FICHA TÉCNICA



Título obra Los enemigos

Autoría Sergio Magaña

Notas de autoría David Olguín, Luis de Tavira, Tolita Figueroa y Lorena Maza / adecuación

Dirección Lorena Maza

Elenco Farnesio de Bernal, Daniel Giménez Cacho, Eduardo Palomo, Rosario Zúñiga, Angelina Peláez

Escenografía Tolita Figueroa

Iluminación Alejandro Luna

Vestuario Tolita Figueroa

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Bruno Bert, “Propuesta ambiciosa de la CNT. Los enemigos”, en Tiempo Libre, 19 octubre 1989, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Propuesta ambiciosa de la CNT
Los enemigos

Bruno Bert

La Compañía Nacional de Teatro, en la segunda producción de esta nueva administración, ha estrenado Los enemigos, de Sergio Magaña, en el teatro Julio Castillo. Se trata de una ambiciosa producción que intenta reunir dos propuestas de la Dirección de Teatro: por un lado llevar a escena a los clásicos de nuestra dramaturgia, y por el otro asumir las obras de nuestros mayores escritores teatrales contemporáneos. Esta aparente oposición diacrónica en una misma obra se debe a que Los enemigos es una reinterpretación contemporánea del Rabinal Achí, texto que se supone como única obra prehispánica llegada hasta nosotros. Y así los dos extremos quedan unidos en un solo producto. Claro que la obra de Magaña, que estaba editada aún hasta el estreno de ese espectáculo, por un lado adecúa el original prehispánico y por el otro es adecuada a su vez por un equipo de la CNT compuesto por David Olguín, Luis de Tavira, Tolita Figueroa y Lorena Maza. Siendo además esta última la directora del espectáculo que, como vemos, está cargado de variadas influencias.

La historia nos plantea el momento en que el abate Brasseur (aquel que escribiera Viaje por el Istmo de Tehuahtepec), sacerdote en la región Maya, mitad etnólogo, mitad espía, tiene la posibilidad de hacer representar un antiguo espectáculo (al menos así le considera él) que se mantenía vivo por transmisión oral desde la época prehispánica. Es el "baile del Tun", o lo que hoy conocemos (a partir del nombre que le diera Brasseur) como el Rabinal Achí, que su ayudante va transcribiendo durante la representación. El abate no advierte que lo que está- presenciando es en realidad un ritual que, propuesto, trasciende el hecho teatral y desemboca en un verdadero sacrificio humano. Partirá luego a Francia llevando el manuscrito en lengua queché y lo traducirá al francés dándolo a conocer al mundo. Los enemigos nos acerca de esta manera al cruce de varias culturas resignificando permanentemente su nombre: enemigos son los pueblos de Rabinal y Queché, sobre los que transcurre la acción del Rabinal Achí, y también la cultura indígena con la hispánica invasora, amén la francesa (representada en sus intereses por Brasseur que será más tarde condecorado por Maximiliano durante el segundo Imperio) en relación con la mexicana.

Pero tal vez lo verdaderamente importante es ver cómo ese cruce de miradas que provienen de realidades históricas y culturales tan diversas, van reinventado la historia de México, La historia de América. Así, la representación vista por Brasseur no nos es mostrada cómo es posible que fuera en la realidad, sino como un francés culto de entonces sería capaz de verla (o imaginarla) al estilo de los grabados que ilustraban los libros de viajes, antecesores inmediatos de los tratados de antropología, muy mezclados con cierta visión mágica, en donde los indígenas vestían y actuaban como actores exóticos de una corte versallesca. Y para esto el enmarque escenográfico, se presta perfectamente, porque la representación del interno de la iglesia en donde sucede la acción, es el equivalente a las perspectivas ilusorias usadas en los palacios en que se montaban los espectáculos del barroco. Con su mismo piso cuadriculado hacia un punto de fuga. Y los actores visten suntuosas reinterpretaciones del vestuario americano con elementos "chinos", tan en boga durante el siglo XVII y sobre todo XVIII, prestándose, asimismo, a una coreografía y a un manejo del cuerpo que evoca el que se estilaba para el teatro de corte. Algo así como ver una obra de Racine sobre América en tiempos de la regencia. Pero naturalmente tampoco aquí hay ningún intento de rescate arqueológico sino que toda la obra es una secuencia de mestizajes culturales con una savia de auténtica vivencia que recorre subterráneamente la acción. Esto produce una particular sensación en el espectador que descubre ante su mirada los distintos entronques de su realidad, iluminados por .un momento en sus puntos de articulación. Así, el espectáculo resulta totalmente contemporáneo, aunque en él cohabiten influencias de los más variados tiempos y espacios, generalmente mucho más disimulados para nuestra actual comprensión.

Se trata, decíamos al principio, de una propuesta ambiciosa desde muchos aspectos por toda la complejidad que la obra propone. Y, además, porque a lo ideológico se suma el interés visible por la calidad del producto .en cada uno de los renglones que lo componen: la escenografía y vestuario, a cargo de Tolita Figueroa, diseñan una intención de impecabilidad, de cuidado del detalle, al que acompaña perfectamente la iluminación de Alejandro Luna y la dirección de Lorena Maza, con un equipo de actores como Farnesio de Bernal, Daniel Jiménez Cacho, Eduardo Palomo, Rosario Zúñiga y Angelina Peláez, en los roles principales, que forman un lenguaje homogéneo y altamente disciplinado, no sólo en su labor sino también en los coros. Una exigencia de profesionalidad que recorre todo el espectáculo y que compromete la intención de la Compañía Nacional, desde el principio de su labor hacia objetivos muy claros de superación en lo estético y de consolidación de propuestas de largo alcance.

Daniel Jiménez Cacho, y Rosario Zúñiga en Los enemigos, de Sergio Magaña, dirección Lorena Maza, Teatro Julio Castillo (Unidad Artística y Cultural del Bosque 520-4332). Las funciones de esta obra se encuentran suspendidas, se reanudarán al finalizar el XVII Festival Internacional Cervantino. Fotografías de Luis Fernando Moguel.