FICHA TÉCNICA



Título obra Los enamorados

Autoría Carlos Goldoni

Notas de autoría Héctor Mendoza / versión

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Carmina Estrada, David Magaña

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Bruno Bert, “Una puesta de fin de curso. Los enamorados”, en Tiempo Libre, 14 septiembre 1989, p. 36.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Una puesta de fin de curso
Los enamorados

Bruno Bert

En el teatro Jiménez Rueda se acaba de estrenar la obra Los enamorados, una adaptación de Héctor Mendoza a la comedia del mismo nombre de Carlo Goldoni. Mendoza ha tomado la obra del autor veneciano y como él mismo dice en el programa de mano, pone en boca de los actores textos que el autor original nunca escribió, pero intenta conservar íntegramente su espíritu y significación. En lo personal no soy para nada ceñido al respeto estricto de los textos, y mucho menos cuando éstos tienen algunos siglos sobre sí. Un cierto Aggiornamento suele parecerme muy saludable. Lo que importa son los resultados ya que la herejía sólo es tal si no se impone.

El teatro de Goldoni (1707-1793) es una fiesta, donde los "Tipos" de la comedia del arte se van acercando al realismo social, a la comedia de costumbres, a una cierta descripción psicológica de los personajes. Esto directamente relacionado a los gustos estéticos de su época, a las concepciones de actuación que recogió de su entorno y a la sátira a las clases sociales emergentes en su momento. Se trata de obras vinculadas a una actualidad que incluso renueva en cuanto a concepciones teatrales. Hoy, dos siglos más tarde, todo esto ha quedado atrás y lo que es verdaderamente rescatable para nuestro deleite es aquel sentido festivo, con todo lo que tiene de brillante para cada uno de los renglones de la construcción escénica. Cuando un grupo como Ornitorrinco monta a Moliére tiene muy en cuenta esto, y lo que nos entrega es una fiesta de color, movimiento, vestuario, ritmo, etcétera, con una estructura por supuesto también actualizada (en este caso muy a la brasileña) e inserta todo en las travesuras un tanto inverosímiles de la trama. Si eso no funciona la única otra alternativa (al parecer viable es la reconstrucción arqueológica con lo que de interés pueda significar. La obra de Mendoza está muy lejos de esto último (tal vez afortunadamente porque esas reconstrucciones sólo suelen ser para el gusto de minorías ínfimas y los originales eran para el deleite del pueblo, ya que no se daba solamente en la corte), pero tampoco asume lo primero, quedándose en una media agua en donde Goldoni se reduce a una estructura anecdótica que hoy apenas si se nos hace chistosa porque todo el entorno ha cambiado. La fiesta se nos vuelve como un fin de curso sin vuelo ni transgresión.

Salvar el espíritu es justamente reentregarle lo que el tiempo le quitó, por eso se vuelve aceptable que los textos no conserven el arcaísmo que provocaría una cierta pesadez. Pero todo el juego, todo lo lúdico que aquellos montajes tenían y su carga de sobreentendidos sociales aquí se ha diluido en un leve entretenimiento un tanto intrascendente de carnes fofas y colores rosados.

Tal vez tenga que ver el hecho que se trata de una puesta con actores de nueva promoción del NET. Y en esto no hago una crítica a su desempeño, sino a la concepción general que la acerca a un ejercicio para estudiantes mucho más que a una creación original en donde se pone en juego todos los resortes de la imaginación. Tal vez es una organización escénica hecha con el pensamiento puesto en esta circunstancia más que por el placer de retomar a un Goldoni con todo lo que puede implicar. Y el peligro es evidente porque aproxima la propuesta a un evento social.

Alguna vez leí (y no hace mucho) una crítica teatral en páginas de sociales, que terminaba diciendo: "Al término de la representación sólo se escucharon comentarios de buen gusto y actualidad, como sucede siempre que se reúne una selecta concurrencia". Al tomar una copa después del estreno, en el vestíbulo del teatro y rodeado de gente conocida del medio, no pude menos que recordar ese comentario.

Carmina Estrada y David Magaña en Los enamorados, de Carlos Goldoni; versión y dirección Héctor Mendoza, Teatro Julio Jiménez Rueda (Avenida Juárez 154, Tabacalera), martes a viernes (20:30), sábado (19:00) y domingo (18:00 horas).