FICHA TÉCNICA



Título obra La conspiración de la Cucaña

Autoría Alfonso de María y Campos y Luis de Tavira

Dirección Luis de Tavira

Elenco Ofelia Medina, José Antonio Alcaraz, Jorge Martínez de Hoyos, Luis Gimeno, Blas Braidot

Escenografía Alejandro Luna

Iluminación Alejandro Luna

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Bruno Bert, “Festiva reunión de celebridades. La conspiración de la Cucaña”, en Tiempo Libre, 28 septiembre 1989, p. 40.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Festiva reunión de celebridades
La conspiración de la Cucaña

Bruno Bert

El estreno de la Compañía Nacional de Teatro, en El Galeón, de La conspiración de la Cucaña representa un homenaje a Alfonso Reyes en el centenario de su nacimiento. Reyes (1889-1959) nació en Monterrey y fue hijo del general Bernardo Reyes que, sumado a la Revolución, aspiró en algún momento a la presidencia de la República y murió acribillado frente al Palacio Nacional de 1913. Este trágico hecho marcó profundamente a sus hijos Bernardo y Alfonso, pero en tendencias opuestas, ya que el primero intentó por todos los medios mantener vivo el recuerdo de aquel asesinato, mientras que el segundo optó por la distancia y por una renovación de etapas. Se incorporó al cuerpo diplomático y vivió en España desde 1914 hasta 1924, donde estudió con Menéndez Pidal.

Esa muerte y ese viaje hacen un corte en su vida y aquí queda, a su partida, el Ateneo de la Juventud, donde estuvo relacionado con Antonio Caso, José Vasconcelos, Pedro Enríquez Jureña y otros. En España colaboró con el Centro de Estudios Históricos y se convirtió en una autoridad sobre temas relacionados con el Siglo de Oro. Como diplomático viajó también a Argentina y Brasil, hasta que en 1939 es nombrado presidente de lo que luego sería el Colegio de México, en estrecha relación con los emigrados españoles de la Guerra Civil. Su producción literaria, como ensayista, poeta y traductor es muy extensa (sus obras completas están reunidas en veinte volúmenes), volviéndolo una figura clave del panorama intelectual de México.

Este homenaje teatral que ahora le hace la Compañía Nacional, con la dirección de Luis de Tavira, estructura una biografía fantástica. Naturalmente ésta se asocia en lo fundamental con la de Reyes, pero trabaja sobre ciertas claves de interpretación de su vida y personalidad mucho más allá de la realidad histórica para ubicarse en el plano de los que significó ese hombre y su obra para México. En ella deambulan una serie de personajes del siglo que tuvieron relaciones directas o indirectas con su persona y su pensamiento; pero no como personajes ciertos, sino acercándose a reminiscencias libres que el espectador va asociando sin jamás fijar totalmente a ciertos referentes históricos, como Valle Inclán, Borges, Salvador Novo, Imperio Argentina, Jean Cocteau, etcétera. Es decir, como sugiere el programa de mano, que el espectáculo se vuelve algo similar a "un registro de su espíritu y sus pasiones", donde "se mantiene alerta el humor, como única actitud respetable ante la vida".

Su pensamiento tal vez tuvo vertientes filosóficamente contradictorias, pero lo que la obra exalta es su sentido epicúreo. Y de allí la presencia permanente de un gran festín, donde los sentidos y el intelecto gozan entrelazados: los amantes y la plática como alimento individual y punto de vinculación con el otro en esa búsqueda permanente, en una vivencia adelantada, de la utopía, de la cucaña a la que hace referencia el título. Un pensamiento que evita el dogmatismo sin perder claridad y firmeza; un gusto por explorar el contenido de cada sabor y de cada idea, un placer por el manejo de las palabras como si fueran especias que administradas generosa y sabiamente dan como resultado una exaltación al sentido de la vida y un encuentro con el espacio de libertad que Reyes buscó y defendió siempre.

Aquí y allá se incorporan referencias al poema dramático Ifigenia cruel y a la imagen del duelo paterno, con su posible reclamo de venganza. Y así a veces la mesa del banquete se vuelve espacio fúnebre: lo que se hunde en la tierra y lo que surge de ella. Una metamorfosis en que los opuestos se complementan y se explican.

La conspiración de la cucaña rescata el espíritu de Reyes con imágenes que son propias a la estética de Tavira, capaz además de llevarnos a través de ese laberinto por más de tres horas sin caer en la monotonía, siempre incorporando variaciones sobre un tema básico.

Son varios los trabajos actorales que resultan de interés, destacándose Ofelia Medina, José Antonio Alcaraz, Jorge Martínez de Hoyos, Luis Gimeno y Blas Braidot, sobre un equipo muy bien entrenado y dentro de una excelente ambientación escenográfica y de iluminación a cargo de Alejandro Luna.

Un buen renacimiento de la Compañía Nacional de Teatro en esta nueva etapa.

Ofelia Medina en La conspiración de la cucaña, texto de Alfonso de María y Campos / Luis de Tavira, dirección de este último, Teatro El Galeón (Unidad Artística y Cultural del Bosque, 520-9060/303), jueves y viernes (20:30), sábado (19.-00) y domingo (18:00 horas). Fotografías de Luis Fernando Moguel.