FICHA TÉCNICA



Título obra Las mujeres sabias

Autoría Jean Baptiste Poquielin Molière

Dirección José Caballero y Lorena Maza

Elenco Rubén Cristiany

Espacios teatrales Anfiteatro Simón Bolívar

Referencia Bruno Bert, “Sin otra ambición, que la de una sonrisa. Las mujeres sabias”, en Tiempo Libre, 6 julio 1989, p. 41.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Sin otra ambición, que la de una sonrisa
Las mujeres sabías

Bruno Bert

Jean Baptiste Poquelin, más conocido por Molière, forma junto con Corneille y Racine la gran triada de autores teatrales que fija el clasicismo francés del siglo xvii Aunque los tres incursionaron tanto en la tragedia como en la comedia, correspondió a Molière el mayor desarrollo de ésta última, mientras que Corneille y Racine cimentaron su fama a partir de la calidad de sus tragedias.

Actor, autor, director de compañía al servicio del rey que lo protegió durante casi toda su vida frente a aquellos integrantes de la corte que con frecuencia se sintieron heridos por sus burlas, Molière es un ejemplo interesantísimo del hombre de teatro en la Francia de Luis XIV. Ariane Mnouchkine, la directora y fundadora del Theatre Du Soleil, llevó al cine hace unos años, en un filme genial, esa vida y el entorno social en que se dio. Sus obras más famosas —El misántropo, El ávaro, El enfermo imaginario, etcétera siguen reponiéndose constantemente en todo el mundo y el nombre de Tartufo ha quedado como sinónimo de hipócrita a partir de aquella obra de ese nombre que tanto escándalo levantara al momento de su estreno.

Ahora ha comenzado a darse entre nosotros —en el anfiteatro Simón Bolívar (antiguo colegio de San Ildefonso) — uno de los últimos trabajos: Las mujeres sabias, bajo la dirección de José Caballero y Lorena Maza.

La obra reconoce antecedentes dentro de la producción del autor, como sucede con otras suyas que al generar un determinado éxito lo llevaron a tratar el mismo tema desde varios ángulos (especialmente el tema de los médicos y la medicina de su época). En este caso el antecedente está dado por Las preciosas ridículas un verdadero suceso que le significó tanto a él corno a su compañía no pocos privilegios de parte del rey. El comportamiento de ciertas mujeres "a la moda" fue otro tema reiterante en las comedias de Molière. Aquí, dentro de las lógicas intrigas argumentales de la comedia, contrapone el sentido común a la afectación, enfatiza el "natural" sometimiento que el sexo femenino le debe a su contrario y aprovecha para atacar a los detractores de la corte. Hay agilidad, chispa, intriga y una buena factura constructiva a todo lo largo de la obra. Tal vez no sea su comedia más representativa ni la más lograda, pero indudablemente no está entre aquellas intrascendentes que construía al vapor y por encargo. Que también de éstas tuvo y no pocas.

De todas maneras, con una intención saludable y directa, los directores aligeraron el material con una traducción fiel al espíritu pero allegada a nuestro lenguaje cotidiano, así como en la puesta se recogen ciertas sugerencias del montaje barroco pero está sin embargo muy alejado de una reconstrucción. Es un camino y es válido, aunque a veces no deje de ser grato cierto rigor de época que alguna vez vimos, aunque no en comedia sino en tragedia, a manos del maestro Solé.

Tal vez la diferencia está en la intención, que en aquel trabajo estaba más cercana a la reconstrucción de escenografía (que aquí no existe), movimiento y vestuario, así como en estilo interpretativo. Un poco un trabajo de arqueología teatral, mientras que aquí la obra se monta "sin otra ambición que la de obtener de ustedes una amable sonrisa", como bien aclara el programa de mano. Si este acercamiento es más libre y menos académico, no traiciona sin embargo la intención básica de Molière, sino que la secunda, y en ese sentido el trabajo es efectivo y agradable, con una ironía burlona que nace en la misma acción del bastonero cuya marcación de las tres primeras llamadas (se trata del actor Rubén Cristiany) es todo un juego de manejadas intenciones que rápidamente logra involucrar al público.

La labor del elenco es solvente y el juego de máscaras faciales que manejan los actores concuerda y forma unidad con el sistema de movimientos y el uso de tonos de toda la propuesta. Casi podríamos hablar de una puesta pedagógica ligera que puede refrescar la sonrisa y acercarnos a Molière.

Un interesante trabajo y una sorprendente cantidad de espectadores tratándose de una obra del siglo xvii. Ojalá el éxito continúe para el elenco de Las mujeres sabias.

Escena de Las mujeres sabias, de Molière, dirección José Caballero y Lorena Maza. Anfiteatro Simón Bolívar (Justo Sierra 16, Centro, 522-4097), sábado y domingo (17:00 horas).