FICHA TÉCNICA



Título obra El Paso - Parábola del Camino

Dirección Santiago García

Grupos y compañías Grupo La Candelaria

Referencia Bruno Bert, “Las últimas resonancias teatrales. Primer Festival Ciudad de México”, en Tiempo Libre, 7 septiembre 1989, pp. 34-35.




Título obra Ni a tontas ni a locas

Autoría José Antonio Alcaraz y Gonzalo Valdés Medellín

Referencia Bruno Bert, “Las últimas resonancias teatrales. Primer Festival Ciudad de México”, en Tiempo Libre, 7 septiembre 1989, pp. 34-35.




Título obra Playa azul

Autoría Victor Hugo Rascón Banda

Dirección Raúl Quintanilla

Elenco Sergio Bustamante, Ignacio Retes, Lourdes Villareal

Escenografía Gabriel Pascal

Referencia Bruno Bert, “Las últimas resonancias teatrales. Primer Festival Ciudad de México”, en Tiempo Libre, 7 septiembre 1989, pp. 34-35.




imagen facsimilar

imagen facsimilar 2

Referencia Electrónica


Teatro

Las últimas resonancias teatrales
Primer Festival Ciudad de México

Bruno Bert

Ya estamos sobre la última semana, otra vez son tres los espectáculos vistos, pero en esta oportunidad a uno extranjero: La Candelaria, de Colombia, corresponden dos nacionales: el de Víctor Hugo Rascón Banda bajo la dirección de Raúl Quintanilla y el que compusiera José Antonio Alcaraz y Gonzalo Valdés Medellín quedando bajo la dirección de este último.

El paso Parábola del camino monotonía discordante de la Colombia actual

El teatro de la Candelaria ha cumplido recientemente 23 años de vida, que para un grupo es algo así como los 60 o 70 en la vida de una persona. Siempre bajo la dirección de Santiago García, su fundador. El nombre de ambos, director y grupo, son ya legendarios en América Latina, como puede serlo por ejemplo el Galpón de Uruguay, que incluso supera ampliamente esa edad. Y como en el caso del grupo Uruguayo, La Candelaria ha también cosechado todo tipo de críticas, incluso aquellas que lo vienen indicando como un aparato que al paso del tiempo ha pasado de las vanguardias a lugares más discretos en el panorama tanto colombiano como continental.

Naturalmente no es este el lugar para analizar debidamente el tema.

Vayamos mejor a la obra que nos han traído. Se trata de una creación colectiva, y en este sentido debemos recordar que García ha hecho interesantes aportaciones teóricas a los sistemas de creación conjunta de un espectáculo. Es el noveno de cuarenta y seis que montaron hasta la fecha que ha sido íntegramente creado por ellos. El nombre del trabajo es El Paso - Parábola del Camino. Tomando un caserío de cruce entre caminos al que han dado ese nombre, alejado de poblaciones importantes, prácticamente varado en el tiempo, nos muestra un paradero donde se sirven bebidas, con una mínima orquesta y donde la gente pasa hacia otros rumbos con sus carros o los camiones de pasajeros que se detienen un momento. Toman ese instante y lo prolongan en el tiempo durante unas horas, mostrándonos no una anécdota sino un entrecruce de acciones entre personajes característicos: la dueña, la pareja, el homosexual, los contrabandistas o traficantes de armas (pudiera ser de drogas), la orquesta, la prostituta, etc., en realidad no son seres tridimensionales sino más bien caracterizaciones un tanto esquemáticas y demostrativas cerradas sobre su propia imagen a la que desarrollan unilinealmente sirviendo como soporte simbólico de la realidad que quiere retratarse. Esto queda acentuado por el particular uso del tiempo y la casi anulación de los interdiálogos que pasan a ser inaudibles o inexistentes.Con una estética realista pero alejados de una situación naturalista de representación, se nos muestra a los que quedaron fuera de la conciencia en cuanto generadora de cambio. Todos están como empantanados en una cotidianeidad que no permite incidir ni modificar nada. Allí todo está peor que en cualquier parte y los que allí cayeron son agentes pasivos de las circunstancias que pasan sobre ellos. Seres ignorantes, torpes, frustrados, cobardes, inconscientes o incapaces. Tal vez un panorama excesivamente quietista porque al no ser ya seres, sino representaciones que abarcan un mundo simbólico dentro del panorama nos faltaría, así sea, la intención al cambio, cuando nuestra América Latina es esencialmente cambiante y contradictoria. A niveles teatrales algunos personajes resultan muy atractivos, como los dos músicos por ejemplo, mientras que otros obedecen demasiado a la reiteración de esquemas, seguramente por marcación, y se vuelven monótonos. Así mismo la dirección juega elementos compositivos de interés pero termina abusando de ellos debilitando así el efecto general.

En definitiva, un grupo con un lenguaje y una propuesta con una identidad reconocida, pero seguramente discutible tanto en lo que dicen como en las herramientas artísticas que usan para expresarlo.

Ni a tontas ni a locas, lágrimas, risas y amor del mundo gay

José Antonio Alcaraz y Gonzalo Valdés Medellín se unieron para, como autores, crear un espectáculo de café-concert sobre el tema de la homosexualidad. De allí que el título puede ser leído desde dos perspectivas: la primera según constituye una frase de uso común para algo realizado con detenimiento y premeditación, la segunda en exclusión de las "tontas" y las "locas", nombre este último de uso general dentro del mundo gay.

El espectáculo es de carácter musical y aborda desde una visión al mismo tiempo crítica e ingenua, casi kitsch en muchos momentos, las circunstancias culturales, políticas o vivenciales que se dan dentro de la comunidad homosexual en su relación con el medio. Su humor es muy particular, con elementos que son comunes a otras creaciones ligeras hechas también por otros artistas homosexuales. Es un humor casi patético que no creo tenga esa intención en sí, sino que sale a pesar de la voluntad expresa de sus autores.

Tal vez aquí se nos podría decir que el humor más verdadero, el más efectivo es justamente aquel que nos acerca a su contrario, aquel que está separando por una línea imprecisa la risa del llanto. Pero no me refiero a esto. Es otra cosa, y me recuerda a ciertos chistes sobre judíos oídos en boca de ellos mismos. En lo personal nunca he escuchado algo tan feroz como eso, y no llega a ser ofensivo sólo por el hecho de constituirse en una autoburla, ya que en manos de cualquier otra se transformaría en un hecho casi denigratoria. El humor homosexual bordea permanentemente ese sentimiento, no tanto por lo que dice sino por como lo hace. Por la recurrencia a formas y elementos colindantes con la vulgaridad, lo superficial, lo cursi, el mal gusto, la estridencia y otra serie de elementos igualmente irritativos. A tal extremo que en algunos momentos llegan a producir rechazo.

[p. 35]

Sin embargo posiblemente sea esta una de sus funciones, en una especie de catarsis donde se exorcice por el exceso de los elementos “folclóricos” del hecho mucho menos complicado de una opción afectiva y sexual. Tal vez hay una enorme apetencia de poesía que se queda en el umbral de la burla a sí misma. Es como si el humor homosexual no pudiera autonomizarse de la visión especular de sí mismos a través de los que les rodean. No parece su visión personal, sino la visión deformada de lo que creen es la visión ajena sobre ellos. Claro que esto es un juego donde se termina por perder la noción de donde nacen las verdaderas identidades. Ni a tontas ni a locas cae en esto que a mi modo de ver es una trampa, no sé si grosera o sutil, porque no muestra su verdadero humor, el humor de Alcaraz y Medellín, sino un humor potenciado por una homosexualidad que no es la de ellos sino la noción abstracta que de ella maneja la sociedad. Esto no habla ni bien ni mal del trabajo en sí, lo pone simplemente en un cuestionamiento hacia un humor más profundo en cuanto más personal de dos creadores que indudablemente no carecen de él.

Playa azul, redondo espectáculo
sobre la soledad del perdedor

En lo personal el naturalismo no es el estilo que más pueda interesarme. por el contrario. muchas veces discutí las limitaciones que éste implica. Sin embargo, cuando algo está bien hecho es evidente que supera los elementos primarios del gusto personal y se impone como hecho en sí. Es el caso de este espectáculo de Víctor Hugo Rascón Banda que ha puesto en escena Raúl Quintanilla.

Playa azul es una reflexión en actos sobre la soledad del perdedor cuando éste es un político que es sacado de la escena. Una soledad que en realidad refleja soledades anteriores no advertidas por el brillo de la marcha, traiciones no reconocidas por la sensación de triunfo. Una ausencia de afectos, autenticidad y vida que sólo se evidencia entonces, pero que no es más que una cosecha de los actos meticulosamente sembrados durante el ascenso. Por eso el escenario es como un retrato de Dorian Gray que ha ido acumulando los resultados de los actos no visibles en las caras de las personas que los perpetraban, y que al momento final devuelve lo recibido entre el chapoteo del derrumbe Las obras de Rascón Banda suelen ser mucho más abiertas, más permeables a la alteración, más al interno de los personajes. Pero en ésta, que ha asumido como una totalidad de propuesta, la manejó con un extremo cuidado en el ensamble de situaciones y personajes. Y allí Raúl Quintanilla le siguió con la misma atención, formando unidad con el autor.

Al igual que Gabriel Pascal que nos entrega una proposición escenográfica de un naturalismo donde el escenario es una continuidad de nuestra visión hacia un mundo que se reconoce. El plantel de actores nos muestra un conjunto homogéneo con una gran habilidad por parte de la dirección para amalgamar talentos tan diferentes como los que lo componen, sabiendo contener o acelerar características que ya conocemos en los actores del planteL Son especialmente interesantes las actuaciones de Sergio Bustamante, Ignacio Retes y Lourdes Vlllarreal, aunque los demás muestran también un sólido trabajo de composición.

Una obra redonda para el cierre de un festival y la apertura de una temporada.