FICHA TÉCNICA



Título obra Hamlet IV

Autoría William Shakespeare

Dirección Andrzej Wajda

Elenco Jerzy Radziwilowicz, Teresa Kryzanowska, Krysztof Globisz

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Bruno Bert, “Stary Teatr de Polonia. Hamlet entre bambalinas”, en Tiempo Libre, 3 agosto 1989, p. 35.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Stary Teatro de Polonia
Hamlet entre bambalinas

Bruno Bert

Lo crítica a este espectáculo dirigido por Andrzej Wajda y con el que se abre el Primer Gran Festival Ciudad de México, debe dividirse en dos partes. Sobre la primera pasaré rápidamente dado que no hace a la obra misma aunque es imposible soslayar la: se trata de la ubicación de los espectadores (al menos en la función inaugural) que por estar mal dispuestas las gradas que los contienen no pueden, más allá de la segunda fila, ver prácticamente nada de lo que sucede en los primeros pianos (es decir más o menos el 50 por ciento de la obra. Esto provocó que aproximadamente la mitad del público dejara la sala al término del primer acto y los que quedamos, por una cuestión de estoicismo profesional, tuviéramos que intuir las imágenes de los actores hablando en polaco, muchas veces en un tono tan bajo que casi no era perceptible: no ver, no oír y además no entender por la diferencia idiomática es realmente lamentable aun tratándose de Shakespeare y Wajda juntos. Es de esperar que esto haya sido corregido en las funciones siguientes. Bueno, vamos al trabajo mismo.

El director en éste, su cuarto acercamiento a Hamlet, propone la idea del actor como eje para la construcción del espectáculo. Paro esto, a nivel de puesta, desplaza a los espectadores a un lateral del escenario, donde supuestamente estarían ubicados los camerinos (el de Hamlet, precisamente). Cuando vemos al elenco en la interpretación lo hacemos de costado, entre piernas, como lo hacen los actores que están por entrar a escena, mientras ellos actúan hacía el verdadero frente de la sala, es decir, hacia una platea que está vacía.

Unos espejos nos permiten ampliar la visión hasta la zona de candilejas y el hueco oscuro de butacas, lo mismo que un monitor de TV captor ciertos primeros planos al mismo tiempo que observamos las espaldas de los personajes en el escenario, aunque con él también se refuerce lo referencia al actor que debe entrar, en la tensión de la espero, y la reflexión sobre lo que sucede en escenario.

Otras escenas se desplazan a nuestro mismo frente (aquel que decía que casi no podíamos ver), en esa frontera donde actor y personaje se fusionan o distancian, se niegan o reclaman mientras la función debe, necesariamente, continuar.

Esta reflexión, este juego de cajas interpenetradas si bien no es novedoso, dado que el Hamlet se presta particularmente para ello, tiene una presentación distinta, atractiva y está soportado por un excelente grupo de actores, aunque hay momento del trabajo que se prestan a ciertas dudas: la escena de la flagelación del rey y la de la matanza final son realmente pobres resolutivamente, y a uno le queda la incertidumbre si es una calculada deficiencia de puesta dentro de la puesta (lo que sería lo mismo que criticar la puesta de Hamlet hecha para el Rey) o no. El orden general de continuidad del Hamlet está respetado, aunque con ciertas alteraciones visibles. El desconocimiento del idioma no me permite saber si hay interpoblaciones textuales al original de obra, aunque tal vez puedo suponerse que sí y correspondan a las reflexiones del actor frente a su papel.

En todo caso estamos frente a un material de sólida factura en todos sus renglones, especialmente en la serie de connotaciones sobre los que juega Wajda en el uso de planos, espacios y referencias en relación al actor, personaje y público.

Aunque tratándose de semejante director, de quien hemos admirado tantos importantes filmes desde aquel memorable Cenizas y diamantes, y del Stary, con una tradición de más de dos siglos, no llega a los niveles de deslumbramiento que, tal vez un poco apresuradamente, este crítico esperaba encontrar. Naturalmente no se trató de desmerecer un bello espectáculo, con una especial mención para Teresa Budzisz-Krzyzanowska en el papel de Hamlet, sino sólo descubrir algo así como la cotidianidad de los grandes.

Un excelente trabajo pero no necesariamente una obra de arte como sin duda lo fueron ciertas películas suyas.

Jerzy Radziwilowicz, Teresa Kryzanowska y Krysztof Globisz en Hamlet IV, de William Shakespeare, dirección Andrzej Wajda, Teatro Julio Castillo (Unidad Artística y Cultural del Bosque, 520-4332), jueves y viernes (20:30), sábado (19:00) y domingo (18:00 horas).