FICHA TÉCNICA



Título obra Los caminos solos

Autoría Óscar Liera

Dirección Óscar Liera

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Bruno Bert, “Vuela vuela palomita, ya mataron a Bernal... Los caminos solos”, en Tiempo Libre, 27 julio 1989, p. 36.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Vuela vuela palomita, ya mataron a Bernal...
Los caminos solos

Bruno Bert

Óscar Liera es una presencia innegable en nuestro teatro, tanto en el rol de dramaturgo como en el de director, en los últimos años sobre todo del Taller de Teatro de la Universidad de Sinaloa. Sin embargo su calidad no suele ser la misma en ambos papeles, aunque hay que admitir que en esto hace parte también la subjetividad de quien lo aprecia. En lo personal, sus textos me parecen cargados de imaginación, con situaciones muy bien propuestas y con un amplio margen para la creatividad del director. Pero sucede que cuando éste es el mismo Liera, a veces desaprovecha lo que el escritor le brinda — aunque sea él mismo— debilitando la efectividad mencionada para sus textos.

Esto, que ya lo habíamos advertido en otras puestas se reitera en Los caminos solos que se nos propone ahora en el teatro Jiménez Rueda; tal vez aquí con la acentuación de que no se trata de una de sus obras escritas más logradas, aunque conserve elementos compositivos que le son característicos.

La anécdota hace referencia a la historia de Heraclio Bernal, aquel "bandido" de Sinaloa que fuera exterminado en los albores del gobierno de Díaz. Qué bonito era Bernal/ En su caballo joyero/ El no robaba a los pobres/ antes les daba dinero / Vuela vuela palomita/ vuela -vuela hacia el nogal/ ya están los caminos solos/ ya mataron a Bernal", dice el corrido que lo recuerda, y aunque no está mencionado en él programa de mano es de suponer por la concordancia que el título está justamente extraído de la canción. La vida de este caudillo popular que terminó asesinado como tantos otros; la relación de solidaridad de todo un pueblo para con él; su sentido del humor y de la justicia; las pequeñas escenas y tipos populares y la desesperación entre patética y ridícula de sus persecutores es lo que estructura todo el trabajo en flashes de tipo cinematográfico. Así como la marcación de la carencia de una estructura planificada para la toma del gobierno que limita su alzamiento a una respuesta espontánea y popular ante la justicia que aún no logra cuajar en una acción a niveles nacionales a pesar de las proclamas. Y aquí la soledad mencionada en el título adquiere un segundo sentido que acompaña a la sensación de estos hombres acosados que van perdiendo a familiares y amigos en emboscadas y traiciones. Lo que da al trabajo no sólo un aspecto épico sino también un sesgo humano en sus debilidades.

A niveles de puesta Liera prescinde de escenografía trabajando simplemente con cámara negra y algunos elementos de utilería que permite multiplicar rápidamente los espacios de la acción por simple indicación y sugerencia. Esto que por un lado aligera el espectáculo por el otro lo empobrece (alguna vez utilizó para ideas similares estructuras que se resignificaban) volviéndose casi un ejercicio a manos de los actores. Y en esto tal vez es donde más cojea puesto que los mismos —en general-- están más cerca de la respuesta de alumnos que la de actores profesionales. Lo que plantea problemas serios para el desarrollo de la gama de matices usados en ese vaivén que va del naturalismo de los personajes insurrectos hasta el grotesco de los representantes del gobierno y la represión. A lo que hay que sumar algunos factores voluntariamente propuestos por el director que extrañamente se desaprovechan en su efectividad, como la hermosa figura del viejo con el fonógrafo que literalmente va hilando las acciones y que al final se quiebra en una inclusión cotidiana que minimiza su larga participación dejándolo simplemente como un espectador más de los hechos.

A pesar de todos estos puntos débiles, un trabajo de Liera es siempre una visión de un tipo particular de nuestro teatro de provincia que merece ser visto y apoyado porque además de constituir una obra, marca una línea de búsqueda y de presencia que se vuelve referente en momentos tan complejos como los actuales. Hagámonos presentes entonces en esta breve temporada que material para el debate no habrá de faltar.

Escena de Los caminos solos, autor y director Oscar Liera, Teatro Julio Jiménez Rueda (A venida Juárez 154, Tabacalera), martes a viernes (20:30), sábado (19:00) y domingo (18:00 horas)