FICHA TÉCNICA



Título obra Mariana Pineda

Autoría Federico García Lorca

Dirección Roberto Blanco

Elenco Lilian Rentería

Grupos y compañías Grupo Irrumpe

Referencia Bruno Bert, “Resonancias teatrales. Primer Festival Ciudad de México”, en Tiempo Libre, 24 agosto 1989, p. 39.




Título obra No +

Autoría Raúl Osorio

Notas de autoría Basada en El Pupilo que quizo ser tutor, de Peter Hanke

Dirección Raúl Osorio

Grupos y compañías Taller de Investigación Teatral

Referencia Bruno Bert, “Resonancias teatrales. Primer Festival Ciudad de México”, en Tiempo Libre, 24 agosto 1989, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Resonancias teatrales
Primer Festival Ciudad de México

Bruno Bert

Descontando a Marcel Marceau, al que no pudimos ver por dificultades de boletaje, esta semana nos ha traído dos presencias latinoamericanas: Cuba y Chile, con el Grupo "Irrumpe" y el Taller de Investigación Teatral; siendo el espectáculo de Chile parte del 5o. Festival Latino de Nueva York en México que se encuentra incorporado al Festival de la Ciudad. Hablemos un poco sobre ellos.

El teatro cubano en transición

Este grupo, que está bajo el patrocinio del Ministerio de la Cultura cubano, se formó en 1982, habiendo trabajado en el montaje de obras de autores sobre todo españoles y de su país. La compañía está integrada por 32 elementos bajo la dirección de Roberto Blanco con más de treinta años de labor escénica.

La postura de este director expresada en el programa -de mano nos habla de una intención de cambio dentro del panorama teatral de Cuba, ya que considera preeminente la sensibilidad y la imaginación sobre el directo mensaje político por un lado y el nacionalismo más explícito por el otro. Esto, necesariamente, lleva consigo también transformaciones en el lenguaje de sus productos, acercándolo más a lo poético y sugerente que al formalismo realista de las obras que habitualmente Cuba manejó.

Sin embargo, no es lo mismo la expresión de deseos que la realización de los actos y a juzgar, ahora sí por su trabajo y no por sus palabras, el teatro cubano se encuentra en una etapa de transición donde aún se arrastran muchas de las viejas premisas sin haberse asentado en las nuevas. Veamos por qué.

En primera instancia al elegir una obra de Lorca se prefirió Mariana Pineda, lírica por supuesto, pero cuyo mensaje político es explícito, y no implícito como en las que justamente suelen ser más montadas.

En ella se narra el martirio de aquella mujer española que en los últimos años del reinado de Fernando VII bordó una bandera para los liberales, fue presa y ejecutada por no brindar los nombres de los conspiradores. Naturalmente, el tema del amor trágico está presente, pero es el canto a la libertad el que está en primer plano y tenía como destinatario a la dictadura de Primo de Rivera (fue escrita en 1927). Esta explicitación de mensajes es frecuente dentro del teatro cubano, y en este montaje continúa siéndolo. Quede claro que no estoy en contra de ello, simplemente anoto que el rumbo no ha cambiado.Por otra parte efectivamente se aleja de los cánones tradicionales del naturalismo con que podría haber sido montada para seguir un camino poético y dé búsqueda de lenguajes, pero éstos se encuentran en estado fluido, con imágenes muy bellas en algunos momentos y otras que evidencian una cierta ingenuidad formal proveniente, al parecer, más que de una concepción, de un débil manejo de los instrumentos técnicos expresivos. Así quedan como compensadas las imágenes afortunadas que van jalonando el trabajo con toda una serie de otras que recuerdan las antiguas puestas de ópera, con un uso muy débil del espacio, composiciones formales demasiado rígidas y con una implantación del actor con notorias deficiencias cuando no se trata del elemento coral. Y tal vez ésta es la parte más débil, ya que si en el montaje hay una alternancia de logros y desaciertos, en lo que hace a los intérpretes principales tal vez con la excepción de Lilian Rentería en el papel de Mariana- es francamente declamatorio y grandilocuente a pesar de la adaptación a la que fue sometida la obra. La clave poética e intimista de ciertos 'momentos queda como congelada y el erotismo latente y vital en Lorca se endurece en gestos preparados y en desgarros formales que se alejan definitivamente de ese "dar cuerpo y voz a la imaginación" que justamente propone el programa de trabajo del grupo.

Entonces el rumbo no está muy claro y se arrastran cosas anteriores sin haber consolidado aún nuevos territorios expresivos. Pero, en todo caso, se trata de un andar, y eso es preferible a la segura quietud de formas y moldes que ya están muertos. Una transición a la espera de nuevos resultados.

No + , una puesta distante y "lejos de todo concepto brechtiano"

Nos dice el material de información: "El T.I.T. fue creado en 1976 por Raúl Osorio y un grupo de jóvenes estudiantes de teatro con el fin de investigar el arte del actor y con el fin de satisfacer la necesidad de poner en escena aquellos temas que tuvieran relación con los sucesos de su país... además de desarrollar un proceso de investigación un sistema de trabajo que permita crear sus propias obras".

Hay que admitir que se trata de un espectáculo y un lenguaje que en lo personal no esperaba de los chilenos, lo cual es un punto de interés inicial a su favor. El grupo Taller de Investigación Teatral (TIT) trajo una obra que está basada en El Pupilo que Quiso Ser Tutor de Peter Hanke, un autor austriaco que tiene entre sus principales características la investigación de lenguajes, a tal punto que hace de ellos parte fundamental de la estructura y temática de sus espectáculos.

La obra mencionada está incluida en este tipo de trabajos experimentales y fue compuesta en 1969 usando la pantomima y excluyendo el uso de la palabra para tratar el tema del dominador-dominado en las diversas áreas de la vida social y familiar. Características estas dos últimas (tema y silencio) que también pudimos ver en el trabajo de los italianos como reseñáramos hace un par de semanas. Los lenguajes teatrales tenían similitudes y diferencias notándose en los chilenos un paso más avanzado, con elementos de una estética que fue muy usada en Europa, sobre todo en Alemania, hacia fines de los setenta y principios de los ochenta vinculada al Body-Art.

Cuatro actores, tres músicos, trajes oscuros, movimientos parsimoniosos y no siempre naturalistas, imágenes simbólicas, objetos re-significados, luces casi fijas con algunos atisbos expresionistas, una tendencia más bien hacia el performance y una desafectivización en el tratamiento de temas altamente emocionales como la represión, la tortura y la muerte. Claro que el grupo de Chile no monta la obra de Hanke, sino que toma fragmentos de ella e incluso los adapta libremente hallando analogías en la situación chilena de la época del referéndum que dijo NO + a la continuidad de Pinochet.

Este camino es el que digo que me sorprendió por no esperado y por el rigor con que está seguido: tanto el director como los actores transitan con seguridad dentro de lo que se proponen. El trabajo corporal, el montaje y la música son eficaces y muy correctamente instrumentados. Y sin embargo es como si hubieran dado un paso de más, haciendo que el distanciamiento y la desafectivización llegaran hasta el mismo aburrimiento. Es como si el trabajo terminara por volverse autónomo del espectador, transcurriendo casi sin él. Nada de lo que se ve es criticable ni a niveles conceptuales ni formales, pero está tan aislado en lo suyo que casi dejamos de prestarle atención. Y yo sigo creyendo en aquello que decía Brecht en relación con que la función principal del teatro es entretener, ya que si no lo hace no hay posibilidad de comunicación. Siento que el trabajo quedó excesivamente enfriado... tal vez muy a la alemana, y en lo personal sólo me llegó como un diálogo entre los ojos y el cerebro, sin bajar para nada a la zona corporal, cuando pienso que el teatro hay que verlo en un estado de integración... aunque estemos muy lejos de reclamos emocionales y empatizantes.

Escena de Mariana Pineda, de Federico García Lorca, con el grupo Irrumpe de Cuba, dirección Robert Blanco.