FICHA TÉCNICA



Título obra La cantante calva

Autoría Eugene Ionesco

Dirección Susana Wein

Espacios teatrales Teatro Casa del Lago

Referencia Bruno Bert, “Rigor y sagacidad. La cantante calva”, en Tiempo Libre, 30 noviembre 1989, p. 6.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Rigor y sagacidad
La cantante

Bruno Bert

A pesar que el teatro del absurdo puede haber pasado ya por los signos de una continua repetición y de visible sensibilidad, Ionesco parece haber quedado más allá de las modas y los géneros que decaen con el tiempo. En una época en que se crea una obra pensando en su posible instalación en un museo, podemos decir que este autor rumano-francés ya es un clásico vivo. De allí que casi no pase año sin que alguna de sus obras vuelva a ponerse en nuestro medio. Habíamos visto hace poco una afortunada versión de El porvenir está en los huevos, y ahora, en La Casa del Lago, Susana Wein nos presenta La cantante calva, que podemos considerar como su primera obra, ya que data de 1950. Y así tenemos dos, la primera y la última, en cercana convivencia.

Nunca viene de más recordar las características básicas que hacen a ésta, la primera etapa de Ionesco, en una breve enumeración para no abundar: 1. Sus obras no contienen lógica en las acciones, 2. por ende, tampoco los personajes tienen una estructura consecuente, 3. el factor tiempo está alterado, 4. los gestos y las palabras (sobre todo estas últimas) tienen una importancia preponderante, 5. el sistema de lenguaje se halla desarticulado como también el sistema de relaciones, 6. los lugares comunes son tomados al pie de la letra, 7. el discurso oral se nutre a sí mismo formando lo que algunos han llamado río-de-palabras, con múltiples significaciones, 8. los objetos suelen cobrar una importancia autónoma mientras que los personajes se "cosifican", 9. la imagen general es de un "insólito (o absurdo) existencial", y 10. a niveles superficiales hace una reiterada denuncia del conformismo pequeño-burgués.

Obviamente no se agotan aquí las características de su teatro del absurdo, pero ésta es una crítica y no un tratado sobre el tema, así que disculpe el lector la enumeración un tanto árida y avancemos sobre la puesta de Susana Wein.

Esta directora, de la que viéramos varios montajes anteriores (A la manera de Shakespeare, Donde los pies pasan volando, etcétera; asume la responsabilidad de la coherencia estilística de la puesta con todo el rigor y la sagacidad necesaria para poner su impronta sobre el material de Ionesco. Decir esto no significa más que expresar que la directora dirigió el trabajo, lo cual suena a verdad de perogrullo, pero en este tipo de montajes en más de una oportunidad hemos visto desaparecer este rol en una alegre masa informe donde impera el "haz lo que te dé la gana", bajo el supuesto que el género lo admite todo, pero no es así. Por lo tanto bienvenido su rigor en el manejo de actores, de climas y ritmos que nos aseguran un producto interesante y ameno. Seguramente en esto ayuda los muchos años que hace que ese conjunto trabaje bajo la misma dirección. La caracterización de los cinco personajes es firme, con un recorte neto de cada uno, creando asimismo acusadas características no sólo en la máscara sino también en la voz, evidenciando a un conjunto sólido de actores que nos devuelve el placer de descubrir a Ionesco.

Vale la pena recordar de paso que La cantante calva fue estrenada en México por Gurrola, en 1962, justamente en La Casa del Lago. Entonces, es un acertado trabajo en una esmerada programación que está dando nueva vida e imagen a este foro bajo la dirección de Rafael Segovia. (Bruno Bert).