no sólo evita una presuponible monotonía sino que incluso llega a interesar como si el mismo Borges lo hubiera hecho, citándolos morosamente en alguno de sus reportajes.

Luego, a la partida de éstos, los dos máximos autores rusos se encuentran y enfrentan en una larga y pasional discusión que abarca desde la política hasta la metafísica, pasando por el terna de sus obras, las posibles influencias e incluso pequeños plagios, recreando lo que de ellos se sabe a nivel de caracteres, fobias y adhesiones, con la libertad lógica de quien está haciendo teatro y no biografía histórica, y por ende flexibiliza el pensamiento de los personajes para dar cabida a su propia subjetividad, a la expresión de sus propias ideas.

Llama en ambos casos la atención el conocimiento que el autor de estos cuatro personajes, no sólo en su hacer directo sino también de contexto y proposiciones intelectuales. Y por el otro, la habilidad de mezclar el dato cierto con la ficción creativa, logrando una sólida unidad donde es difícil diferenciar qué pertenece a quién, dando como resultado la verosimilitud del tratamiento. Naturalmente todo el espectáculo se basa en la calidad de estos textos y en la posibilidad de transmisión de los actores, dada la ausencia de cualquier otro tipo de apoyo. A los primeros ya los hemos elogiado, y en esto hay implícito una aceptación del trabajo actoral, ya que de lo contrario una tan larga disquisición intelectual se nos hubiera hecho insoportable. Tal vez haya algunos desniveles, pero el resultado global es perfectamente válido. Bienvenido entonces este incipiente desván en las primeras realizaciones de sus quiméricos sueños.