FICHA TÉCNICA



Notas El autor destaca lo más representativo de cada uno de los trabajos de las representaciones rusa, argentina y norteamericana dentro del Festival

Referencia Bruno Bert, “Resonancias teatrales. Primer Festival Ciudad de México”, en Tiempo Libre, 10 agosto 1989, pp. 39-40.




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Referencia Electrónica


Teatro

Resonancias teatrales
Primer Festival Ciudad de México

Bruno Bert

En la cobertura de los espectáculos internacionales de esta semana me ha tocado ver los trabajos de las representaciones rusa, argentina y norteamericana. Trataré de mencionar lo más representativo de cada una de ellas, aunque es claro que irremediablemente quedará en el tintero lo que no quepa en la página. Necesaria omisión por espacio y no por voluntad.

Escuela de Arte Dramático de Moscú

El teatro ruso parece estar decididamente vinculado a las imágenes patriarcales de sus grandes teóricos y escritores, y de hecho el nombre mismo de este grupo nos recuerda de inmediato al Teatro de Arte de Moscú que fundara hace un siglo Stanislawski. Y esto no es casual, ya que bajo su advocación, la de Vachtangov y Chejov pone su compañía Anatoli Vasiliev, fundador hace diez años de la Escuela de arte dramático de Moscú, y director de esa compañía en la puesta de Seis personajes en busca de un autor en sus representaciones en México dentro del marco del Festival de la Ciudad.

Al parecer este director se ha convertido en una revelación del nuevo teatro soviético, a tal punto que a lo suyo se le llama “el teatro de la Perestroika”, vinculándolo con las etapas sociales que allá se están viviendo, ha tenido un resonante éxito en giras por Europa Occidental y ésta es la primera vez que se traslada a América, habiéndonos tocado a nosotros esa primicia. Y justamente con la obra que más fama le ha dado. No deja de ser interesante que un grupo de advocación stanislawskiana monte un Pirandello como éste, que justamente propone una reflexión teórica y práctica sobre el hacer del actor, los estilos teatrales y las técnicas de vinculación espacial y de relación con el público.

El trabajo de los soviéticos resulta altamente interesante en el abarque de todos los aspectos de construcción. En primer lugar la disposición escenográfica avanza sobre la misma propuesta de Pirandello y por tres veces el espectador se ve reubicado en un espacio que, salvo la imagen frontal, se transforma. Y aun ese frente deja por momentos de proponerse como eje de la acción trasladándose ésta a todos los lugares de la sala, "confundidos" actores y público. Sin embargo ese frente y una cortina que se va corriendo y descorriendo a mitad del ámbito reevocan los elementos tradicionales del teatro en vigencia en la época de Pirandello, usándoselos paradójicamente tanto en el sentido convencional como cuestionándolos y resignificándolos en su uso.

Por otro lado está la labor del director, que parece ser también el adaptador de la obra original. Su trabajo es altamente imaginativo, creando situaciones alternativas, duplicaciones de roles, reflexiones sobre la acción e incorporando el elemento lúdico como un espejo que multiplica las posibilidades del texto, las actualiza en cuanto a reflexión dramática y las libera de ataduras estéticas anteriores. Pero ese juego de cajas, ya existente desde el original pero enriquecido por la nueva propuesta, no descarta las soluciones anteriores sino que las contiene superándolas. Y un ejemplo de ello es el trabajo de los actores (en general muy buenos) que manejan diversas técnicas simultáneas en donde el elemento naturalista no es más que un referente del que pueden distanciarse a voluntad para volver a él cuando la acción así lo requiere. En definitiva, un teatro rico en sugerencias, tal vez no tan novedoso pero sí muy sólido en su proposición global y en cada uno de los discursos (verbales, corporales, escenográficos, etcétera) que contiene, que se vuelve de interés fuera de Rusia sin dejar sin embargo los elementos nacionales de lado.

Eduardo Pavlowsky - Argentina

No es fácil que una persona reúna en sí los roles de autor, actor y director, suele trabajar prácticamente solo y tenga un resonante éxito internacional por lo que hace... pero es el caso del "Tato" Pavlowsky, un argentino de 55 años, médico y psiquiatra (además) que acaba de ser premiado en Londres por su trabajo en esta obra. Amén los galardones logrados en diversos países y un estado de gira casi permanente que nos lo muestra en los festivales más importantes del mundo. La obra que ha traído a éste, el Primer Gran Festival Ciudad de México, es Potestad, suya, por supuesto, aunque en esta oportunidad sea dirigido por otro argentino radicado en el exterior: Norman Briski.

La temática del trabajo está cercana a la que el cine argentino llevara a la pantalla bajo el nombre de La historia oficial (también con excelentes actores). Es decir, los niños secuestrados por los militares y torturadores durante la llamada "guerra sucia" a los militantes que eran asesinados por la represión. Estos niños fueron adoptados por sus raptores y se debió al trabajo de las madres y abuelas "de Plaza de Mayo" junto con las organizaciones en defensa de los derechos humanos, que algunos fueran descubiertos y reintegrados a sus familias originarias. Al igual que en el filme mencionado, la óptica elegida en obra corresponde a la de los represores, constituyendo una impresionante denuncia que ahora, en Potestad (con referencia a la "patria potestad", es decir el derecho legal de autoridad sobre los niños) se actualiza, ya que el trabajo termina con las palabras: "si las cosas siguen así pronto volveremos a reunirnos", en un atisbo aterrorizante a la posibilidad del regreso de los militares al poder.

La obra, un monólogo interpretado por Pavlowsky apoyado por la presencia de una actriz que nunca habla, se divide en tres tiempos, en el espacio absolutamente vacío de un escenario en el que sólo hay dos sillas. En el primero se hace la presentación del personaje (sin detalles de su historia) que al mismo tiempo es una verdadera clase de teatro, prácticamente en el sentido más literal del término: cómo desarrollar la energía en el actor, cómo proyectarla, cómo usar el cuerpo para caracterizar un personaje, cómo captar la atención del público, cómo representar una situación generando el interés por una historia que se va a contar y cómo crear un ambiente casi de humor y comedia cuando lo que va a seguir es absolutamente dramático. Todo esto en forma abierta pero ciertamente no obvia. Pero no sólo eso sino que, para los que conocemos de cerca a la Argentina, es también la presentación de una clase que se irá transformando y degradando en las etapas siguientes.

En la segunda parte (aunque las tres constituyen un acto único de un total de una hora) se presenta la desesperación del personaje, su entorno social y la incapacidad para reconocer emocionalmente una situación que sin embargo comprende a niveles racionales. Y en la última se forma un crescendo donde el individuo concluye su presentación (recién ahora sabemos que es un médico de la represión que se apoderó de la hija de una pareja asesinada), desarrolla la patología y termina en la exasperación y la necesidad de venganza, cortándose la acción sobre su máximo clímax.

La actuación, de tipo naturalista, tiene constantes quiebres y reiteraciones que permiten salir de la empatización provocada por el personaje y observar críticamente lo que se nos está narrando-viviendo, en un vaivén extremadamente controlado. Indudablemente se trata de un fuerte trabajo, exquisitamente construido por un Pavlowsky tanto autor como actor, seguramente bajo precisas indicaciones de la dirección. Asombra el casi virtuosismo del intérprete y la economía de medios con que logra tal riqueza expresiva. Un teatro comprometido, no sólo políticamente sino con las más altas cotas de calidad. Excelente representación Argentina para nuestro Festival.

Mabou Mines - Estados Unidos

Este grupo norteamericano se fundó hace veinte años y tiene su sede en Nueva York, aunque ha viajado a infinidad de países llevando [p. 40] sus trabajos (ya cuentan con más de cuarenta puestas), siendo sin embargo la primera vez que visitan México. Nos han traído Cold Harbor, una interesante reflexión sobre el General Grant, héroe de la guerra de Secesión, presidente de los Estados Unidos y no precisamente ajeno a los intereses mexicanos de aquel momento. La obra pertenece a Dale Worsley que, junto con Bill Raymond se hace cargo además de la dirección del espectáculo. Éste está ambientado en un juego de tiempos, en un museo contemporáneo en donde se está montando una exposición sobre el General Grant, cuya figura de cera se reanima, reflexiona y recuerda durante todo el proceso, hasta que el presente se congela, la historia se cristaliza y la exposición se abre al momento en que la obra termina.

El trabajo de montaje es complejo, con muchos aciertos en los complicados mecanismos de desplazamientos objetales e iluminación, donde permanentemente juega la ironía sobre cómo se hace la historia y cómo se la presenta con –y a veces a pesar de- las realidades que encierra. El peso del trabajo de actuación cae muy especialmente sobre Bill Raymond (que además de dirigir asume el rol principal) y en sus largos monólogos. Pero se da un fenómeno particular, porque a pesar de la profusión de imágenes y de la importancia de las mismas, lo verdaderamente esencial pasa siempre por la palabra, lastra el trabajo con un peso suplementario que hace que el espectáculo interesante, se vuelva un poco denso y monótono por momentos, captando un interés más intelectual que de compromiso integral con lo que está sucediendo, dejándonos un poco vacíos al término, un poco como si se tratara de una obra convencional.

Hasta ahora, en realidad, ha resultado lo menos significativo de lo que he podido ver en estos grupos internacionales, aunque no se ponga en duda la calidad del grupo y su trabajo. Pero aún faltan muchos otros y una visión general de este evento, que dejaremos para el final.